• Andrés Granje.

Agentes del Departamento Técnico Aduanero de Vigilancia Especial (Detave), permanentemente decomisan cargamentos de combustibles ingresados de contrabando en el país, las vías de ingreso son las riberas del río Paraguay, extensas y descuidadas por cierto, la ultima información da cuenta que  los agentes llegaron a orillas del río Paraguay cuando unas personas se encontraban en pleno trabajo de "ordeño" de una barcaza anclada, lamentablemente como en ocasiones anteriores no pudieron detener a los responsables de la carga, siempre los que caen son los peones changarines contratados, nunca los financistas o dueños de las cargas.

Este comercio ilegal se da siempre con la Argentina y el Brasil, cuando el combustible en nuestro país es mas caro, lo que implica buena ganancia para los empresarios de frontera, mas cuando son transportados en barcazas que llegan al país cumpliendo otros menesteres, son portadores de contenedores o metales y entonces los capitanes y tripulantes de a bordo se ingenian para conseguir un dinero adicional con la carga extra, que no son notificadas a las empresas navieras, en otros casos son los mismos excedentes de combustibles que utilizan las naves para sus motores los comercializados en forma ilegal, en tanto que las embarcaciones que se dedican únicamente al contrabando son mas precarias y las operaciones son mas arriesgadas aun.

 

Lo malo y peligroso de todo esto, es aparte de la figura delictiva de contrabando, que debe ser perseguido y castigado, por la competencia desleal que significa para los importadores autorizados, la peligrosidad del manipule precario de un material altamente inflamable, felizmente hasta ahora no se tuvo siniestros de magnitud, un incendio de proporciones como inclusive vimos en los noticieros, sucedió en otro país como consecuencia del manejo irresponsable del ordeñe de combustible, ese mismo desenlace puede llegar a suceder en el Paraguay, si no se termina esta forma irresponsable que beneficia a unos cuantos avivados que lucran con el comercio ilegal.

 

Sabemos que la tentación es grande por el buen margen de ganancia que deja, por eso mismo, la Aduana y la Policía deben extremar recursos tendientes a terminar con este negocio cíclico,  que arrecia apenas el margen de precios favorables permite traer combustible de forma irregular. Los intervinientes aducen que los contrabandistas están tan bien organizados, tienen sistemas de campanas que avisan al momento cuando una comitiva policial se acerca al lugar de operaciones, pero igual creemos que los agentes debieran extremar recursos y hallar métodos que puedan no solamente dar con la carga, sino descubrir a los responsables para terminar con el negocio.

 

No se puede esperar que primero suceda una gran desgracia con muertes y perdidas materiales importantes, para comenzar a actuar con el vigor que el caso amerita. Nuestras autoridades deben ser proactivas y no reactivas para terminar con este flagelo.

 

 

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