• por Benjamín Fernández Bogado

La asonada popular que terminó con los gobiernos de Túnez y Egipto amenazando con llevarse a otros sátrapas del autoritario mundo árabe, se ha querido reducirlo en su análisis formal a un triunfo de internet y no a la búsqueda natural del ser humano: la libertad. La misma que muchos gobiernos procuran desde el poder evitar que se convierta en el factor que genere respuestas al desempleo, la inseguridad y la incertidumbre factores agravados ,no nuevos, de estos tiempos de cambios. No es casualidad que la “democracia” venezolana sea tan criminal y secuestradora de sus habitantes que hoy ese país tenga los números más altos de violencia en el mundo. No es porque vivimos tiempos de cambios heredados de gobiernos incompetentes solamente, sino porque los nuevos gobernantes no han sabido promover en libertad y democracia el debate que permita buscar salidas negociadas que no signifiquen concesiones ni a la “burguesía” ni “a los traidores de la patria” sino finalmente la posibilidad de que el sector popular-la víctima propiciatoria de esta violencia- tenga empleo y viva mejor.

 

Los tiempos de los precios altos del petróleo no significaran de nuevo mejores posibilidades para los millones de latinoamericanos cuyos estados tienen en abundancia un producto energético clave para el desarrollo. Por el contrario, veremos como esa riqueza terminará dilapidada en gestos y actitudes falsamente heroicas y de cuestionable valor solidario haciendo que su población no solo siga siendo pobre si no que continúe matándose en sus calles.

 

Estos mismos escenarios ,en países de instituciones frágiles o inexistentes, han tenido que saldarse con manifestaciones callejeras que terminaron con decenas de muertos y con bombardeos como el de Gadafi contra su pueblo en plena ciudad de Trípoli. Lo que no logran entender los gobernantes autoritarios, aquellos para quienes el diálogo democrático no es posible y la libertad es solo una conquista “burguesa” , es que si no logran establecer una conversación en el marco de instituciones pluralistas, no quedará otro espacio que la lucha callejera o las manifestaciones en las plazas públicas que solo podrán se aplacadas a fuego y palos.

 

La lección de los países árabes de quienes tenemos una herencia mayor que la que reconocemos en público, es valorar la democracia como proceso de construcción colectiva que permita alcanzar mejores niveles de vida y entender al mismo tiempo que la libertad es una condición natural del ser humano que no la saca ni la otorga ningún gobierno de ocasión.

 

Hay que fortalecer el sistema democrático y eso significa practicar la tolerancia, el respeto y la promoción de valores de quienes ocasionalmente no pueden coincidir con nuestras ideas. Para lo otro solo queda asomarnos a la ventana del mundo árabe.

(Artículo publicado en el diario “El comercio” de Quito-Ecuador el miércoles 23 de febrero de 2011)

Comentarios  Ir a formulario



Anónimo

Paraguay expresa preocupación por deterioro de la situación en Libia
-
El gobierno de Paraguay manifestó su preocupación este martes por el deterioro de la situación en Libia, y exhortó al gobierno de Trípoli a respetar el derecho a la manifestación pacífica de los habitantes.

El gobierno de Fernando Lugo instó a poner fin a la violencia y dijo "alentar al gobierno libio" a que realice todos los esfuerzos necesarios para que esta crisis política sea resuelta por medio del diálogo.

Pidió "salvaguardar los intereses del pueblo libio", según un breve comunicado difundido por el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Fecha: 23/02/2011 09:30.


Anónimo

22.02.2011
Gaddafi amenaza con más violencia y quiere “morir como un mártir”

El líder libio Muammar al Gaddafi descartó hoy dejar el gobierno de su país pese a los disturbios y las protestas de los últimos días, y anunció que morirá "como un mártir" en el cargo.

"No soy un presidente que pueda dimitir. Moriré como mártir, como mi abuelo", dijo el líder de Libia en un discurso televisado desde delante de un edificio bombardeado en 1986 por Estados Unidos, un ataque en el que murieron 36 civiles, entre ellos una hija adoptiva de Gaddafi.

"Muammar al Gaddafi no es un presidente, es el líder de la revolución", agregó.

Gaddafi también pidió a sus compatriotas que salgan mañana miércoles a manifestarse en favor del régimen. "Salgan todos a las calles", pidió. "La revolución significa el sacrificio continuo hasta el final", arengó a la población.

"Traidores ensucian la imagen de su país delante de todo el mundo", dijo Gaddafi. El líder libio acusó a un pequeño grupo de jóvenes de atacar "como las ratas" las comisarias policiales. Esa gente está "enferma", añadió.

