• José Antonio Vera

A dos años y medio del renacimiento de una nueva esperanza del pueblo paraguayo de vivir en un país mejor, con algo de decencia institucional, se marchitan las ilusiones de la mayoría de la población que se va sumergiendo peligrosamente en un estado de desánimo, de desconcierto y de incredulidad respecto a las intenciones políticas del Presidente Fernando Lugo.

En abril del 2008, cuando el ex Obispo ganó las elecciones a la cabeza de la heterogénea Alianza Patriótica para el Cambio (APC), el sentimiento más fuerte que se palpaba entre la ciudadanía era el de la necesidad de cambiar las cosas, en respuesta a la paupérrima situación económica y social, y claro reflejo del hastío masivo que provocaron 70 años de mando del Partido Colorado, inoperante y corrupto.

Hoy, las cosas se encaminan al retroceso, con la pérdida de un par de años muy valiosos para reencauzar la nación y, de aquel aburrimiento y desconfianza colectiva, se está ingresando en un estado de la subjetividad social que mezcla impotencia, indiferencia y rechazo a tres cuartas partes de las versiones del oficialismo.

Uno de los riesgos inmediatos para “el Gobierno del Cambio” y, mucho peor aún, para las esperanzas populares de comenzar a vivir en un país con un poco de democracia verdadera, no la meramente electoral, es que el Poder Ejecutivo actual comience a ser despreciado como lo son el Legislativo y el Judicial, ambos con méritos suficientes para acumular oprobio.

Algo de conciencia de esa cosmovisión en caída comienzan a expresar algunos de los miembros más importantes de la presidencia, en especial Lugo, su Secretario General Miguel López Perito, conductor del Gabinete Social, el Jefe de la Secretaría de Comunicación (SICOM) Augusto Dos Santos y el nuevo Ministro de Acción Social, Hugo Richer, quienes intentan emprender respuestas.

Uno de los problemas mayores que es incapaz de superar el equipo de la Presidencia de la República es la incapacidad de sus miembros para deponer el individualismo y comenzar a asumir el desafío de interrelacionarse para actuar en equipo, indispensable en el cumplimiento de los deberes de gobernantes.

La naturaleza fragmentada de la APC es lo que devuelve el espejo cuando el gabinete de Lugo se mira. Liberales que llegaron enfrentados entre sí, que ven al Gobierno como una oportunidad de saltar a la Presidencia en el 2013, moderados cada uno con su libreto, empresarios sin identificación con los intereses populares y progresistas e de izquierda llevando a cuestas su omnipresente división y caciquismo.

Cada ministerio es una parcela desvinculada de las otras y, al interior mismo de cada cartera, operan bolsones partidistas, con apreciable ventaja de los funcionarios de años, que siguen respondiendo a los intereses de la vieja derecha política, colorada y liberal, y con los mismos vicios de corrupción y parasitismo.

El ejemplo más grosero de las contradicciones internas del Gobierno lo ofrece el Vicepresidente Federico Franco, del ala liberal más conservadora, inveterado impulsor de juicios políticos a Lugo y de diversas medidas contrarias al programa de la APC, con el objeto deliberado de comprometerlo, interna e internacionalmente.

Lugo, un advenedizo en la administración, es un solitario político que, con la habilidad para componer con casi todos los sectores que aprendió en más de dos décadas de sacerdocio, viene intentando aplicar algunas medidas de beneficio social, pero ellas no superan el asistencialismo, lejos de lo prometido en su campaña electoral, cuidándose de no afectar los intereses de los detentores del poder económico, ni tocar las caducas estructuras del país.

A ese iluso intento ¿o, quizás deliberada predisposición táctica?, Lugo suma su buena relación con todos los gobiernos democráticos del continente que buscan autonomía respecto a Estados Unidos, con un discurso a favor de la justicia social que habilita a la prensa facilista, nada ingenua, emparentarlo con la Teología de la Liberación.

Sus abrazos con Hugo Chávez y Evo Morales sedujeron a los sectores políticos más esclarecidos, a los cuales, sin embargo, se les pasó por alto el significado político del primer viaje del flamante mandatario al extranjero, a los 15 días de asumir, cuyo destino fue Colombia, presidida por el narcotraficante Alvaro Uribe, el gobernante de la región más cercano al genocida Bush.

El Ministro del Interior, Rafael Filizzola, cabeza del grupúsculo Partido Demócrata Popular, de claro tinte democristiano, acompañó a Lugo a Bogotá y, desde ese momento, la policía paraguaya, incluso su memoria computarizada, fue teatro de la acción, al igual que buena parte del territorio, de agentes estadounidenses y colombianos expertos en el combate del terrorismo y el narcotráfico, en una amarga burla de la historia, porque en esos dos países, esos flagelos tienen muy buena salud.

Ese acuerdo posibilitó una mayor injerencia de Estados Unidos en los asuntos internos del país, al extremo que alentó a la Embajadora Liliana Ayalde a invitar a una cena al Vicepresidente Franco para hablar del posible reemplazo de Lugo, en presencia de dos generales norteamericanos, y dos altos oficiales paraguayos, los que abandonaron el lugar profundamente ofendidos, y denunciaron el caso.

La respuesta, la más contundente que se conoce en muchas décadas de un miembro de un gobierno paraguayo contra los planes geoestratégicos que tiene el Pentágono para desplegar desde el territorio de este país, vino del entonces Ministro de Defensa Nacional Luis Bareiro Spain, provocando un conflicto diplomático en el que de nuevo se puso de manifiesto el carácter antipatriótico de los sectores conservadores.

