• Lauro J. Bernal

Semanas atrás hemos recibido a un visitante extranjero, el primer ministro de la República de Corea, quien entre otras cosas manifestó que su país tiene interés en realizar inversiones en el área de transporte ferroviario.

Creo que el problema fundamental, en este aspecto "ferroviario", es que ni siquiera existen políticas definidas desde el Gobierno; sobre todo, atendiendo que en toda Sudamérica, los países vecinos explotan el transporte ferroviario de cargas, con gran éxito, pero rodeando el paso por Paraguay, para llevarlas de lado a lado del continente.

¿Por qué la aclaración? Simplemente para no pensar, erróneamente, que una inversión ferroviaria de pasajeros sería un gran éxito, ya que somos muy pocos para justificar o respaldar una inversión de tal magnitud, que no sería recuperable en plazos normales de 30 años.

 

Volviendo a la explotación de ese sistema de cargas en Sudamérica, la misma se viene realizando en diferentes modalidades, y no precisamente soportada solo por el Estado.

 

Las modalidades pasan por el usufructo de las franjas de dominio, el alquiler de ciertos tramos, las famosas Asociaciones Público Privadas (PPP o APP), la explotación por partes (locomotoras, tramos, mantenimiento, permiso de paso, etc.), que han mantenido el sistema ferroviario operativo con grandes réditos para esos países.

 

En Paraguay, desde finales del año 2010, se habla de proyectos de construcción de 2 nuevos puentes, 1 en Hernandarias y otro en Pilar, que además de ser inversiones enormes, nuestro Gobierno pide que sean estructuras bimodales (capacidad autos/trenes).

 

Obviamente ante esto la pregunta que cabe es: ¿Para qué? Ni tan siquiera se han realizado esfuerzos para la proyección de una "Política Ferroviaria Estatal" que pueda marcar el rumbo en este sentido. No existe un documento actualizado, socializado, que permita al pueblo en general, conocer los enormes beneficios de contar con el tren de cargas, que es lo que esperamos.

 

Somos un país mediterráneo, los paros laborales del personal portuario, o aduanero de otros países nos perjudican, no permitiendo movilizar nuestra economía, porque dependemos única y exclusivamente del transporte fluvial y carretero. Ahora el Estado piensa realizar una enorme inversión en una draga, no está mal, pero también deberíamos pensar en una real y oportuna política ferroviaria, que abra espacios opcionales al movimiento de cargas.

 

 

CI. 967.777.

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Anónimo

Que nos den un tren hacia la prosperidad

por Jorge Benítez C.

Nos merecemos un tren de verdad, con las vías bien puestas hacia las estaciones más cercanas al desarrollo y, de ser posible, con la prosperidad como destino final.

Y para ello, en primer lugar ayudaría mucho que las autoridades del sector se pongan de acuerdo, y si van a hacer las cosas, que lo hagan bien y no como está pintando hoy este tema de los proyectos ferrocarrileros que han surgido últimamente.

Justo cuando aparecieron por Asunción unos inversores europeos (austríacos, suizos y alemanes) contactados por la Cooperativa Ferroviaria para firmar el contrato de financiación para un nuevo sistema de tren en el país, un grupo de origen argentino sacó a relucir otro documento por el cual supuestamente Ferrocarriles del Paraguay SA (Fepasa) le otorgó la misma posibilidad.

Los antecedentes indican que toda esta situación se inició entre 2001 y 2002, cuando Fepasa hizo un llamado a empresas, consorcios o cualquier otro grupo inversor interesados en el negocio ferroviario, y entre todas las propuestas planteadas se consideró como la más completa o la más seria a la de la citada cooperativa.

A partir de ahí, la iniciativa pasó por los entreveros de la burocracia y la desidia juntas, hasta que se completaron los dictámenes legales necesarios, entre ellos el de la Procuraduría General de la República, y el 11 de octubre de 2010 se firmó el “contrato de mandato” correspondiente.

En ese convenio, Fepasa otorgó a la Cooperativa Ferroviaria Pdte. Carlos Antonio López, integrada entre otros por numerosos ex antiguos operarios de nuestro histórico ferrocarril, suficiente potestad sobre el tramo Asunción-Encarnación, con la posibilidad de una concesión de por lo menos 20 años si se llegara a concretar el proyecto.

Ahora, dos meses y medio después de aquella firma y tras actualizar un acuerdo financiero anterior que habían suscrito hace unos ocho años, los responsables del grupo inversor y los cooperativistas renovaron ese entendimiento y quedaron listos para completar en febrero los estudios de factibilidad e iniciar el diseño del nuevo tren.

Parece un proceso serio. ¿Qué le falta para una mayor garantía? Que el Gobierno se encargue (porque Fepasa no tiene recursos para ello) de rastrear y confirmar a través del servicio diplomático la situación legal, la capacidad técnica y la solvencia financiera del grupo inversor europeo.

Una buena ocasión para comenzar ese trabajo hubiera sido la ya referida reciente visita al país de algunos ejecutivos y técnicos ligados a esos empresarios, pero ni siquiera el presidente de Fepasa, Eduardo Laterza, estuvo para hablar con ellos, pues se fue de vacaciones.

La duda sobre la real intención del Estado, que es el único accionista de Fepasa, nace del acuerdo que reivindica hoy la empresa Ensepar SRL y que fue firmado en noviembre pasado, casi un mes y medio después que el anterior.

De hecho se trata de un convenio muy limitado, denominado “alianza de cooperación”, con un texto que ni siquiera se refiere a un proyecto ferroviario, sino a un eventual proyecto de transporte de pasajeros entre Ypacaraí y la capital.

Pero, a pesar de ello, dicha firma dice que ya tiene conversaciones con otras autoridades y cree contar con la bendición del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones para traer, ya nomás, los rieles y construir los vagones.

Esta situación habla muy poco de la seriedad de un país, de un Estado, de un Gobierno.

Para más desilusión, Ensepar SRL no ofrece un ferrocarril propiamente dicho, sino vagones tipo “coche motor”, que son una especie de tranvía, pero a combustible diésel y con más capacidad.

Nos hace falta un Carlos A. López, o algún otro administrador de aquella gran época, cuando metro a metro y kilómetro a kilómetro las vías avanzaban como símbolo de una bonanza que añoramos.

Hoy un nuevo tren está al alcance de la mano, pero faltan decisión y honestidad de propósitos en algunas autoridades que lastimosamente parecen llevar los genes de ciertos crustáceos decápodos, en este caso los del tipo “callinectes sapidus”.
30 de Ener

Fecha: 04/02/2011 14:34.


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