• POR JUAN DIAZ BORDENAVE

Hubo un tiempo en el Paraguay en el que las personas eran honestas y no lo sabían.

La honestidad era parte de la cultura. Las personas se contentaban con lo que ganaban. La palabra valia tanto o más que un documento. Al ser honestos sus miembros, asociaciones y empresas también lo eran. Los funcionários públicos ganaban sueldos modestos pero jamás le robaban al Estado. Se sentían orgullosos de servir a su país.

Tuve la suerte de pasar mi infancia rodeado de gente así. Mi padre, por ejemplo, era médico militar y fue director de la Sanidad Militar durante La guerra del Chaco. Por sus manos pasaban millones de dólares que la Sanidad pagaba a Bayer, Merck, Schering, y otras fuentes de remédios, materiales y equipos que necesitaba el ejército en campaña. Terminada la guerra recibió, de los militares que derribaron al gobierno liberal, la orden de abandonar el país. Como mi padre no tenía dinero para pagar el pasaje para el exílio, recuerdo a mi madre llorando al ver los muebles de la família siendo rematados para costear el viaje.

 

La honestidad de mi padre no era una excepción sino la regla. Desde el Presidente de la República hasta el último funcionário, todos los servidores del Estado pautaban sus vidas en una cultura de princípios y no de intereses individuales. Si se les preguntase en qué princípios basaban su conducta honesta, tal vez no entendiesen la pregunta. Era lo natural.

 

Cuando fue que cambiamos?

 

Yo no sabría apuntar al momento y las circunstancias en que la cultura de la honestidad cedió lugar al pragmatismo moral que hoy nos caracteriza. Unos dicen que el cambio ocurrió cuando llegó al Paraguay la American Way of Life, primero a través de los militares paraguayos que iban a Panamá a recibir entrenamiemto y observaban como vivían sus colegas estadounidenses: bellas casas, dos autos por família, heladeras repletas de cerveza. Y después, cuando penetraron en el país los contenidos consumistas del cine, la radio y las revistas yanquis, complementados por la abertura del Paraguay al turismo y los negócios.

 

Como los salarios no alcanzaban para satisfacer las nuevas necesidades producidas por el consumismo, la clase dominante apeló a la corrupción, inicialmemte tímida y escondida, pero cada dia más audaz y ostensiva. En todo caso, la pacata vida de la burguesía paraguaya, y su tradicional simplicidad de costumbres, fueron sustituidas por el “consumo conspícuo” de Thorstein Weblem (*), el que culminó más tarde en el “nuevoriquisimo” facilitado por el boom de Itaipu.

 

A partir de esta liberación general de su antigua sobriedad, el Paraguay se convirtió en el país de los autos Mercedes Bemz y las camionetas 4 x 4 y alcanzó la dudosa gloria de ocupar el segundo lugar mundial en corrupción, sólo perdiendo el primero, según las malas lemguas, mediante el soborno del ocupante, el Camerun. El “todo vale” imperante en la vida social tuvo su contrapartida en la política nacional, que pasó a regirse por la idea de que “es dando que se recibe” ( expresión paradójicamente parte de la oración de San Francisco (**)). Esta idea que hoy llamamos “prebemdarismo” .

 

La realpolitik

 

Idealmente, los gobiernos deberían regir su comportamiento – como lo hacemos las personas – por princípios y normas éticas y no por intereses sectários y por la ambición de poder y domínio. Sin embargo, existe uma noción gemeralizada de que los gobiernos pueden tomar medidas que al nivel personal serían consideradas inmorales. Esto es lo que se llama “realpolitik”, o sea, política realista, política de resultados y no de principios.

 

Un caso de realpolitik practicado en el Brasil fue el llamado “memsalão”, por el cual el gobierno pagaba uma mensalidad a los lideres de bancada de partidos opositores para que votasen en favor de los proyectos oficialistas en el Parlamemto. En el Paraguay, un craso ejemplo de realpolitik es la ley que permite al Congreso aprobar la creación de nuevas universidades, sin el dictamen técnico de los organismos especializados. También constituye flagrante realpolitik el reciente autoaumemto de sus sueldos por los parlamemarios de Brasil y Paraguay.

 

Al nível internacional, la realpolitik es frecuente: son ejemplos evidentes de su práctica el cierre por Chile del acceso boliviano al mar, el tratado leonino de Itaipu y la construcción de casas para colonos israelies en tierras palestinas. La obra maestra de realpolik del gobierno norteamericano fue la imposición de dictaduras militares en nuestro continente.

 

(*) Thorstein Veblem, sociólogo norteamericano de origen noruego, estudió los modos usados históricamemte para tornar “conspícuo” (visible) el status social. Según Veblem, de la “destrucción conspícua” en los pueblos primitivos, se pasó al “consumo y ócio conspícuos”, para llegar, más reciemtememte, a la “producción conspícua”.

 

(**) La oración de San Francisco dice en su final: “Señor, haced que yo procure más consolar que ser consolado, comprender que ser compremdido, perdonar que ser perdonado. amar que ser amado. Porque es dando que se recibe, es perdonando quese es perdonado y es muriemdo que se vive para la vida eterna”.

