• CALENDARIO CON FOTOGRAFIAS

El salón principal de la Casa de la Independencia, tal cual se encuentra actualmente y donde se pueden observar los retratos en óleo de algunos de los próceres de nuestra independencia. Está situada en 14 de Mayo y Pdte. Franco.

Con motivo de la celebración del Bicentenario de la Independencia del Paraguay, la empresa CCP de electricidad e iluminación editó un calendario con fotografías panorámicas que tienen que ver con ese contexto, a base de escritos de Gustavo Laterza Rivarola, imágenes de Juan Carlos Meza y diagramación de Celeste Prieto.

El mes de enero trae una foto de la bahía de Asunción, febrero el interior de la iglesia de Yaguarón, marzo la plaza Uruguaya con la Estación del Ferrocarril, abril las Ruinas Jesuíticas de Trinidad, mayo el interior de la Casa de la Independencia, junio la Ruina de Humaitá, julio el atardecer en Villa Florida, agosto el nuevo edificio del Poder Legislativo, setiembre la antigua Estación del Ferrocarril de Pirayú, octubre la vista del Palacio de López desde la bahía, noviembre el Museo Histórico de Isla Umbú y diciembre el Centro Cultural de la República El Cabildo.

 

“No estaba atrasado respecto a Latinoamérica cuando, en 1903, el Gobierno paraguayo otorgó la primera concesión de explotación de una usina eléctrica a ‘Carlos Gatti y Cía.’, a la que siguió la de Juan Carosio, que la cedió a la inglesa ‘Asunción Tranway Light & Power Company’, y esta, a su vez, a la argentina Compañía Americana de Luz y Tracción (CALT), en 1919”, escriben en el calendario los directivos de la empresa.

 

La Compañía Comercial del Paraguay fue fundada el 31 de enero de 1933 y conmemora también 78 años trabajando en el ramo de electricidad e iluminación.

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Benjamín Fernández Bogado

VALORES DE INDEPENDENCIA
VISIÓN SOBRE EL BICENTENARIO


A pocos días del inicio del año de celebración del Bicentenario de la Independencia del país, cabría interpelarnos como paraguayos si aún merecemos ser llamados libres e independientes.

Inquirirnos, en serio, dónde hemos dejado los elementos que construyeron nuestra identidad, a la que le dimos forma y consolidamos a lo largo del tiempo.

Preguntarnos cuándo dejamos de tener una visión colectiva de patria que nos movilizara en torno a ideas que convocaran a los mejores y que estos hicieran aun más superiores a los rezagados.

¿Dónde quedó el Paraguay con un destino que se imponía a sus limitaciones geográficas, a la sed del Chaco, a la devastadora experiencia de la Guerra Grande o a las reiteradas asonadas y guerras civiles?

¿Dónde quedó ese país?

Esta es la pregunta sobre la que debemos construir un proyecto de futuro que entusiasme, que convoque y que proyecte una idea renovada de nación.

No es suficiente seguir diagnosticando lo que está mal y por qué está mal. Es tan permanente este ejercicio que aquellos que debieran resolver los problemas son los primeros en asombrarse de los efectos de la corrupción, la incompetencia o la ignorancia.

De tanto repetirnos en nuestras debilidades y flaquezas hemos olvidado que a pesar de todo eso hemos sobrevivido a calamidades y desprecios inusuales.

Hay que aprovechar la fiesta del Bicentenario para arreglar la casa, sacarle polvo, apuntalar cimientos. Pero por sobre todo cambiar la mentalidad de un país donde se instaló la idea de que todo vale por sobrevivir.

Un país que transformó a las organizaciones no gubernamentales (ONG) en agentes del gobierno, un país donde el Estado da dinero a los filántropos para exponer obras artísticas que debieran estar en museos nacionales, un país que ha perdido la vergüenza y en donde eso no importa nada; "total, todos lo hacen ¿y por qué yo no?"

Un país vaciado de crítica y de propuestas, de mentes alquiladas al mejor postor o refugiadas en pequeños guetos donde alimentados por el "ogro filantrópico" han acabado por vaciar a los partidos y al Estado de sus mejores cerebros. Todo sentido de servicio y de público huele mal y si queremos algo que se parezca al concepto de patria por ahí debemos iniciar la recuperación.

Nuestro Estado está en mal estado. Tanto que ha nombrado embajador en Argentina y en Líbano a dos personas que no resisten el menor escrutinio de conflicto de intereses que sus nombramientos pudieran sugerir.

El resultado final ya lo sabemos o lo presumimos. Como aquel comisario nombrado de cónsul en Buenos Aires para custodiar la vida de un hijo del presidente Duarte que hoy enfrenta serios cargos de corrupción.

Si hacemos las cosas mal, ¿qué podemos esperar como consecuencia? ¿Hace falta acaso probar con quienes estamos seguros nos avergonzarán?

Cuando perdemos el sentido común, gritar la racionalidad se convierte en un acto irracional.

El Ejecutivo y el Legislativo han confirmado nuestras peores sospechas: no les importan la institucionalidad ni la norma que la rige. Si molesta hay que demolerla o cambiar la ley. Así de simple se destruye un país.

La independencia debe ser por lo tanto una profunda transformación interior y una notable capacidad para anteponer la tentación destructora del poder ejercido en su forma más perversa y corruptora.

Por eso, la austeridad y la honestidad de Francia y Ayala son acontecimientos tan distantes que hoy ambos no pasarían de ser unos rematadamente tontos y poco adaptables a una realidad que grita con urgencia la necesidad de reconciliarnos con los únicos valores que hacen y dan sentido a la patria: responsabilidad, honor y respeto.

Lo contrario es solo historia que destruye, corroe y avergüenza.

Fecha: 22/01/2011 07:10.


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