Por Susana Oviedo

Hace unos años un grupo de periodistas del Diario Última Hora, agobiados por tantas noticias negativas y el derrotismo que se alimentaba, en gran medida a través de los titulares de prensa, nos planteamos salir a buscar las noticias positivas, dignificantes, esperanzadoras.

Era eso, o sentirnos cómplices de que cada vez más compatriotas decidieran marcharse del país resignados "porque aquí ya no había nada que hacer".

Decidimos mostrar las acciones de muchos "constructores de la sociedad", aquellos que desafían los atávicos males del Paraguay y avanzan, pese a las inagotables y mediocrizantes rencillas políticas.

Y a pesar de los agoreros y de los estigmas que carga el país y sobre los que muchos, equivocadamente, asumen que son signos inherentes al ser paraguayo.

Estamos hablando de la corrupción, del culto a la ilegalidad, la fragilidad política, los políticos deshonestos, inmorales e indolentes, y como producto de todo esto, la pobreza económica y ética y la falta de referentes potables.

 

En nuestro afán, con mucha satisfacción encontramos cientos de historias de personas que se ganan la vida honestamente. Varios empresarios que se esfuerzan, invierten, crean fuentes de trabajo y actúan con responsabilidad social. Respetan las leyes laborales y no se enriquecen a costa de la explotación de sus empleados.

 

También descubrimos a hombres y mujeres que trabajan, estudian y dedican su escaso tiempo libre a alguna actividad social.

 

Adultos y jóvenes que se destacan por su conducta, su amor al semejante, al país y se esfuerzan por ser mejores en cada una de sus acciones. Que contribuyen para que a otros también les vaya mejor en la vida y que no cierran los ojos para evitar ver la miseria que les rodea y a los llamados excluidos. Habitantes del mismo territorio, pero de otro Paraguay.

 

Hallamos comunidades, barrios, vecindarios que se organizan y afrontan con solidaridad diversas necesidades. Inventores, creativos, excelentes padres y madres; brillantes estudiantes, grandes deportistas, sufridas mujeres jefas de hogar, esmerados educadores y connotados alumnos.

 

Pequeños productores campesinos, trabajando hombro a hombro con agroexportadores; y voluntarios sirviendo el almuerzo a miles de niños en los comedores sociales que los salvan del hambre.

 

Por lo general no ocupan amplios espacios en los medios. De hecho, no se los conocería, si no hubiera algunos periodistas y medios empeñados en buscarlos y enseñarles al resto de la sociedad.

 

Son habitantes de un Paraguay que se afana por ir adelante, mientras la mayoría de sus políticos se ahogan en sus ambiciones personales y grupales y se aíslan en sus burbujas. Políticos y dirigentes de otros ámbitos que siguen sin estar a la altura de los ciudadanos. Salvo contadísimas excepciones.

 

Pero, sobre todo, políticos que inician y concluyen cada año divididos, incapaces de concertar y de prestar atención a las necesidades de la gente, tras doce meses de conflictos, acusaciones, contraacusaciones, traiciones y pactos oscuros.

 

Dirigentes que gastan el tiempo en esas mezquindades, antes que en trabajar por crear mejores condiciones políticas, legislativas, económicas y sociales para los ciudadanos.

 

A pesar de ellos, late y crece ese otro Paraguay, el de las buenas noticias y acciones esperanzadoras.

 

http://www.ultimahora.com/notas/390680-El-Paraguayque-crece,-a-pesar-de...

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