por J. Montero Tirado

Según datos de la UNESCO, en 1950 a nivel mundial teníamos una media de reserva de agua de 16.800 metros cúbicos por persona, en 1999 esa reserva bajó a 7.300, y se calcula que en los próximos 25 años se reducirá a  4.800. Si el proceso mantiene esta tendencia, el desastre para los hijos y los nietos será espantoso, con efectos incalculables y radicalmente dramáticos, porque “el agua condiciona todos los aspectos del desarrollo humano”. ¿Se puede cortar y revertir esta tendencia?   

La causa principal de este gravísimo problema es nuestro comportamiento individual y colectivo.   

Con nuestro modo de actuar en la naturaleza, estamos produciendo cambios –algunos de ellos irreversibles– que modifican el ciclo hidrológico natural. Una de las consecuencias de estos cambios es la escasez cuantitativa de las aguas que corren o corrían por ríos y arroyos, relacionadas con el ritmo de las lluvias y la aparición de sequías, en zonas donde antes llovía con frecuencia.   

 

Nuestro modo de generar economía sigue siendo un modo de expoliar de una u otra manera a la naturaleza: creamos industrias que queman oxígeno, contaminan el aire, consumen grandes cantidades de agua y destruyen la capa de ozono. Desarrollamos agricultura con un altísimo consumo de agua, por ejemplo, producir un kilo de carne lleva consigo el consumo de 44.000 litros de agua y una docena de huevos supone 8.400 litros de agua. (Ver informe de PNUD 2006). Deforestamos impunemente nuestros bosques, provocando cambios climáticos y predisponiendo a la desertización. Tenemos empresas públicas para potabilizar el agua, que por desidia y corrupción derrochan en pérdidas incontroladas de caños rotos casi la mitad del agua potable producida. Lanzamos cada día más y más automóviles a la calle, quemando petróleo y ni siquiera cuidamos el escape de gases que envenenan nuestras mismas calles y viviendas.   

 

A nivel personal, además de los conductores irresponsables y criminales que polucionan, por ejemplo, con dióxido de azufre ahumando nuestras ciudades, desde nuestros hogares e industrias tiramos basura a nuestros arroyos y ríos, que contaminan las aguas y llevan la muerte a la vida subacuática.    

 

Nuestro comportamiento con el agua es tan irresponsable que resulta demasiado escandaloso. Lo peor es que la mayoría de la gente no se comporta así por malicia, sino por ignorancia. El problema no es principalmente ético; es, sobre todo, cultural. Nuestra cultura colectiva sobre el agua no está acorde con las exigencias de la realidad.   

 

¿Cómo cambiar esta peligrosa cultura desorientada?   

 

El camino único es la educación en todas sus modalidades y niveles. No solo la educación escolar y la educación superior, sino también la educación permanente de adultos, la educación no formal y la educación refleja, con especial responsabilidad la de los medios de comunicación social, que ante tan grave y trascendental problema deben contribuir sensibilizando, ayudando a tomar conciencia del mismo e informando constantemente sobre los problemas del agua y sus deseadas soluciones.   

 

Quizás, entonces, cuando se haya creado un cambio de actitudes y un clima favorable e intenso que vaya generando la nueva cultura sobre el agua, los padres y las madres, la familia estará en condiciones de promover desde la educación familiar la cultura que básicamente debemos recibir por ósmosis desde el nacimiento.   

 

El Club de niñas y niños investigadores de PAIDEIA, se suma este año a esta dinámica a favor de una nueva cultura sobre el agua. Centrará sus investigaciones en torno a la problemática del agua, dando continuidad a lo que este año pasado ya inició a final de curso. Uniéndose a organizaciones internacionales de alto prestigio, como Globe International y ENO, desarrollará un programa de investigación sobre la problemática del agua en nuestro país y contribuirá activamente en la sensibilización y concientización sobre los problemas del agua y la necesidad de generar una nueva cultura. Los niños, adolescentes y jóvenes que quieran adherirse a su programa pueden llamar al teléfono (0984) 444 600.

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