por J. Montero Tirado

El futuro se construye con educación. Si en el presente no construimos el futuro, no tendremos futuro. Parece tautología, pero es lógica concluyente.   

Se construye con educación permanente porque el futuro es dinámico y en cada paso nos desafía con sus nuevas sorpresas y exigencias, sorpresas y exigencias que demandan nuevos conocimientos y nuevas competencias. Ya no basta recibir educación una vez para toda la vida.   

Pero la educación permanente de cada ciudadano será viable, mucho más barata y eficaz si la Educación Inicial, la Educación Escolar Básica y la Educación Media llegan a todos y tienen calidad.   

Solo la educación constantemente actualizada pone los cimientos y las bases fundamentales para garantizar el futuro. Me ha impresionado la convicción de Barack Obama, presidente de Estados Unidos, en su reciente discurso sobre el estado de la nación, quien recogiendo las palabras de Robert Kennedy, cuando dijo que “el futuro no es un regalo, es un logro”, afirma que para “competir por los empleos y las industrias de nuestros tiempos, necesitamos innovar más, educar mejor y construir más que el resto del mundo”.   

 

Para innovar y construir más, ciertamente hay que educar mejor.   

 

Estamos muy lejos de poder aceptar la educación que ofrecemos a nuestros niños, adolescentes y jóvenes, porque no tiene los mínimos necesarios de calidad. Arrastramos deficiencias que nos han dejado graves problemas. Para citar algunos problemas podemos aludir a la alta deserción de adolescentes que abandonan la educación formal antes y durante la Educación Media, alto porcentaje (alrededor del 80%) de ciudadanos que no tienen bachillerato, pésimo estado de la educación superior e incluso de las universidades.   

 

“Pongámonos a pensar. En los próximos diez años casi la mitad de todos los nuevos empleos requerirán educación superior, no solo estudios secundarios” (B. Obama).   

 

¿Qué futuro tiene nuestro país, qué futuro tienen nuestros ciudadanos, incluidos niños, adolescentes y jóvenes, si la mayoría ni siquiera alcanzan el bachillerato y han cursado una Educación Escolar Básica mediocre?   

 

¿Cuál será nuestra capacidad de sobrevivir sin pobreza, de competir y de colaborar con el desarrollo de otros países si nuestras instituciones de educación superior, es decir, las instituciones que forman a nuestros profesionales, responsables de todos los desarrollos, regalan títulos profesionales simplemente a cambio de cuotas?   

 

Es preocupante que quienes tienen poder de decisión en el Estado y los políticos que tienen responsabilidad en los procesos políticos, sigan de espaldas a los problemas fundamentales de la nación. Es lamentable que quienes aspiran a los espacios de poder luchen por las elecciones sin presentar programas de gobierno para levantar al país.   

 

Para salir de nuestro estado de subdesarrollo, para construir un futuro digno y promisorio para todos los paraguayos hay que iniciar la revolución educativa. Esa revolución debe iniciarse con nuevas políticas de formación docente inicial y de los que están en ejercicio; nuestros gobernantes del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo tienen que destinar a educación como mínimo el siete por ciento del producto interno bruto e ir aumentándolo progresivamente hasta el diez por ciento en los próximos años y mantenerlo así al menos durante dos décadas. Al ritmo de inversión que damos a educación, ni siquiera tenemos recursos para arreglar las muchas y profundas deficiencias que arrastramos, es decir, en vez de avanzar nos quedamos estancados cuando la aceleración de los cambios está agrandando la brecha entre nuestro país y los demás de la región y no digamos del Primer Mundo.   

 

La historia va a juzgar muy duramente a los gobiernos del país, que desde hace muchas décadas han menospreciado el poder transformador y enriquecedor de la educación. Ya no hay excusas para mantener a la educación en estado de absoluta precariedad. En todo el mundo hay conciencia definitiva sobre la trascendencia de la educación para la eliminación de la pobreza, la emancipación de tantas dependencias y el crecimiento de los pueblos. ¿De qué servirá la celebración del Bicentenario si nos quedamos en la esclavitud de las ignorancias?  

Comentarios  Ir a formulario



Pa'i Oliva

¿NOS DOMINA EL FATALISMO?

Cada día escucho hablar con más frecuencia de la importancia del año 2013. Cada día se habla más, pero no se hace "demasiado". Porque, en realidad, se hace poco o nada.

No se cambian las leyes electorales, porque las que tenemos son como un reglamento de fútbol que favorece sólo al contrincante. No se debaten ninguno de los grandes temas para formar un Proyecto de Paraguay Nuevo. No se eligen ni se preparan hombres y mujeres que nos dirijan. Nadie se manifiesta por nada.. Y mucho me temo que solamente cuando falte un mes, venga la desesperación tardía que será inútil y dolorosa.

En la dictadura teníamos un fatalismo conformista. Provocado indiscriminadamente por la presión del miedo. Entonces, vivíamos en perenne estado de excepción y se renovaba porque, de verdad o de mentira, todos los años se descubría un complot. Se cambiaba la fecha sobre el "estado de excepción" del decreto y se publicaba el mismo de siempre.

Actualmente, sin embargo, tenemos un fatalismo de alienación. Somos libres (a dos millones de pobres se les impiden muchos aspectos de libertad). Podemos hablar, reunirnos, organizarnos. Y todo públicamente. Pero, al estar alienados, ni conocemos la realidad en todas sus fuerzas, ni nos entran ganas de cambiarla. Y nuestros pequeños sueños son fantasías de dormidos. ¿Por qué todo esto?

¿Nos está dominando, otra vez, el fatalismo?

www.paioliva.blogspot.com

Fecha: 14/02/2011 10:10.


Añadir un comentario



No será mostrado.