"Medios de comunicación retrógrados y traidores”

"Medios de comunicación retrógrados y traidores intentan tergiversar (lo ocurrido)", apuntó desde el balcón en que pudo vérsele vestido con un túnica marrón.

Gaddafi prometió también una serie de reformas al país, aunque no dio muchos detalles. Las administraciones locales serán ampliadas, dijo. "Mañana crearemos una nueva 'yamahiria'", apuntó. "Yamahiria" es un término creado por él mismo y que significa "gobierno por el pueblo".

El líder libio terminó su discurso con las palabras "revolución, revolución". Después abandonó el lugar en un vehículo escoltado por seguidores que corrían al lado del automóvil, algunos de los cuales iban armados y con uniforme.

Libia está siendo sacudida por fuertes disturbios en las últimas semanas. Distintas fuentes estiman que más de 200 personas o incluso hasta 500 han muerto en los últimos días en el país norteafricano.

El Reino Unido posiciona buque de guerra ante costas de Libra

Mientras tanto, el Reino Unido ordenó que uno de sus buques de guerra se trasladara de la zona este del Mar Mediterráneo en la que se encontraba y se dirigiera a las aguas internacionales próximas a las costas de Libia, informó hoy el ministro de Exteriores británico William Hague.

La fragata HMS Cumberland fue redirigida hacia las zonas próximas a Libia, aseguró Hague, por si "es necesaria para jugar un papel en la ayuda a los ciudadanos británicos".

Hague advirtió que su gobierno "no sólo habla", y que la conducción de Trípoli debe saber que tendrá que asumir la responsabilidad de los actuales hechos.

EE. UU. exige postura común de comunidad internacional

El gobierno de Estados Unidos instó a la comunidad internacional a tomar una postura común frente a la violencia con la que se reprimen las protestas en Libia y pronunciarse en su contra con una sola voz, según palabras del portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney.

El objetivo debe ser condenar la violencia por la que han muerto más de 560 personas, según cifras de la oposición. Otras 1.400 se encuentran desaparecidas. La ciudad de Bengasi fue uno de los principales escenarios de la represión policial.

dpa
Editor: Pablo Kummetz

Fecha: 23/02/2011 09:58.


Anónimo

22.02.2011
Venezuela no es Libia


Aún si Muamar el Gadafi hubiera volado a Caracas, Venezuela no se habría contagiado con el germen que causó las revueltas en Libia; la escuálida economía nacional da a los venezolanos argumentos propios para protestar.

El 3 de febrero, días antes de que estallara la crisis política en Libia, la Unidad de Inteligencia Económica de la revista The Economist sopesaba en su página web, ViewWire, la posibilidad de que las protestas populares de Túnez y Egipto pudieran ser imitadas en países de otras regiones gobernados por longevos regímenes autoritarios. A primera vista, decía el artículo en cuestión, sólo un Gobierno en América Latina parecía correr el riesgo de terminar como el del presidente egipcio, Hosni Mubarak, acechado por manifestantes que exigían su dimisión: el del venezolano, Hugo Chávez; el mandatario latinoamericano con más años –doce– en el poder.

Un rumor verosímil


El ministro de Exteriores británico, William Hague, dijo tener “ciertas informaciones” según las cuales el líder libio había volado a Caracas.
Titulado Venezuela no es Egipto (todavía), el texto explicaba que “el peligro de contagio” era muy bajo porque las circunstancias políticas de Venezuela y los países del Magreb eran muy diferentes. Según The Economist, entre Chávez y sus opositores media la discordia, pero pocos tildan de fraudulentos los comicios y referendos ganados por el presidente; aunque la popularidad de Chávez va en descenso, aún cuenta con apoyo masivo; y, pese a la creciente polarización política de la población, las tasas de abstención electoral son muy altas. Ni un fallido golpe de Estado, ni una larga huelga general, ni las numerosas protestas multitudinarias del pasado lo han obligado a poner pies en polvorosa.

Sin embargo, fue precisamente Venezuela el país latinoamericano que atrajo la atención de quienes siguen los sucesos del norte de África cuando el ministro de Exteriores británico, William Hague, dijo tener “ciertas informaciones” según las cuales el líder libio, Muamar el Gadafi, había tomado las de Villadiego este lunes (21.2.2011) con destino a Caracas. El propio Gadafi se encargó de desmentir la especie con una breve aparición televisiva, pero su cercanía diplomática, económica e ideológica con Chávez le dio a los rumores un viso de verosimilitud durante las horas en que su paradero era desconocido.

