Es sorprendente el caso del doctor Héctor Lacognata, ministro de Relaciones Exteriores de nuestro país: se erige en vocero autorizado de las instituciones del Gobierno del Brasil, y anuncia que las notas reversales que estipulan el incremento del pago por la cesión de energía paraguaya al vecino país “por lo menos se tratarían en la Cámara de Diputados hacia finales de febrero o comienzos de marzo”. La realidad de los hechos es que mientras el canciller  anda de anuncio en anuncio, el gobierno de Fernando Lugo va de fracaso en fracaso en materia de reivindicación de soberanía energética.    

Lacognata, que ya había efectuado pronósticos igualmente auspiciosos como incumplidos en otras tres o cuatro oportunidades, advierte que el “rotundo éxito” paraguayo quedará así confirmado cuando la presidenta Dilma Rousseff efectúe una visita oficial a nuestro país el 26 de marzo próximo, de forma tal que no cunda aquí la sensación de que la señora Jefa de Estado del Brasil llegue a Asunción con las manos vacías.    

Así las cosas, con la “media sanción” prevista por el doctor Lacognata, el Paraguay ya debería estar en condiciones de celebrar cuando menos un carnaval para expresar su algarabía por el muy generoso “gesto” de los “hermanos” brasileños. Sin embargo, aun en la hipótesis de que el anuncio ministerial se concrete, no estaríamos más que frente a la materialización de una remanida estrategia de Itamaraty, el largo brazo de la política imperialista del Brasil: entretener a las autoridades paraguayas con mínimas concesiones, a fin de disuadirlas de plantear los reclamos realmente sustantivos.    

Analicemos sumariamente los hechos. La República del Paraguay es propietaria por partes iguales de la represa hidroeléctrica de Itaipú así como de la energía que esta produce; no obstante, hoy recibe solamente 3 dólares por MW/hora, algo más de 100 millones de dólares anuales por entregar aproximadamente 38 millones de MW/hora. Ante el reclamo por tal expoliación, el gobierno del presidente Luiz Inácio Lula de Silva aceptó en diciembre de 2005 realizar un “ajuste” del factor multiplicador de la fórmula que se utiliza para calcular “la compensación por cesión de energía” que recibe el Paraguay de Eletrobrás.    

Luego, el 25 de julio de 2009, los presidentes Lugo y Lula da Silva suscribieron en Asunción una declaración por la cual el brasileño se comprometió a triplicar el factor multiplicador de la fórmula de marras. Sin embargo, pese a los aires triunfalistas con que el Gobierno  presentó aquel hecho, dicho incremento aún no se ha sustanciado puesto que el Congreso del Brasil todavía debe prestar su acuerdo a las notas reversales que formalizaron el caso.    

Acercándoles estas migajas a los sucesivos gobiernos paraguayos –incluido el actual–, Itamaraty obtuvo un resonante logro estratégico para el Brasil, a saber, la renuncia voluntaria de las autoridades de nuestro país a reclamar definitiva JUSTICIA en Itaipú, es decir, la renegociación del inicuo tratado celebrado por dos dictadores en abril de 1973, para obtener el pago de un precio justo por la energía que les cedemos a los brasileños y la libre disponibilidad de la energía, de modo que hagamos con ella, como propietarios legítimos de la misma, lo que le convenga a nuestro país.    

Esta era, precisamente, la hasta ahora incumplida promesa electoral que el presidente Fernando Lugo formuló a los ciudadanos paraguayos durante la campaña que finalmente lo colocó en el sillón de los López. Enarbolando la bandera de la reivindicación de nuestra soberanía energética, el entonces obispo logró generar la simpatía de la población, primero, y el acceso al poder, después.    

No obstante, muy pronto se olvidó de tales promesas y aceptó las migajas brasileñas –como invariablemente lo venían haciendo los corruptos y entreguistas gobiernos colorados de los últimos 60 años– a cambio de su SILENCIO, de no incomodar a Brasilia con reclamos “absurdos”. A pesar del año y medio transcurrido, ni siquiera los “caramelitos” prometidos por Lula le fueron entregados al presidente Lugo.    

Ahora llegamos a presenciar el lamentable espectáculo de tener un canciller que, en vez de protestar con firmeza y exigir dignamente a las autoridades del Brasil que dejen de explotar al Paraguay dándole lo que en estricta justicia le corresponde, hace las veces de portavoz de las instituciones del país vecino. Triste situación a la que el gobierno “del cambio” está pretendiendo acostumbrar a la indefensa ciudadanía del Paraguay.

 

 

http://www.abc.com.py/nota/itaipu-de-anuncio-en-anuncio-y-de-fracaso-en-fracaso/

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