por Jorge Benítez C.

Lo que pasa con el antiguo ferrocarril, o con lo que queda de él después de casi 155 años de historia, es para ponerle mal a cualquiera y más aún cuando uno se va enterando de las diversas historias de deterioro en torno a la Estación Central y a las otras ex terminales ferroviarias ubicadas a lo largo de unos 300 kilómetros, de Asunción a Encarnación.   

Estaba anteayer tan absorto en el tema tras escuchar a cuidadores de las abandonadas estaciones de Luque, Sapucái y Villarrica, que cometí un error. Justamente al querer escribir la palabra “absorto” puse “exhorto” en el tercer párrafo de la columna de opinión aparecida en la página 24 de la edición de ayer, por lo que al iniciar este nuevo comentario pido disculpas a los lectores por el desliz y agradezco a los que llamaron para señalar la equivocación.   

Por lo menos 30 de los 55 funcionarios ferroviarios dependientes de Fepasa estaban el jueves a la mañana en la antesala de las oficinas principales de la Dirección del Trabajo, esperando el resultado de una reunión tripartita de sus representantes y directivos de la empresa, con la mediación de autoridades ministeriales.   

 

La cuestión laboral se relaciona con la propuesta de despido e indemnización total que les hizo Fepasa, ya que el ferrocarril ya no da más, se ha quedado sin ingresos.   

 

Pero lo que quiero rescatar son los datos y las anécdotas aportados en una conversación informal mantenida en dicha antesala con algunos de esos  trabajadores como Hermes Vera, Herminio Ferreira, Héctor Giménez, Carlos Antonio López y Lidio Martínez, de Sapucái,  y Francisco Mareco y uno de apellido Caballero, de Luque, así como  Herminio González, de Villarrica, el más famoso de los ferroviarios que quedan.   

 

González es conocido por el público por haber aparecido en un corto publicitario de una de las empresas de telefonía celular de nuestro país, que mostraba a un grupo de jóvenes en un viaje imaginario en una “zorra” a pedal por las viejas vías del otrora Ferrocarril Central Presidente  Carlos Antonio López (FCPCAL).   

 

Hoy, es el único empleado que tiene Fepasa en la capital del Guairá, cuya estación, para hacer quizá honor a la ley del revés que de antaño supuestamente impera entre los “gua’i”, aparte de no tener ya ninguna locomotora a la vista, tampoco cuenta ya ni  tan siquiera con un metro de vías.   

 

“Queda el edificio, que es muy hermoso, porque yo lo cuido mucho: limpio todo el tiempo y hasta lo pinto de vez en cuando”, contó González en guaraní, y relató cómo años atrás, con un pequeño camión que tenía a su cargo, rescató de estaciones cercanas piezas valiosas, que hoy servirían perfectamente para habilitar un museo en esa ex terminal.   

 

A su turno, Vera y Ferreira comentaron que a los talleres de Sapucái llegan muchos turistas y lamentaron la falta de iniciativas para organizar mejor las cosas, quizá cobrar alguna entrada simbólica y generar ingresos para la preservación, e incluso para establecer un polo turístico en esa localidad del departamento de Paraguarí.   

 

Ahora tienen a favor la nueva ruta asfaltada Paraguarí-Villarrica que pasa a metros de los talleres, con lo que creen que hay más facilidades aún para la llegada de los visitantes.   

 

Ellos hacen lo que pueden: de vez en vez ponen en marcha una de las locomotoras que tienen ahí, principalmente cuando van muchos estudiantes, y hasta hacen funcionar las antiguas máquinas a vapor del interior de los galpones, pero para eso los turistas deben comprarles leña, pues no tienen presupuesto para ello.   

 

Lo grave, comentaron, es que apenas les quedan unos 600 metros de vías, pues el robo es casi constante. Ahora que todos van a ser despedidos, no saben qué es lo que puede llegar a pasar con esa valiosísima reliquia ferroviaria.   

 

Es como para estar absortos en el tema, porque de estas historias de abandono y al mismo tiempo de entrega están llenos el antiguo ferrocarril de los López y sus estaciones.

 

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