Por Gustavo Ortiz G.

Las rutas nacionales y avenidas o calles internas de los diferentes municipios del país siguen estando colmadas de funcionarios que principalmente buscan recibir sobornos antes que hacer un buen trabajo. Excepto en la Policía Caminera dirigida por Petta, no se nota que existan esfuerzos para erradicar ese mal en otras instituciones.

Un trabajador informó que iba como acompañante en un camión que circulaba por la ruta 2 y que en las cercanías de la subestación eléctrica ubicada en Ypacaraí, empleados de Dinatrán solicitaron al chofer todos sus documentos, luego verificaron el vehículo, pero como no encontraron faltas cometidas al reglamento de tránsito y, por ende, no merecía sanción pecuniaria alguna, le reclamaron que no llevaba "sábana mortuoria".

Por lo tanto, el controlador de la entidad pública explicó al chofer que tenía que pagar una multa y le preguntó cuánto dinero tenía, para "arreglar" el problema y pueda seguir su viaje. El pobre trabajador, para liberarse del acoso, tuvo que dejar en manos del funcionario tal vez lo que era su ganancia del día.

Y ayer fui testigo, en horario de máxima circulación de vehículos (07.40 horas), de que dos solitarios agentes de tránsito de la Municipalidad de Asunción retenían varios ómnibus en Eusebio Ayala casi Boggiani, con la evidente intención de encontrar alguna mínima infracción y cobrar una multa o coima, pues no les importaba que detrás de ellos había una inmensa cola de transportes que quedaban atascados.

¿Si quieren realizar revisión de rutina, por qué no lo hacen cuando no sea hora pico? Lo que deben efectuar cuando más tránsito hay, es dirigirlo para que haya fluidez, ¿no es así señores de la Municipalidad?

Lo señalado precedentemente son dos ejemplos de irresponsabilidad y desvergüenza. 

Muchos de esos empleados, ya sean de Dinatrán como de las comunas, o de la Policía o de cualquier otra entidad que tiene como misión poner orden donde sea necesario, solo quieren sobornos, no saben hacer otra cosa, como enseñar qué pasos se deben cumplir para solucionar mínimas faltas, etcétera. Es entendible que sean así porque varios de ellos se mentalizaron solo para hacer dinero fácil (forrarse, como dicen en la jerga popular), y porque para llegar a esas funciones únicamente tuvieron que hacer hurras a sus líderes políticos. No solo deben saber gritar ¡hip hip, hurraaaa!, sino profesionalizarse, estandarizarse para hacer el bien.

También hay acusaciones contra policías, por ejemplo la realizada por tevé contra miembros de la Comisaría 19ª (Asunción), de hostigar a un poblador para sacarle dinero y un teléfono. Así es como hacen los "aprietes", que aprenden de los que ellos deben arrestar. Es cierto que existen excepciones, pero deberían ser la regla. Es para lograr eso que tienen que luchar las autoridades de las diferentes organizaciones estatales. Algún día será.

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Carlos Soloaga

SEMÁFORO ROJO

Quiero formular una denuncia sobre lo peligroso que resulta transitar, especialmente de noche, por Calle Última a la altura del Cementerio del Este. Allí, en el semáforo, se instalan un numeroso grupo de limpiaparabrisas o borrachos o drogados, más posiblemente esto último.

Ellos actúan como los demás “colegas” de otras esquinas de Asunción. Es decir, apenas prende el semáforo rojo y te atropellan derramando agua con jabón por tu coche. La diferencia radica en que de la manera como están, ni su nombre saben y son potencialmente peligrosos.

Los motociclistas pasan de lo peor, porque como no tienen su parabrisa, directamente se les pechea y pobre del que no da la monedita.

En la esquina del Cementerio del Este de asocian jóvenes –varones y mujeres– y también niños y niñas. Para colmo, el lugar es súper oscuro, allí nadie existe, nadie vive, más que los limpiavidrios, quienes de repente te sorprenden al salir de la oscuridad.

Algunos que saben del caso, arriesgan una colisión con otro vehículo y no se quedan, aún cuando el semáforo da rojo, porque da miedo ser sometido a la vacunada de esta gente, no por la monedita, sino porque la pinta asegura que están drogados, totalmente drogados, aunque duela decirlo.

No creo que la Policía no tenga conocimiento de lo que allí sucede, más bien es una desidia, una irresponsabilidad o un ñembotavy de la gran siete. Del otro lado están los taxistas, pero ellos no tienen por qué cuidar de la seguridad de otros, es la Policía la que debe hacer ese trabajo. Algunos cuentan que las pocas veces en que la patrullera aparece por ahí, desaparecen los limpiavidrios, pero apenas los uniformados van, vuelven los muchachos.

Los que usan ese trayecto, que son numerosísimos y entre los que me encuentro yo, se quejan permanentemente del peligro de quedarse en el semáforo de esa dirección, y es curioso que esto siga así sin que las autoridades –fiscales inclusive– se preocupen por el caso. Y si por ahí no lo sabían, pues que esta denuncia les sirva para tomar conocimiento y actuar de forma inmediata porque circular por esa avenida y quedar en el semáforo dan miedo, mucho miedo.

Fecha: 18/02/2011 12:03.


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