“Queremos recobrar ese valor de los gobiernos que conjugaron honestidad y austeridad como ecuación del supremo sacrificio por la patria (…) Un signo de este tiempo nuevo será la austeridad. Pondremos especial énfasis en el control de los bienes públicos evitando la eternización del despilfarro que unos ostentan mientras la gran mayoría, el gran país, sufre diversas carencias”. ¡Quién lo hubiera dicho! Las propias palabras pronunciadas solemnemente por el presidente Fernando Lugo el 15 de agosto de 2008, en ocasión de su asunción del mando, contradicen y condenan su actual actuación pública en ejercicio del poder.   

La “austeridad” prometida se esfumó cuando el presidente Fernando Lugo comenzó a incorporar a sus familiares y amigos en distintos cargos públicos. No solamente con el reciente nombramiento de su sobrino Daniel Maidana Lugo en la Entidad Binacional Yacyretá –donde ya había colocado a otro presunto pariente, Guillermo Paciello–, sino también con las pasadas designaciones de sus otros dos sobrinos, Guillermo y Fernando, en Itaipú y Yacyretá, respectivamente.   

 

Cuando comenzaron a arreciar las primeras críticas, el Mandatario pretendió justificar su proceder con una humorada, diciendo que sus familiares tienen derecho a trabajar como cualquier ciudadano. Es cierto, en parte le asistió la razón, tienen ese derecho, pero no a costillas del erario, de los contribuyentes, ni en virtud del poder que él tiene en su carácter de máximo administrador del Estado paraguayo.   

 

Por lo demás, poco caso hizo el Presidente a los cuestionamientos, y siguió actuando con desembozado nepotismo, colocando en puestos clave a sus amigos (Marcial Congo y Walter Rojas, por ejemplo, o Pablino Cáceres, a quien ubicó generosamente en Yacyretá luego de echarlo de la Secretaría de Acción Social), así como a los amigos de sus amigos.   

 

Por otra parte, la ciudadanía tampoco percibe ningún atisbo de “austeridad” en la determinación del Ejecutivo de asignar al ministro de Relaciones Exteriores, Héctor Lacognata, un impresionante salario de 59 millones de guaraníes en calidad de consejero de la Itaipú Binacional. Argumenta el señor canciller que ello no infringe la ley. Es cierto, pero sí la ética y su palabra, puesto que al momento de ser nombrado como miembro del Consejo había advertido que no se acogería al salario de la mencionada entidad.   

 

Tampoco prevaleció la austeridad en la muy cuestionada decisión de la ministra de Salud Pública, Esperanza Martínez, de autoasignarse una “gratificación” de 31 millones de guaraníes en concepto de “buen desempeño”, calificación que ella misma se atribuyó.   

 

Nadie puede dar fe de que el actual gobierno esté “evitando la eternización del despilfarro” cuando este tipo de conductas continúan repitiéndose de manera incesante. Y no se trata solamente de la vulneración de leyes concretas, como la número 2777/05, “Que prohíbe el nepotismo en la función pública”; no, no es eso lo más grave del asunto. Lo más desagradable es la desilusión que implica para la gente el saberse estafada en las esperanzas que había cifrado en un gobierno que prometía y no se cansa de proclamar que es la encarnación purísima del “cambio”; en un Presidente que el día mismo de su toma de posesión anunció de forma solemne ante seis millones de paraguayos que “un signo de este tiempo nuevo será la austeridad”.   

 

Desencanto, decepción, frustración. Estos son algunos de los adjetivos que mejor expresan el estado de ánimo de las paraguayas y los paraguayos al llegar a cumplirse la mitad del mandato constitucional de un gobierno que había prometido grandes transformaciones. Lejos está Fernando Lugo de aquel 15 de agosto. Infinitamente distante de aquel “paisaje social” que le inspiró un día al sacerdocio “en los albores de una Iglesia nueva que se comprometía a calzar esas sandalias que caminan con las tribulaciones y alegrías de la gente”, como nos relató el día de su asunción al mando.   

 

El presidente Lugo debe comprender que es difícil para la gente seguir manteniendo su confianza en alguien cuyo testimonio personal no tiene conexión directa con los principios que tan vehementemente había proclamado al comienzo de un tiempo que todos, como él nos prometió, creíamos verdaderamente “nuevo”, pero como recién está en la mitad de su mandato, todavía tiene tiempo y muchas oportunidades para reivindicarse. Por el bien del país.

http://www.abc.com.py/nota/lugo-contradice-su-promesa-de-gobernar-con-austeridad/

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