 

La impunidad

 

Una terrible consecuemcia de la adopción de la política de resultados como algo bueno y normal en un país, es la generalización de la impunidad. Ella es gravísima, no solamemte porque implica la bancarrota de la justicia, sino porque ejerce uma influencia antieducativanefasta sobre la población. Dos simples ejemplos ilustran este enorme peligro:

 

En el Congreso paraguayo, un poderoso senador confiesa que participó en un importante fraude electoral. Hasta ahi, simple realpolitik. Pero este crimen no recibió sanción alguna. Pregunta: como puede el pueblo exigir sanciones para los jueces que aceptan libertar narcotraficantes? Cómo cobrar de expresidemtes de la nación que explique como adquirieron mansiones y estancias? Cómo acusar a los policiales de coimeros?

 

Tanto en el Brasil como en el Paraguay el uso del cinturón de seguridad en los vehiculos es obligatorio y está sujeto a severas pemalidades. Pero en cuanto en el Brasil hasta mis nietos me exigen que me coloque el cinturón, en el Paraguay a los policiales del tránsito no les interesa en absoluto que la mayoría de los conductores de vehiculos, tanto privados como oficiales, no lo utilicen.

 

El ejemplo de los lideres

 

Una de mis convicciones más profundas es que todo pueblo guarda en su corazón el deseo de ser honesto, de ser justo. Todos queremos ser mejores ciudadanos. Pero queremos que nuestros líderes nos den el ejemplo. Cuando en el Brasil Janio Quadros ganó la presidencia de la República agitando uma escoba, con la cual pretendía barrer la corrupción, millones de brasileños decidieron ser honestos. Cuando John Kemnedy proclamó su “Nueva Frontera” y electrizó a sus compatriotas con la frase: “No piensen en lo que su pais puede hacer por Uds. sino en lo que Uds. pueden hacer por su país”, millones de norteamericanos tomaron iniciativas idealistas. Cuando Fernando Lugo venció el 20 de abril de 2008, centenares de paraguayos, incluyendo miles de colorados, resolvieron apoyar el Cambio.

 

Ahi está la enorme responsabilidad de los líderes: ser modelos para sus pueblos.

 

Crear tradiciones

 

Cómo canalizar el deseo reprimido del pueblo de vivir vidas mejores y ayudar a construir un país más fraterno y feliz? No lo sé, pero conozco uno de los caminos. Se trata de iniciar tradicionais de conducta, basadas en el honor y el compromiso, que llevan a la gente a ser fieles a su conciencia. Dos ejemplos:

 

En el Brasil, la Universidad de Viçosa pertenecia a uma iglesia protestante. El rector percibió que muchos alumnos copiaban en los exámenes y convocó a una reunión donde planteó el problema de la falta de honestidad que copiar implica. Un grupo de alumnos le presentó al rector la Idea de crear un Código de Honor patrocinado por ellos, los estudiantes. De ahí en adelante, y hasta ahora, no se puede copiar en Viçosa, porque los estudiantes no lo permiten.

 

Cuando un profesor da una prueba escrita, reparte las preguntas y se retira de la sala. Un profesor amigo mio me contó

que, en ocasion de una prueba escrita de su materia, se le acercó um grupo de alumnos con el inusitado pedido de que se quedara en la sala durante el examem. Los alumnos fueron francos: “Muchos tenemos promedios muy bajos y su materia es nuestra ultima oportunidad de levantarlos. Necesitamos copiar, profesor. Pero si Ud. se va no podemos”

 

Es de madrugada en Santiago de  Chile y el taxi que me lleva al hotel para en una luz roja, en un lugar desierto. “Por que paró?”, le pregunto al conductor. “No vio que la luz estaba roja?”, me responde. “Pero a estas horas, en este lugar vacío…”, comento. “No, señor. Un paco puede estar escondido por ahi y la multa sería altisima”. Como vivo en el Paraguay, le digo: “Y una propina no arreglaria el asunto?” . “Dios nos libre!”, exclama el chofer. “Pasar la luz roja me saldría una fortuna. Por tratar de sobornar a un paco no salgo más de la cana”.

 

Los “pacos”, es decir, los carabineros de Chile, son los mejores policiales que he conocido. Ganan más o menos lo mismo que los policiales en general, pero son incorruptibles. Mantienen una tradición institucional que los dignifica y distingue.

 

Este es el momento de ser o no ser

 

Para los paraguayos este el momento del To be or not be (ser o no ser). Todo indica que, de aqui a un tiempo, el Paraguay pasará, de país pobre y atrasado, a ser um país industrializado y productivo. Cuando eso ocurra, el país será invadido por inversionistas, técnicos y comerciantes de todos los países. Si no nos preparamos eticamente ahora, el Paraguay se convertirá en um mercado persa, dominado por el capitalismo salvaje.

 

Si en el pasado el pequeño boom de Itaipu sumió a nuestro pais en un craso materialismo, no cuesta imaginar lo que hará de él la riqueza proveniente de nuestras dos hidroeléctricas, de la explotación del Acuifero Guarani, del desarrollo productivo del Chaco, de los avances de nuestra agropecuaria y nuestra industria.

 

Ahora bien, mientras en el boom de Itaipu estábamos gobernados por una dictadura corrupta, ahora tenemos um gobierno que lucha “como gato panza arriba” por mantener uma cierta fidelidad a la ética y la decencia. El mayor obstáculo para lograrlo es la falta de un Proyecto de País en el que, definitiva y radicalmente, resolvamos ser fieles, como nación, a nuestros princípios y tradiciones, por encima de las aparentes y efímeras ventajas de los resultados. “De que les sirve ganar el mundo si pierden su alma?” preguntaba Jesus. “Busquen la Verdad y la Verdad les hará libres”.

 

Este es el momento de construir nuestro Proyecto de País. Y de vivirlo plenamente.

 

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