¿Recibiría Venezuela a Gadafi?


Bodemer: “Chávez lo pensaría tres veces antes de darle asilo a Gadafi porque ese gesto no tendría una buena resonancia en América Latina".
Los hombres fuertes de Caracas y Trípoli se han visitado mutuamente en repetidas ocasiones –Chávez ha volado a Libia cinco veces– para firmar acuerdos e intercambiar elogios. La prensa venezolana lleva la cuenta: entre 2005 y 2010 los convenios suscritos aumentaron de diecisiete a más de 150, según el diario El Universal. En 2006, poco después de que Libia reestableciera relaciones con Washington –rotas durante tres décadas–, el presidente venezolano se encontró con Gadafi y declaró en nombre de ambos: “Estamos en contra del imperialismo y en contra de Estados Unidos”.

En 2009, durante la celebración de su cuadragésimo aniversario en el poder, Gadafi secundó a su homólogo venezolano diciendo que Venezuela y Libia compartían “el mismo destino, la misma batalla contra un mismo enemigo”… A juzgar por los acontecimientos más recientes, cabe preguntar si el enemigo aludido por Gadafi no es Washington, sino el pueblo libio, contra el que ha ordenado abrir fuego, y si el destino del mandatario magrebí realmente excluye un exilio dorado en las costas del Caribe.

“Chávez lo pensaría tres veces…”


Venezuela, Túnez y Egipto tienen en común la inflación galopante y la escasez de alimentos que atizaron los tumultos en el Magreb.
“Decir que Gadafi voló a Venezuela es una declaración muy atrevida”, responde Klaus Bodemer, ex director del Instituto de Estudios Latinoamericanos del GIGA, en Hamburgo. “Puede que haya afinidades entre los Gobiernos de Caracas y Trípoli, sobre todo considerando que tanto Venezuela como Libia asumen una posición bastante rígida en el seno de la Organización de Países Exportadores de Petróleo; pero, aparte de eso, no percibo mayores puntos de coincidencia que conviertan al país suramericano en el destino ideal para Gadafi”, agrega el investigador.

“No estoy diciendo que Chávez le negaría el asilo a Gadafi si éste se lo pidiera, pero estoy seguro de que Chávez lo pensaría tres veces antes de hacerlo porque ese gesto no tendría una buena resonancia en América Latina. El movimiento prodemocrático del mundo árabe es visto con buenos ojos en gran parte del continente americano”, aclara Bodemer, señalando que, aunque las crisis de Túnez, Egipto y Libia no son asuntos que acaparen la primera plana de los diarios latinoamericanos todos los días, la manera en que los sucesos son descritos por la prensa y los comentarios de los lectores al respecto sugieren que las protestas populares son percibidas positivamente.

Ningún riesgo de contagio


Apuntando al aumento en el precio del petróleo, impulsado por la incertidumbre que despierta la crisis del Magreb en los mercados internacionales, Bodemer prevé que el Gobierno de Chávez recuperará su capacidad para financiar los proyectos sociales que satisfacen las necesidades básicas de su electorado, integrado en buena parte por ciudadanos de bajos ingresos. A juicio de los analistas de The Economist, ese es uno de los pocos factores que anulan la posibilidad de levantamientos en Venezuela como los que se han visto en el mundo árabe. Pero otros problemas no se dejan resolver tan fácilmente por entradas circunstanciales de petrodólares.

A Venezuela le espera un año de estancamiento económico con un crecimiento ínfimo del 0,4 por ciento, sostiene la publicación británica. “Esto refleja la falta de disposición de sus autoridades para enfrentar las causas estructurales de los desbalances económicos que están afectando el crecimiento del país al sabotear su sistema productivo, reducir la confianza de los consumidores y empresarios, erosionar los ingresos reales y fomentar la fuga de capitales”, escriben sus redactores, añadiendo que lo que galopante, la escasez y el alza en los precios de los alimentos que atizaron los tumultos en África.

Venezuela y el germen de sus propias revueltas


En otras palabras, aún si Gadafi hubiera aterrizado en Venezuela y los venezolanos hubieran comenzado a protestar masivamente al día siguiente, los motivos de la revuelta habrían de ser rastreados, no en la pérdida de carisma de Chávez entre sus partidarios por su apoyo al dictador libio, ni en el éxito ejemplarizante de la desobediencia civil tunecina, sino en las fallas del programa económico y la administración central del Gobierno venezolano. “La polarización de la sociedad venezolana, sumada a problemas como los altos índices de pobreza y de inseguridad en las calles, puede servir de combustible para la explosión del descontento social a mediano plazo”, acota Bodemer, no sin antes insistir en que, así como Venezuela no es Libia, Chávez no es Gadafi… aunque a veces se le parezca.

