Un nuevo estudio actuarial, difundido la semana pasada, sobre el IPS ha disparado de nuevo la alarma respecto al futuro de la entidad previsional y sus asegurados. Los augurios no son alentadores, pero se está a tiempo de corregir rumbos. Sin embargo, el problema más grave que se cierne sobre el país es la gran cantidad de paraguayos que nunca accederán a una jubilación y que se convertirán en una carga más para el Estado. Esta es la verdadera bomba de tiempo que el Gobierno debe desactivar.

El estudio y la proyección actuariales del régimen de jubilaciones y pensiones del Instituto de Previsión Social (IPS) fue elaborado por la Organización Ibe- roamericana de Seguridad Social (OISS). El documento realiza una serie de consideraciones para concluir que, en el mejor de los casos, la mencionada entidad previsional podría hacer crisis en 30 años o, en el peor de ellos, co- menzará a mostrar resultados negativos en apenas 10 años.

 

La sola posibilidad de que entre en crisis y deba ser socorrida por el Estado una entidad que actualmente tiene 340.000 aportantes y que mantiene en los bancos depósitos por un valor cercano a los 500 millones de dólares, resulta verdaderamente preocupante. A pesar de su gran tamaño, sin embargo, el IPS apenas representa una parte minúscula del problema.

 

Datos oficiales manejados por la Dirección General de Estadística, Encues- tas y Censos (DGEEC), conforme con la última Encuesta Permanente de Ho- gares (EPH) 2009, señalan que el 76% de los trabajadores de nuestro país no cuentan con un seguro para su salud y apenas el 36% de la población asa- lariada que posee hoy una ocupación, está aportando a un sistema para su futura jubilación. Ojo, que el dato solo corresponde a la población asalariada y no menciona a aquellos que trabajan de manera informal, sin contar con una remuneración mensual segura.

 

Aunque no hay datos actualizados precisos, la última información veraz exis- tente señala que el 80% de los trabajadores del país no tienen la más mínima posibilidad de acceder a un beneficio de jubilación. He aquí el verdadero pro- blema que deberá afrontar el Paraguay en un futuro no muy lejano.

 

Muchos dirán que para ello aún falta mucho tiempo, pero el drama está a la vuelta de la esquina. Se trata de millones de compatriotas que en los próximos 30 años deberán afrontar su vejez sin tener un ingreso seguro para su alimen- tación, atención sanitaria, etc., y sin contar ya con las fuerzas suficientes para impulsar algún emprendimiento. A ello se suma la situación de pobreza que afecta a 1 de cada 2 paraguayos, lo cual significa que los familiares de estas per- sonas mayores tampoco tendrán los recursos para socorrerlas.

 

La realidad de nuestro país muestra dos problemas fundamentales en esta materia: por un lado, la gran informalidad en materia laboral; y, por otro, la falta de leyes que permitan a los trabajadores por cuenta propia invertir parte de sus ingresos con la esperanza de un futuro digno.

 

En lo que hace al primer elemento, el hecho de que solo el 36% de la po- blación asalariada aporte a un seguro social demuestra que la informalidad, en cuanto a aquellos que tienen un salario fijo, llega fácilmente al 65% de los trabajadores. En cuanto a los segundos, es necesario que el Estado impulse una reforma previsional para que los cuentapropistas, la población subocu- pada, pueda contar con un sistema de jubilación.

 

Es urgente que las autoridades nacionales del Ejecutivo y el Legislativo se con- cienticen del grave peligro que se cierne sobre el país y tomen las decisiones nece- sarias para corregir rumbos y desactivar esta peligrosa bomba de tiempo.

 

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