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En el mensaje pronunciado ayer con motivo de fin de año, el presidente de la Unión Industrial Paraguaya (UIP), Gustavo Volpe, formuló un descarnado análisis sobre la patética situación que atraviesa actualmente el proceso de integración regional. Partiendo de la situación generada días atrás con el afrentoso bloqueo que un grupúsculo de inescrupulosos sindicalistas argentinos impuso al comercio
exterior paraguayo, concluyó más que justificadamente que ha llegado la hora de “definir, de una vez por todas, si el Mercosur es un proyecto serio o una ficción cruel”.   

El representante de la industria nacional destacó la extrema gravedad de los
hechos registrados con Argentina, señalando que no solamente impugnan la
remanida retórica integradora esgrimida constantemente por nuestros
presidentes, sino que ameritan un “detenido análisis” sobre las “ventajas y
desventajas de continuar en un acuerdo regional que nos condena a la
humillación perpetua para reclamar derechos que nos corresponden”.  

La firme protesta de la UIP no podía ser ni más oportuna ni más contundente, y exige del Gobierno un abordaje serio y profundo de la cuestión, porque efectivamente no tiene ningún sentido que mañana el presidente Fernando Lugo acuda a Foz de Yguazú a sentarse en una mesa redonda a departir amablemente con sus colegas del bloque y a posar sonrientes para la foto oficial del encuentro, mientras que estos o no dan solución a los reiterados, urgentes y justificados reclamos que planteamos los paraguayos, o directamente están involucrados en impulsar acciones que atentan contra nuestra soberanía y entorpecen nuestro desarrollo.   



 



Por eso
es atinado el llamado de la UIP
en el sentido de que, en momentos en que nuestro país se prepara para asumir la
presidencia pro témpore del Mercosur, resulte “imperativo que nuestra
diplomacia replantee, desde sus fundamentos, la razón de ser y las modalidades
del proceso de integración”. Lo dijo, además, con todas las letras, cuando
sostuvo que el progresivo deterioro del bloque “amenaza la yugular de la
economía paraguaya”.   



 



Es
preciso señalarlo con claridad: desde su fundación hasta esta parte, el
Mercosur solo ha significado reiterada frustración para el Paraguay. Nada de lo
bueno que se auguraba aquel 26 de marzo de 1991, cuando se suscribió aquí el
Tratado de Asunción, ha sido llevado a la práctica. Tal es así que hoy, a casi
veinte años de aquel acontecimiento, los países miembros y sus dirigentes
–fundamentalmente aquellos de las economías mayores– continúan sin poder
garantizar el ejercicio del primer artículo del acuerdo, que establece
precisamente la “libre circulación de bienes, servicios y factores
productivos”.   



 



Resulta
entonces criterioso el planteo de la
UIP de acudir a “instancias e incluso tribunales
internacionales de mayor alcance”, cuando el Mercosur “no es capaz de dar un
corte definitivo” a los problemas que se generan.   



 



Es
sumamente decepcionante que nuestros presidentes, en vez de acelerar la
integración de las economías, en vez de privilegiar el propio “mercado común”
que se pretendía crear, priorizaron la creación de inservibles instancias
burocráticas y órganos políticos –repletos de zoqueteros que viven a expensas
del sufrido aporte de los contribuyentes– que nada tienen que ver con las
reales necesidades de la gente. Tan penosa es la situación y tan desviado el
propósito fundacional, que se brega porfiadamente por asegurar la expansión del
bloque –insistiendo en la necesidad de incorporar a Venezuela al mismo, por
ejemplo– antes de que el propio proceso integrador no esté ni por las tapas
algo consolidado.   



 



También
lo recordó el titular de la UIP
en su discurso de ayer: “Parece irónico y de contramano que, en estos mismos
días, se esté presionando y hasta seduciendo con prebendas al Parlamento
paraguayo para aceptar la incorporación de Venezuela al bloque regional,
propuesta a la cual la
Unión Industrial Paraguaya reitera su más absoluta
oposición”.   



 



La
responsabilidad del Paraguay al asumir la presidencia pro témpore es, pues,
histórica. Urge no solo un relanzamiento del bloque, como se había propuesto en
el año 2000 en un intento por maquillar las graves falencias subyacentes en
todo el proceso, sino una verdadera REFUNDACION del Mercosur; la instauración
de un nuevo paradigma que responda de manera efectiva a las necesidades de
crecimiento económico y desarrollo social de sus estados miembros.   



 



De lo
contrario, ya no tendrá ningún sentido seguir insistiendo en la utilización de
una herramienta –al fin de cuentas, solo eso es un proceso de integración– que
no ha cumplido con sus objetivos fundacionales, que no ha llenado las
expectativas de los actores principales de las economías del bloque y que,
finalmente, no tiene ninguna real vinculación con las aspiraciones de progreso
de los ciudadanos que lo conforman. Parafraseando al presidente de la UIP, ha llegado la gran hora
de las DEFINICIONES. Paraguay debe replantearse seriamente si continúa
participando en un organismo que solo le genera afrentas y perjuicios o si, de
forma libre y soberana, se inserta en un mundo cada vez más competitivo para
bregar por su propio crecimiento y desarrollo.



 



http://www.abc.com.py/nota/la-uip-desnuda-las-lacras-del-mercosur/

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