Autor: Evan Romero-Castillo
Editor: Pablo Kummetz



Fecha: 23/02/2011 10:00.


Anónimo

LA PRENSA OPINA

Fecha: 23/02/2011 10:05.


Anónimo

Gadafi está acabado, asustado, acojonado
Posted: 22 Feb 2011 03:53 AM PST
La cutrez escénica de este vídeo lo dice todo. Gadafi está acabado, asustado, acojonado, como buen cobarde dictador que es. Quizá el paraguas es para protegerse de tanta crítica del cínico Occidente, que hasta hace dos días le besaba los pies a este dictador, envuelto de harenes y jaimas. En el poder desde 1969, que se dice pronto, Gadafi ve cómo Libia se suma a la ola de libertad que grita el mundo árabe. Las razones para gritar: la pobreza y el hartazgo colectivo. Las herramientas para gritar: Internet y Al Jazeera. Los sueños para gritar: vivir en paz y sonreír por fin. Suficientes proyectiles para que a este energúmeno incluso le llueva dentro de una camioneta:



El Diccionario de la Real Academia Española no engaña:
energúmeno, na.
(Del lat. energumĕnus, y este del gr. ἐνεργούμενος, poseído).
1. Persona poseída del demonio.
2. Persona furiosa, alborotada.

Fecha: 23/02/2011 10:08.


Anónimo

Gadafi, el tirano más cínico

Un reportaje de semblanza del libio Muamar el Gadafi, hoy acosado por su pueblo.

El líder libio ha unido excentricidad y pragmatismo durante sus 40 años en el poder pasando de financiar al terrorismo a reconciliarse con Occidente.


Gadafi gobierna Libia hace 42 años. Fuente radiomundial.com.ve
(Por Enric González/Publicado en www.elpais.com)

Calificar a Muamar el Gadafi de dictador excéntrico sería empequeñecer al personaje. Primero, porque no solo cumple hasta el último precepto del manual del buen tirano (41 años en el poder, conversión de Libia en una finca familiar, pretensiones dinásticas, culto a la personalidad, represión minuciosa de la disidencia), sino que aporta un toque exquisitamente cínico al oficio: acusa a los libios de todos los males del país, ya que, dice, en 1977 él les entregó el poder absoluto a través de la jamahiriya, un sistema político de su invención traducible como república de las masas; si las cosas no funcionan, es culpa de ellos.

Era un simple capitán de 27 años cuando alcanzó el poder con un golpe

Segundo, porque Gadafi es más que excéntrico. Hace cosas como viajar con su famosa falange de amazonas supuestamente vírgenes y con sus camellos, o lucir un vestuario singularmente exclusivo, pero además carece de límites cuando intenta expresar un punto de vista o desea permitirse un capricho: es capaz de irrumpir en una reunión de la Liga Árabe y ponerse a orinar en la sala, o de comparecer en un acto oficial maquillado como una Barbie y con zapatos de tacón.

Hablar de un “dictador excéntrico”, aunque fuera en términos superlativos, seguiría empequeñeciendo al personaje. Gadafi es también un dirigente astuto y pragmático, que supo abandonar a tiempo el papel de azote de Occidente y máximo financiador del terrorismo mundial para convertirse en un estadista elogiado en Washington y las capitales europeas. Un diplomático francés le definió como “un kamikaze que jamás pierde el control”. Un diplomático estadounidense le definió como “inteligente y reflexivo, bajo una apariencia estúpida”.

A los hombres suele conocérseles por su infancia y su juventud. Muamar el Gadafi nació el 7 de junio de 1942 en un campamento beduino cercano al puerto libio de Sirte. Entonces, el país se llamaba aún Noráfrica Italiana. La guerra, cuyo fin supuso la caída del imperio de Mussolini, dejó tras sí un territorio desértico y arruinado, plagado de minas, del que nadie quería hacerse responsable. Se decidió entregárselo a un rey, Idris, más o menos complaciente con las potencias vencedoras. El niño Gadafi fue un beduino despreciado por sus compañeros de clase. El joven Gadafi, militar de academia, absorbió el sentimiento que más unía a la sociedad libia, un anticolonialismo furioso, y tomó como ídolos al Che Guevara y al presidente egipcio Gamal Abdel Nasser.

