Una atrasada estadística de la Dirección General de Estadísticas, Encuestas y Censos (DGEEC), tras la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), informa que en el 2009 la pobreza disminuyó en un 2,8%, con lo cual los pobres en el Paraguay, a finales de ese año, llegaban a 2.191.000. En tanto, en la indigencia sobreviven 1.175.000 paraguayos.

Lo más alarmante de los datos proveídos ahora con un año de atraso es el crecimiento de la pobreza en los sectores rurales. En el 2008 la pobreza atenazaba la vida del 48,8% de la gente del campo. Ese porcentaje creció en el 2009 a 49,8%. Es decir, de acuerdo con las cifras divulgadas, uno de cada dos paraguayos es pobre en las zonas rurales.

Si nos atenemos a las estructuras y a la infraestructura rurales, la pobreza allá es más dura que en las zonas urbanas, por lo que la ayuda estatal se hace mucho más imperiosa.

No podemos regocijarnos de la disminución de la pobreza en términos generales mientras en las áreas rurales crece (o simplemente no disminuye). La pobreza rural significa migración hacia los suburbios de las ciudades. La gente que migra es la menos preparada con el fin de encarar una actividad productiva para sí y para la sociedad. 

Se crea, entonces, una trama compleja que enturbia la vida social, pues se acrecientan las desigualdades, los resentimientos y la inseguridad.

La pobreza es casi un signo característico en la historia del Paraguay, pero hoy, casi incursionando ya en la segunda década del siglo 21, comienzan a aflorar signos de esperanza en cuanto a la posibilidad cierta de combatirla y de vencerla, en definitiva. 

El primer camino es el crecimiento económico, tal como el que se logró en el 2010, un récord histórico excepcional que habla a las claras de las potencialidades del país para crear riqueza. A partir de ese factor, tanto el Estado como el sector privado deben pactar para afrontar el futuro. Los propios empresarios debieran estar interesados en esta cruzada: los pobres no consumen. Hay que crear condiciones para que el crecimiento-país se convierta en crecimiento individual y familiar. 

Algunos descreídos dicen que este crecimiento del 14,5% del Paraguay fue coyuntural, por circunstancias especiales. Pero a estos hay que contestarles que cuando la coyuntura golpea las puertas de un país, este debe estar preparado para aprovecharla. Esto ocurrió con el Paraguay. Estuvo preparado para aprovechar la coyuntura. 

Eso mismo puede ocurrir en el campo de la lucha contra la pobreza: con la herramienta del crecimiento económico general, hay que trabajar ahora (con obras y justicia fiscal) en pos de que no haya paraguayo que no pueda satisfacer sus necesidades mínimas.



Hasta no hace mucho subsistía la idea de que luchar contra la pobreza era una utopía. Que no había forma de derrotarla y que tal pobreza era un signo indeleble que acompañaría por siempre al Paraguay. Sin embargo, hoy día existe una nueva mentalidad y una nueva visión: no se la considera ya invencible. El crecimiento económico, tal como hemos tenido en el 2010, constituye una herramienta para dicha acción. Pero hay que utilizarla con inteligencia y patriotismo.

 

http://www.ultimahora.com/notas/390677-Combatir-con-eficacia-la--pobreza-es-el-objetivo--que-debe-primar-en-el-Gobierno

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