El pueblo, al igual que durante los 70 años del coloradismo, ignora la mayor parte de la actividad del actual gobierno, y las noticias que recibe provienen de las cocinas de la prensa enemiga de los cambios, que se encarga, con mucha intensidad y eficacia, en destacar todo lo malo que hacen “los hombres y mujeres del cambio”.

La diferencia es que ahora no hay censura por decreto palaciego, sino omisión, que también es censura, y en este caso autocensura, de las pocas cosas buenas que el Gobierno hace en beneficio de las familias más marginadas, y del ejercicio y desarrollo cultural, generalmente a cargo de jóvenes que se esfuerzan por romper los moldes y puestas acomplejadas y enemigas de la evolución social, con muy escaso acompañamiento estatal.

Lugo tampoco está muy enterado de lo que pasa, ni siquiera a nivel de algunos de sus Ministerios, debido a la fragmentación del gabinete, donde cada uno se siente dueño de lo que pertenece a todos y esconde parte en las reuniones semanales, pero fundamentalmente esa desinformación es resultado de la miseria comunicacional que reina a nivel nacional.

Después que el General Alfredo Strossner fue bajado del poder por sus amigos, parientes y correligionarios más próximos, en febrero de 1989, la libertad de prensa comenzó a ser ejercida con creciente importancia en el país, imponiéndose fácilmente, fruto de sus poderosos recursos financieros, los órganos de posturas derechistas, muy vinculados a Estados Unidos, a través de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), a la política de Israel y a todas las expresiones anticastristas y anticomunistas.

Golpeado seriamente el Partido Colorado, un Partido Liberal que en sus 130 años ha vivido 80 en la saga, sin vocación de poder, y el abanico progresista dividido, incapaz de tomar la iniciativa política en estos dos años últimos, quien marca la agenda país es el Diario ABC, propiedad de Aldo Zucolillo, poderoso capitán de un barco empresarial con amplísimas ramificaciones de capital, en el país y en el extranjero.

A él se le suman otros traficantes de la comunicación, pero su influencia decide muchas cosas, como la reciente concesión de asilo político a Mario Cossío, ex Gobernador de Tarija, Bolivia, quien huyó de su país cuando se le comunicó que había entrado en la fase ejecutoria dos de un paquete de 29 denuncias por corrupción, que representan una estafa al fisco por 50 millones de dólares.

Al inicio de la campaña electoral de la APC, fines del 2007 y hasta el 2008, la prensa de la derecha acompañó a Lugo, pero a los seis meses inició una fuerte ofensiva que ha ido en aumento constante, basada en destacar los errores, deficiencias, ineptitudes, y actos de corrupción del Gobierno, pero sin una línea acerca de las cosas bien hechas.

Ninguna respuesta digna de la Secretaría de Comunicación ha conocido el pueblo en todo este tiempo, al que sus responsables han ignorado en su derecho de beneficiarse del servicio social que debe ser la prensa, provocando un malestar general muy comentado en diversos medios de opinión, que no encuentran explicación al silencio del Gobierno frente a tantos ataques.

Esa situación ha generado reacciones públicas del propio Lugo, apareciendo dos respuestas de la SICOM y del Gabinete Civil, en otra muestra más de los celos internos y de la incapacidad del anillo luguista para concebir una política comunicacional.

Red Pública, es el nombre de un semanario que comenzó a editar la SICOM, cuya tapa del número inaugural apareció con un desdichado 14.5, que es el PIB que alcanzó este año el país, en un crecimiento record que beneficia a un grupo de agroexportadores y ganaderos que ni impuestos pagan, y que para nada representa desarrollo social ni una muesca de bienestar para el 60 por ciento de paraguayos en la pobreza.

López Perito, en otra expresión más de la burocracia estatal que, desde siempre, confunde información por propaganda, deformando el concepto de la comunicación como útil del despegue y formación cultural de un país, decidió sacar otro semanario, con el título “Claves del Poder Ejecutivo”, destacando que el Gobierno triplicó sus intervenciones en el área social, porque pasó de asistir a 13 mil familias en extrema pobreza, a 90 mil, omitiendo reconocer que eso no es política social sino paternalismo.

La SICOM, que gerencia Radio Nacional y Radio Encarnación, anuncia para mayo la apertura de un canal de televisión digital, anticipándose el Viceministro Dos Santos a tranquilizar las almas diciendo que ningún órgano de prensa del gobierno hará propaganda para Lugo.

Red Pública, dijo, cuesta unos ocho mil dólares por número, y Claves unos cinco, aclaró el Secretario General de la Presidencia, en ambos empeños por justificar dos emprendimientos que sólo representan incapacidad para dar la batalla comunicacional contra la derecha y alentar un debate nacional de ideas que busque resolver los grandes problemas que aquejan a la sociedad paraguaya.

Para agravar la penuria, la Primera Dama de la Nación, esa ridícula función negadora de principios de dignidad, que rememora arcaicas ridiculeces, más aún en un país cuyo mandatario es soltero, su hermana Mercedes Lugo, una maestra jubilada que ahora pasea en primera y vive en la fastuosidad, también comenzó a editar un panfleto, a cinco mil dólares, para difundir sus actividades benéficas, exponiendo su figura en 130 de las 180 fotos de sociabilidad.

El principal partido político de la oposición paraguaya, que conforma el consorcio empresarial periodístico, puede continuar su siesta tranquila, gratificado con los aplausos de la SIP y el sostén que le prestan sus adversarios en el Gobierno.

(especial para ARGENPRESS.info)

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