El 1 de septiembre de 1969, cuando participó en el golpe de Estado contra la monarquía, Gadafi no era nadie en la jerarquía militar: un simple capitán del Cuerpo de Señales, sin armas a su disposición. Pero era alguien entre sus compañeros, unos cuantos oficiales que nombraron presidente a un tipo carismático de solo 27 años.

En Libia acababan de descubrirse gigantescas reservas de un petróleo de excelente calidad, lo cual permitió a Gadafi establecer un régimen basado en los servicios sociales gratuitos (el nivel educativo y la esperanza de vida son hoy de los más altos en África), en el código moral islámico y en el nacionalismo panarabista. Imitando a Mao, otro de sus modelos, publicó entre 1972 y 1975 los tres tomos del Libro Verde, en el que expuso los principios teóricos de la jamahiriya, un sistema asambleario que definía como “democracia perfecta”. Tan perfecta, según Gadafi, que el presidente y jefe supremo de las Fuerzas Armadas no requería un rango superior al de coronel, dado que en una sociedad como la libia, cuyo poder era ejercido directamente por el pueblo, carecían de sentido las jerarquías tradicionales.

Imposible detallar aquí su actividad diplomática. Conviene recordar que intentó fusionar Libia con Egipto, Siria, Túnez y Sudán, que invadió Chad, que respaldó a los tres tiranos más sangrientos del África poscolonial (Bokassa en el Imperio Centroafricano, Idi Amin en Uganda, Mobutu en Zaire), que financió sin discriminaciones ideológicas a cualquier grupo guerrillero o terrorista que le pidiera dinero (solo exigía que el grupo en cuestión se definiera como “anticolonialista” o “antiimperialista”), y que participó en casos de terrorismo de Estado en el extranjero como la destrucción de dos aviones de pasajeros (UTA en 1986, Pan Am en 1988) o de una discoteca en Berlín (1986).

Es posible que su responsabilidad en esas matanzas no fuera tanta como la atribuida y que algo tuvieran que ver los servicios secretos sirios e iraníes. Pero Gadafi prefirió asumirla por completo y pagar el precio del perdón. El que fue gran aliado de Moscú descubrió, tras la caída de la Unión Soviética, que entre el odiado imperialismo estadounidense y el peligroso integrismo islámico debía elegir un mal menor, el que le permitiera mantenerse como “líder fraternal” de la revolución libia.

Había soportado en 1986 un bombardeo ordenado por Ronald Reagan en el que murió su hija adoptiva Ana, de cuatro años. Aun así, eligió la reconciliación. Pagó indemnizaciones, ofreció contratos petrolíferos, renunció a combatir el neocolonialismo, se sumó a la “guerra contra el terrorismo” de George W. Bush y en 2008 acabó siendo invitado por Barack Obama a la cumbre del G-8. Incluso propuso que israelíes y palestinos hicieran la paz compartiendo un país llamado Isratina; cuando vio que no le hacían caso, afirmó que israelíes y palestinos eran “idiotas”.

Fecha: 23/02/2011 10:34.


Anónimo

Reflexiones de Fidel Castro: El plan de la OTAN es ocupar Libia

Para el lider de la Revolución Cubana la OTAN planea ocupar el país africano en busca de petróleo.

Prensa Latina transmite a continuación el texto íntegro:

El petróleo se convirtió en la principal riqueza en manos de las grandes transnacionales yankis; a través de esa fuente de energía dispusieron de un instrumento que acrecentó considerablemente su poder político en el mundo. Fue su principal arma cuando decidieron liquidar fácilmente a la Revolución Cubana tan pronto se promulgaron las primeras leyes justas y soberanas en nuestra Patria: privarla de petróleo.


al Gobierno de Estados Unidos no le preocupa en absoluto la paz en Libia, y no vacilará en dar a la OTAN la orden de invadir ese rico país. Afirma Fidel Castro
Sobre esa fuente de energía se desarrolló la civilización actual. Venezuela fue la nación de este hemisferio que mayor precio pagó. Estados Unidos se hizo dueño de los enormes yacimientos con que la naturaleza dotó a ese hermano país.

Al finalizar la última Guerra Mundial comenzó a extraer de los yacimientos de Irán, así como de los de Arabia Saudita, Iraq y los países árabes situados alrededor de ellos, mayores cantidades de petróleo. Estos pasaron a ser los principales suministradores. El consumo mundial se elevó progresivamente a la fabulosa cifra de aproximadamente 80 millones de barriles diarios, incluidos los que se extraen en el territorio de Estados Unidos, a los que ulteriormente se sumaron el gas, la energía hidráulica y la nuclear. Hasta inicios del siglo XX el carbón había sido la fuente fundamental de energía que hizo posible el desarrollo industrial, antes de que se produjeran miles de millones de automóviles y motores consumidores de combustible líquido.

