• Carlos J. Ardissone

Creí que el presidente Lugo asumiría en serio su papel de administrador del Estado paraguayo y enfrentaría al Gobierno argentino con la serena energía de quien tiene el derecho de su parte. Pero el Sr. Lugo no pudo mantener sus arrestos iniciales: concurrió a la cumbre del Mercosur con su típica sonrisa tonta y se pasó asintiendo con la cabeza todas las sandeces que en estas reuniones se dicen. Hasta consintió con gestos el atrevimiento de la presidenta porteña que espera que el Paraguay acepte el ingreso del aspirante a dictador venezolano al malhadado Mercosur.

La Argentina una vez más contravino en estos días normas de derecho internacional en perjuicio del Paraguay. Contravención más perjuicio, con dolo, premeditación, mala fe, contumacia y todos los agravantes posibles que se conocen en el derecho privado aunque no se apliquen en el público.

 

Una vez más la Argentina usa sus privilegios geográficos para perjudicar al Paraguay, al país que no es su competidor ni es su enemigo. La historia es una guía capital para las relaciones de los Estados, pero la Argentina porfiadamente ignora la historia en sus relaciones internacionales y cosecha fracasos. Y echa sobre su nombre el adjetivo ignominioso de mal agradecida. Porque los países, como las personas, también tienen una reputación internacional.

 

No es nuestro país una potencia que precise ocultamientos de su política internacional. Para nuestras dimensiones geográficas, económicas y políticas, nada nos favorecerá más que la claridad y previsibilidad de nuestras actitudes.

 

Esta era la oportunidad de que el Paraguay, como lo dijo el veterano Dr. Ramírez Boettner, pidiese la urgente reunión de los cancilleres de la OEA para denunciar la violación jurídica argentina y reclamar el cese inmediato del agravio con una condena a dicha actitud. Nuestro presidente pusilánime no lo dispuso. Optó por la diplomacia informal, que no deja precedentes útiles para el que tiene derecho, y que suele ser el recurso de los ineptos que no saben actuar en ámbitos formales. Con su desgraciada actuación, Lugo hizo que el Paraguay renunciara tácitamente a los recursos que le otorga el ordenamiento jurídico internacional.

 

Ahora persiste la cuestión de los daños sufridos por el Paraguay. Es preciso llevar a la Argentina al estrado correspondiente más conveniente (pues es posible que haya más que uno) y reclamarle la indemnización a la que tenemos derecho.

 

La oportunidad mal manejada por el presidente Lugo pronto será cosa pasada, un atropello más de la Argentina oficial tradicionalmente divorciada de su pueblo amable. Pero la Cancillería paraguaya debe elaborar urgentemente una política para lidiar con nuestros vecinos grandes, Brasil y Argentina.

 

Después de la Guerra Grande, en el Paraguay hemos estado demasiado ocupados tratando de sobrevivir después de la guerra. Después inauguramos una larga era de inestabilidad política muchas veces propiciada por los vencedores. Y cuando logramos gozar de diez años de paz interna, hubimos de prepararnos para otra guerra, que ganamos demostrando que capacidad tenemos cuando los capaces y patriotas gobiernan el país. Pero volvimos a caer en la maldición de la violencia interna y del partidismo fanático y antipatriota. Del caos pasamos a la dictadura y luego, desde 1989, nos hallamos sumidos en la confusión, la ignorancia, la corrupción insuperable, herencia del tirano que anestesió al pueblo con su lema "el precio de la paz".

 

Lo más hábil que concibieron y ejecutaron los gobiernos sucesivos de Stroessner (que tuvo dos cancilleres ilustrados) fue la política pendular entre Argentina y Brasil. Esa política pudo haber dado resultados puntuales, pero careció de confiabilidad ante los ojos extranjeros; era una política caprichosa y humoral que dependía del dictador. No se nos llegó a respetar.

 

Es hora de que el Paraguay adopte sereno una actitud digna inspirándose en la doctrina Gondra: "Ya que no podemos hacer que el justo sea siempre fuerte, busquemos que el fuerte sea siempre justo". Si no podemos mandar una flota ni un ejército para destrabar los obstáculos que nos pone la Argentina en el Paraná y en sus rutas, llevémosla a los tribunales donde los grandes no son tan grandes ni los chicos son tan chicos.

