A tanto llega la desconfianza en la Justicia que han disminuido significativamente las denuncias en la Fiscalía por coima. Como la mayoría de los casos denunciados han quedado en la nada, sin castigo para los funcionarios corruptos, casi nadie recurre ya a los representantes de la sociedad para exigir un castigo a los sinvergüenzas. Es el triunfo de aquellos que a lo largo y ancho del país se valen de su posición en la Administración Pública para obtener ingresos extras. Mientras no opere una conciencia ciudadana en contra de los coimeros, cualquier esfuerzo aislado se asfixiará en el territorio de la impunidad.

Los funcionarios públicos corruptos que piden o aceptan coimas parecen tener todo a su favor. Si alguna vez se asustaron de las cámaras ocultas que los ponían en evidencia, esta es la hora en que han vuelto a operar casi con total tranquilidad, sin el temor de que en un allanamiento fiscal se vean obligados a arrojar por la ventana los sucios billetes recibidos.

Dado que las denuncias de particulares que se armaron de coraje para denunciar a los funcionarios públicos corruptos -incluso a fiscales que piden coimas- han disminuido notoriamente, los que operan en la ilegalidad para incrementar sus ingresos tienen luz verde para seguir sacando dinero a los que caen bajo la ferocidad de sus afiladas uñas.

 

Esa situación es fruto de los escasos resultados favorables obtenidos por los que se dejaron de lado las recomendaciones de la prudencia y se arriesgaron a desnudar a los que les pedían plata a cambio de favorecerles en alguna situación específica. En ocasiones, ocurrió que los denunciados no solamente quedaron libres de culpa y pena, sino que pasaron al contraataque acusando a los denunciantes. De ese modo, las víctimas pasaron a la categoría de victimarios.

 

En el juicio, para nada importaron las evidencias aportadas por los investigadores ni el testimonio de los que tuvieron conocimiento directo de lo sucedido. La fuerza del dinero o la influencia de los involucrados tuvieron más peso que las pruebas arrimadas al juez interviniente.

 

El caso más emblemático donde se observa de qué modo los poderosos mueven los hilos de la Justicia para no ser castigados es el que tuvo como protagonistas al ex fiscal Juan Claudio Gaona y al ex canciller Rubén Melgarejo Lanzoni.

 

La moraleja de las denuncias que no concluyen en sanciones, es que no vale la pena pretender colaborar con la Justicia para que exista un país más honesto. Esa cobardía social deriva en la continuidad de un modelo que convirtió la coima en elemento cotidiano de la cultura nacional.

 

El Ministerio Público pretende atribuciones amplias como las que favorecen el trabajo de la Fiscalía Antinarcóticos. Por esa vía, sin embargo, se llegará a las mismas decepciones actuales. Solo cuando haya suficiente conciencia ciudadana de que no hay que dar coimas a funcionarios que cobran para hacer su trabajo, el vicio social practicado de a dos se encaminará a su desaparición.

http://www.ultimahora.com/notas/403561-La-coima-no-sera-extirpada-mientras-exista-complicidadciudadana-con-los-corruptos

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