• Por Benjamín Fernández Bogado

Cualquier gobierno, moderadamente con sentido de vergüenza, trabaja duro y de manera sostenida para generar empleo y mejorar las condiciones de vida de las personas. Sobre esos logros construye su prestigio y le da razón de éxito a su gestión. Pero vemos que esa teoría simple en nuestro país no se compadece con la realidad. A mitad de su mandato el Gobierno ha iniciado el descenso de manera abrupta y confusa. Los del gremio de la construcción han confirmado en la semana que la falta de cemento significa 60 mil empleos menos que multiplicado por 5 miembros de una familia tipo, estamos hablando de 300 mil personas sin ingresos. La crisis de provisión, gestión, distribución y administración de la INC tiene casi dos meses y al gobierno de Lugo parece no importarle las consecuencias efectivas de todo eso. En el país con la mayor cuenca cementera de América Latina, no tenemos bolsas de cemento a precios reales y disponibles para quienes quieren trabajar, y los irresponsables administradores son sostenidos en el cargo por el jefe del Ejecutivo, quien los defiende.

 

Los de la construcción quieren trabajar, pero no pueden; claman por la importación del producto de donde sea mientras los especuladores, que van desde diputados hasta amantes, han colocado el precio de la bolsa a 120 mil guaraníes. ¿Cuál es el mensaje que envía con esto el Gobierno a los que quieren trabajar? Sencillamente: que solo quien trabaja tiene líos en el Paraguay, y lo que tenemos en abundancia no está disponible para su uso.

 

En el país del per cápita hidroenergético más grande del mundo, no tenemos energía eléctrica disponible, a precio bajo y a niveles de distribución confiables. La incompetencia es tan grande que tuvieron que echar del cargo esta semana al encargado de autorizar la compra de cables para la ANDE porque la licitación estaba cargada de sospechas de corrupción. Dependemos del capricho de los brasileños para la culminación de una obra clave para el desarrollo y la soberanía del país, y nos ufanamos de tener una reserva en dólares superior 8 veces al costo de construir nosotros una línea de transmisión que evitará los 35 mil cortes de luz que hemos tenido ya en este verano. El Ejecutivo castiga a quien desea hacer bien las cosas y sostiene a los responsables que no han resuelto el problema. ¿Cuántos empleos podríamos haber generado con abundancia de energía y en el camino evitar la tala de árboles para hacer carbón o acabar con la dependencia del gas licuado de petróleo que viene de Argentina?

 

¿Cuántos desempleados son generados por la incompetencia del Estado? Alguna vez tendríamos que medir la corrupción no solo por lo que se roba, sino por otra de sus definiciones: echar a perder... sí, los sueños de una generación y las oportunidades de creer en la democracia como sistema político eficaz, que funciona para beneficio de todos y que castiga la incompetencia y la corrupción que nos roba los sueños del futuro.

 

Es preciso que el Gobierno en su cuesta abajo, deje en mejores condiciones el país que recibió en el 2008. Las generaciones futuras juzgarán su acción no solo por lo que hicieron, sino también por lo que dejaron de hacer. Se evaluará la gestión de la Alianza Patriótica para el Cambio sobre estos parámetros: eficacia, transparencia, honestidad, diligencia, innovación y por sobre todo: vergüenza. La calificación vendrá en proporción directa al esfuerzo que el Gobierno ha hecho para que la gente viviera mejor aunque la INC, la ANDE y la lucha contra la corrupción claramente lo aplazan.

 

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