El derroche del petróleo y el gas está asociado a una de las mayores tragedias, no resuelta en absoluto, que sufre la humanidad: el cambio climático.

Cuando nuestra Revolución surgió, Argelia, Libia y Egipto no eran todavía productores de petróleo, y gran parte de las cuantiosas reservas de Arabia Saudita, Iraq, Irán y los Emiratos Árabes Unidos estaban por descubrirse.

En diciembre de 1951, Libia se convierte en el primer país africano en alcanzar su independencia después de la Segunda Guerra Mundial, en la que su territorio fue escenario de importantes combates entre tropas alemanas y del Reino Unido, que dieron fama a los generales Erwin Rommel y Bernard L. Montgomery.

El 95 % de su territorio es totalmente desértico. La tecnología permitió descubrir importantes yacimientos de petróleo ligero de excelente calidad que hoy alcanzan un millón 800 mil barriles diarios y abundantes depósitos de gas natural. Tal riqueza le permitió alcanzar una perspectiva de vida que alcanza casi los 75 años, y el más alto ingreso per cápita de África. Su riguroso desierto está ubicado sobre un enorme lago de agua fósil, equivalente a más de tres veces la superficie de Cuba, lo cual le ha hecho posible construir una amplia red de conductoras de agua dulce que se extiende por todo el país.

Libia, que tenía un millón de habitantes al alcanzar su independencia, cuenta hoy con algo más de 6 millones.

La Revolución Libia tuvo lugar en el mes de septiembre del año 1969. Su principal dirigente fue Muammar al-Gaddafi, militar de origen beduino, quien en su más temprana juventud se inspiró en las ideas del líder egipcio Gamal Abdel Nasser. Sin duda que muchas de sus decisiones están asociadas a los cambios que se produjeron cuando, al igual que en Egipto, una monarquía débil y corrupta fue derrocada en Libia.

Los habitantes de ese país tienen milenarias tradiciones guerreras. Se dice que los antiguos libios formaron parte del ejército de Aníbal cuando estuvo a punto de liquidar a la Antigua Roma con la fuerza que cruzó los Alpes.

Se podrá estar o no de acuerdo con el Gaddafi. El mundo ha sido invadido con todo tipo de noticias, empleando especialmente los medios masivos de información. Habrá que esperar el tiempo necesario para conocer con rigor cuánto hay de verdad o mentira, o una mezcla de hechos de todo tipo que, en medio del caos, se produjeron en Libia. Lo que para mí es absolutamente evidente es que al Gobierno de Estados Unidos no le preocupa en absoluto la paz en Libia, y no vacilará en dar a la OTAN la orden de invadir ese rico país, tal vez en cuestión de horas o muy breves días.

Los que con pérfidas intenciones inventaron la mentira de que Gaddafi se dirigía a Venezuela, igual que lo hicieron en la tarde de ayer domingo 20 de febrero, recibieron hoy una digna respuesta del Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, Nicolás Maduro, cuando expresó textualmente que hacía “votos porque el pueblo libio encuentre, en ejercicio de su soberanía, una solución pacífica a sus dificultades, que preserve la integridad del pueblo y la nación Libia, sin la injerencia del imperialismo”.

Por mi parte, no imagino al dirigente libio abandonando el país, eludiendo las responsabilidades que se le imputan, sean o no falsas en parte o en su totalidad.

Una persona honesta estará siempre contra cualquier injusticia que se cometa con cualquier pueblo del mundo, y la peor de ellas, en este instante, sería guardar silencio ante el crimen que la OTAN se prepara a cometer contra el pueblo libio.

A la jefatura de esa organización belicista le urge hacerlo. !Hay que denunciarlo!

Fidel Castro Ruz

Febrero 21 de 2011

10 y 14 p.m.

Fecha: 23/02/2011 10:40.


Anónimo

Nacionalismo, democracia y el despertar árabe

Un análisis del porqué de las revueltas en los países árabes.

(Por Justin Raimondo. Fuente: www.original.antiwar.com)

La ola revolucionaria que se extiende por Medio Oriente promete derribar regímenes árabes escleróticos en toda la región, pero hay una marcada diferencia, digamos, entre Egipto e Irán –y la diferencia es el factor nacionalista.