 

 

 

 

 

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Anónimo

Ni patotero, ni pusilánime
Por Dany Fleitas

Ya desde mucho antes de la colonia, los virreinatos del Río de la Plata buscaron siempre controlar y anexar a sus dominios las ricas tierras del Paraguay. Con el paso de los años, para las habitantes de la margen derecha del río Paraguay, en el corazón de América, las cosas se agravaron, a tal punto que el dictador José Gaspar Rodríguez de Francia ordenó literalmente el cierre total de las fronteras y el autoabastecimiento.

De esa forma, decidió defender los intereses de la nación ante los atropellos y abusos de los gobernadores del Río de la Plata, quienes siempre buscaron imponer restricciones al comercio, la libre navegación de las aguas hasta la desembocadura del Atlántico y pretendieron acogotarnos con altos impuestos a las importaciones y exportaciones.

Cansado de esas históricas arbitrariedades, Rodríguez de Francia adoptó una postura para dignificar al pueblo paraguayo y paralelamente dar un mensaje firme e incuestionable de que el Paraguay era soberano y decidiría por sí su propio derrotero sin la sujeción a ningún eje de la región. De la misma manera, un poco más tarde, don Carlos Antonio López y su hijo Francisco gobernaron casi en la misma línea, colocando al Paraguay entre los países de mayor desarrollo relativo en la región. Tan prestigiosa era la autonomía paraguaya, que Argentina, Brasil y Uruguay, cobardemente, sellaron en un Tratado Secreto la guerra al Paraguay, matando a casi todos sus habitantes.

El doctor Francia, Carlos Antonio López y Francisco Solano López pudieron haberse equivocado en muchos aspectos de la política exterior paraguaya, pero al menos la historia los recuerda como hombres de postura firme e inclaudicable.

Por increíble que parezca, los gobiernos anteriores al de Fernando Lugo han tenido posturas más dignas con respecto a los tradicionales reclamos del Paraguay hacia sus socios y vecinos. Las importaciones y exportaciones paraguayas siempre han sufrido las consecuencias de las políticas dominadoras de Argentina y Brasil en todas las modalidades del transporte: hídrico, terrestre y aéreo. Los problemas relacionados con la navegación de los ríos hasta el Atlántico adquiere mayor preponderancia, por ser la vía de excelencia (por los costos de flete) de ingreso y salida de productos para el consumo interno de los paraguayos.

No es la primera vez que los argentinos perjudican al Paraguay con acciones como las registradas la última vez. Hasta en el gobierno más “pererî” que tuvo la República en la transición, el de Luis Ángel González Macchi (1999-2003), el Ejecutivo había hecho reclamos firmes a sus pares ante las trabas de ese tipo. Otros, como Juan Carlos Wasmosy y Nicanor Duarte Frutos pusieron su granito de arena en su momento, pero este gobierno, inexplicablemente, agacha la cabeza y no disimula para nada su obsecuencia, perjudicando de esta manera a millones de compatriotas.

Según el jefe del Gabinete Civil, Miguel A. López Perito, el presidente Fernando Lugo no puede actuar como un “patotero” en una cumbre de jefes de Estado como la del Mercosur, como algunos desearían. Se trata de una excusa barata que no se compadece con la realidad que vivimos. El silencio del mandatario en el cónclave no tiene justificativo que valga, pues no solo que no incluyó un solo párrafo en su discurso, sino que no dijo una sola palabra sobre el punto.

Lo más triste es que mientras él utiliza estos encuentros para hacer looby, pasearse y repartir sonrisas a diestra y siniestra entre sus amigos Chávez, Evo, “Lula” y Kirchner, los empresarios locales pierden nada más y nada menos que US$ 250 millones para estas fiestas de fin de año. ¡Y resulta que para el Gobierno no pasó de ser un pequeño impasse! Una burla a la razón.

Argentina y Brasil nunca apoyaron realmente el desarrollo del Paraguay. Al contrario, sus aires imperiales siempre bloquearon toda iniciativa local de crecer. Esta línea no va a cambiar y se reproduce, como desde la colonia, cada tanto. Por esta razón es que hace falta un gobernante con postura, realmente patriota y que defienda los verdaderos intereses de la nación. A este gobierno solo le importa el “cuoteo” de la CSJ, el TSJE, la Contraloría y la Fiscalía, quizá en busca de controlarlos para cuando alguna vez se le ocurra forzar la Constitución para quien sabe qué proyecto personal.

Lugo no solo se merece críticas, sino un repudio generalizado, pues su pusilanimidad no tiene nombre.

Fecha: 22/12/2010 10:14.


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