EL PARAGUAY COMO UN FIN

Publicado: Lunes, 31 de Enero de 2011 06:45 por jotaefeb en POLÍTICA: tapa lo urgente e importante

En busca de verdaderos estadistas

Cada vez que nos toca hablar de nuestro país lo referenciamos hacia atrás, buscamos en la historia una justificación, intentamos explicar nuestro presente en función de lo que nos pasó en alguna guerra fratricida, donde decimos que se nos robó el orgullo, la autoestima y la convicción. En realidad, estas cosas tienen algo que ver con lo que nos pasó, pero más con la complacencia que tenemos hacia quiénes nos gobiernan y, fundamentalmente, cómo nos gobiernan.

Nuestra tolerancia es directamente proporcional a los beneficios que nos deja alguien desde el poder para sobrevivir con lo poco que nos damos cuando en realidad estamos sentados sobre un gran tesoro. Un país rico con gente pobre. Un país potencialmente desarrollado con una clase dirigente mediocre, a la que le pedimos lo que no puede dar: responsabilidad, compromiso y dignidad. El error está probablemente más en nosotros que en ellos, que solo reflejan lo que somos.

 

Aquello de que cada país tiene el gobierno que merece, no es cierto. El Paraguay tiene el gobierno que se le parece y si no logramos alterar esta definición no podremos reconciliarnos con lo que queremos ser.

 

El país no es un fin, un espacio de realización, un territorio de oportunidades. Es solo una casualidad, un instante o acaso: un baldío donde nos toca vivir. El que intenta domeñar su entorno, debe enfrentarse a la parasitaria burocracia que lo hará sentir miserable castigando a su paso la osadía de pretender hacer una cosa distinta al comportamiento habitual.

 

El pionero será perseguido con saña por ladrones y policías. El que levanta una unidad productiva tendrá miles de inconvenientes porque en el Paraguay bien se dice: "Omba'apova mantei problema" (sólo el que trabaja tiene líos). Mientras no tengamos líderes que le hablen al corazón de este pueblo, no habremos modificado las condiciones de vida de millones de desahuciados que esperan solo un milagro o cavan innumerables pozos creyendo encontrar alguna fortuna al final de él.

 

Es sorprendente cómo a casi 200 años de la Guerra Grande, creemos falsamente que hay "plata entierro" en cualquier parte, producto de una supuesta sociedad rica que escondió sus tesoros para evitar que los invasores se alzaran con ellos. Es pura ilusión, como los mitos en los que hemos depositado nuestra esperanza o justificado nuestro fracaso. El gran mito paraguayo de habernos convencido de que no podemos, de que no sabemos y que siempre seremos así, hay que derrotarlo, y construir entre todos un destino racional para este país lleno de energía desperdiciada, malgastada o ignorada. Hay tesoros sobre la superficie como las hidroeléctricas, el cemento, mármol, titanio y uranio dicen algunos... incluso oro, pero el más grande e importante vive entre nosotros y se ha convertido en un gran problema nacional: la juventud, que derrocha energías en las barras bravas, en las bandas de asaltantes, en los miles de inmigrantes. Este país joven desperdiciado nos duele a todos y con razón. Para ellos, no hay más que mercaderías que ofrecer, pero ningún futuro cierto que acometer.

 

El fin del Paraguay tiene que ser un propósito movilizador, que encuentre a gobernantes y gobernados en una misma dirección. Que nos muestre un sendero que conquistar, que nos digan, estadistas como Obama esta semana, que se liberarán del petróleo a corto plazo y que en 30 años el 80% de los vehículos será movido a energía limpia. Paraguay lo puede hacer en más corto tiempo, pero para eso hacen falta estadistas, un pueblo decidido y un propósito como país. Eso nomás, parece poco... pero ese es el combustible que mueve a las naciones hacia el futuro.

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