Manifestantes exigen la renuncia de Gadafi. Fuente La voz de Asturias
En Egipto la gente se alzó contra una dictadura apoyada por EE.UU. que abusó de su pueblo durante 30 años. Es interesante señalar que el régimen, en las últimas etapas de la revuelta, recurrió a oscuras insinuaciones de que los manifestantes estaban dirigidos por misteriosos “elementos extranjeros”. Y, por cierto, un elemento extranjero jugó un papel crucial –yo diría que el papel crucial– en la política egipcia, y lo ha tenido durante los últimos 30 años, pero no del lado de las fuerzas por la democracia: el gobierno de EE.UU. Washington dio más de 60.000 millones de dólares sobre todo en ayuda militar al régimen de Hosni Mubarak, posibilitando su permanencia en el poder durante mucho más tiempo que sin ese apoyo.

No sólo eso, sino que además la masiva dádiva de dólares entregó efectivamente el control de la vida económica de la nación a los militares, que ahora controlan hasta un 30% del producto interno bruto de Egipto. Comunicaciones internas del gobierno de EE.UU., reveladas por el invaluable WikiLeaks, muestran a diplomáticos que se quejan de la resistencia de los militares egipcios a la liberalización económica, pero Washington no logró comprender que la política estadounidense afirmó al alto comando militar como principal protagonista de la economía egipcia.

El llamado de Mubarak a las simpatías nacionalistas no tuvo éxito porque él, y no los manifestantes, aparecía como agente de una potencia extranjera: es decir EE.UU. Aunque es casi seguro que factores económicos y políticos interiores provocaron el levantamiento, el nacionalismo –en parte fortificado por el resentimiento contra los patrocinadores estadounidenses del dictador– logró sustentarlo y finalmente llevarlo a la victoria. Los manifestantes llevaban banderas egipcias y apelaron directamente al ejército como protector de la nación contra Mubarak. También en Bahréin los manifestantes llevaban su bandera nacional y apelaron a los militares –en este caso con resultados decididamente letales. En todo caso, sin embargo, el sentimiento nacionalista irradiado por las fuerzas pro democracia es una característica definidora de los levantamientos más exitosos –hasta la fecha, Egipto y Bahréin– mientras en Irán (y en cierta medida Libia) la situación es más compleja.

Lo que complica el cuadro en el caso de Irán, por ejemplo, es la presión exterior sobre el régimen por parte de EE.UU., que refuerza el apoyo real de la base a la elite gobernante y retrasa el crecimiento de la oposición. Tanto los mullahs como el movimiento “Verde” que trata de derrocar a la dictadura se oponen a la campaña internacional estadounidense-israelí para aislar a Irán con el argumento de que no tiene derecho a obtener energía nuclear. Si los Verdes llegaran al poder mañana, el programa nuclear de Irán, tal como es, seguiría en su sitio –lo mismo que la hostilidad de Occidente y las sanciones que estrangulan lentamente a la gente de a pie en ese país.

En Irán las elecciones en las que se permitió que compitiera la oposición no dieron la victoria al movimiento Verde. Aunque hay quien podría afirmar que esas elecciones fueron mucho menos que correctas, esa evaluación no es suficientemente clara como para desestimar la legitimidad del régimen; y, en todo caso, es innegable que los partidarios de la línea dura gozan de un cierto nivel de apoyo popular, o por lo menos el suficiente para prevenir un levantamiento masivo como el que expulsó a Mubarak del poder en 18 días.

El régimen puede referirse con razón una campaña sistemática de debilitamiento del país por parte de las potencias occidentales, sobre todo de EE.UU. –incluida una campaña terrorista librada por la organización Jundallah respaldada por EE.UU., una insurgencia suní radical en Baluchistán iraní que ha lanzado crueles ataques contra objetivos civiles. Esto consolida el apoyo popular a la “mullahocracia”, que se percibe como la única alternativa contra la dominación extranjera y el caos.

El factor nacionalista –o, se podría decir, el factor anti-estadounidense– opera de un modo similar en Libia, donde el dictador desde hace mucho tiempo, Muammar Gadafi se presentó en persona en un mitin favorable al gobierno en la capital, Trípoli, que ha permanecido relativamente calma y donde el movimiento de protesta es aparentemente más débil. No podemos imaginar al “presidente” de Yemen, Ali Abdullah Saleh, sintiéndose suficientemente seguro como para aparecer en la plaza principal de Sana, donde podría terminar en la punta indeseada del dogal de un verdugo.

Otro protectorado estadounidense, la minúscula nación africana oriental de Yibuti, presenció una sorprendente manifestación en las calles de 20.000 personas –un acto masivo en un país con una población de menos de un millón. Yibuti contiene una importante base militar que es un sostén importante de operaciones de EE.UU. en la región y más allá. Por su parte, Washington ha suministrado ayuda y apoyo político al régimen del “presidente” Ismail Guelleh, haciendo caso omiso del despotismo familiar al estilo de Mubarak que gobierna este enclave pequeño pero importante desde el punto de vista estratégico. La familia del presidente ha gobernado este Estado-ciudad africano desde la independencia de Francia en 1977.

En Siria, por otra parte, el Despertar Árabe es menos avanzado: el régimen baasista sirio de Bashar al-Assad ha estado en la mira de Washington desde la era de Bush, y de nuevo en este caso el factor nacionalista juega un papel importante. Por cierto, el padre de Bashar, Hafez al-Assad, diezmó una vez una ciudad de unos 60.000 habitantes, masacrando a la mayoría de los habitantes, cuando la Hermandad Musulmana inició una revuelta, y el recuerdo de este hecho puede disuadir a potenciales rebeldes: pero ese tipo de brutalidad es un factor coercitivo menor en estos días, como hemos visto en Bahréin, Yemen y Libia, donde las fuerzas de seguridad están disparando directamente a las multitudes, y las filas de los manifestantes siguen creciendo.

El gobierno de EE.UU. se presenta como el campeón internacional de la democracia y la libertad, pero las consecuencias objetivas en el mundo real de su política exterior de intervención global retrasan efectivamente el progreso en esta dirección. No es casualidad que las revoluciones en Irán, Libia, y Siria (donde sólo algunos cientos han salido para realizar protestas inspiradas por Egipto) encuentren una resistencia sustancial, mientras que en los protectorados de EE.UU. –Túnez, Egipto, Yemen, Bahréin, Jordania o Yibuti– las protestas tienen más éxito.

A menos que el gobierno de EE.UU. esté dispuesto a escuchar a los neoconservadores más rencorosos, Glenn Beck y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, quienes afirman que Mubarak fue “traicionado” por Occidente, esta disparidad apunta a la única reacción racional al Despertar por parte de EE.UU.: Washington tiene que dejar paso libre. Entre llamados de muchos liberales y de algunos neoconservadores para que apoye a los movimientos democráticos, y la opinión opuesta de los beckianos, el gobierno de EE.UU. debe resistir la tentación de interferir de la manera que se sea –y eso incluye la inyección de dinero y recursos a partidos y organizaciones “democráticos” escogidos cuidadosamente a través de USAID y de la Fundación Nacional por la Democracia (NED)-. Semejantes esfuerzos tienden a salir al revés, como sucedió con su apoyo anterior a los dictadores reinantes.

El apoyo a los brutales cleptócratas como Mubarak y sus primos en toda la región nunca ha servido a nuestros intereses nacionales: tampoco los sirve la “promoción democrática”. Los Padres Fundadores previeron que el ejemplo estadounidense inspiraría esfuerzos para lograr la libertad más allá de nuestras costas, y uno de ellos, John Quincy Adams, dio el siguiente consejo:

“EE.UU. no va al extranjero en busca de monstruos para destruir. Desea la libertad y la independencia para todos. Es el campeón solamente de las suyas. Recomienda esa causa general por el contenido de su voz y por la simpatía benigna de su ejemplo. Sabe bien que alistándose bajo otras banderas que no son la suya, aún tratándose de la causa de la independencia extranjera, se involucrará más allá de la posibilidad de salir de problemas, en todas las guerras de intrigas e intereses, de la codicia individual, de envidia y de ambición que asume y usurpa los ideales de libertad. Podrá ser la directriz del mundo pero no será más la directriz de su propio espíritu”

ACTUALIZACIÓN: Mientras los eventos en Libia continúan su rápido avance, pienso que mi análisis inicial sigue siendo generalmente exacto: mientras las provincias orientales se han librado de Gadafi, en Trípoli, turbamultas pro gubernamentales están saliendo a las calles, y el dictador y su hijo tan chiflado como él parecen estarse atrincherando para un conflicto prolongado. Veo que el hijo toma su orientación de Glenn Beck y David Horowitz, que barbullan de cómo los rebeldes tratan de restaurar el “Califato” o el “Emirato”. No sé si tienen Fox News en Libia, pero imagino que ser el hijo de un dictador asegura ciertos privilegios.

Fecha: 23/02/2011 10:41.


Añadir un comentario



No será mostrado.