Cuerpos mórbidos yacen en su lecho de dolor en los pasillos, desperdigados como cadáveres en la morgue, exhalando el hálito de la muerte. La morfina ya no alcanza para evacuar el dolor del cáncer. La infección avanza deteriorando progresivamente la materia. El resto habrá que dejárselo a los médicos, esos monjes macabros que manejan la dosis perfecta del sufrimiento.

Si existe infierno y purgatorio, esas cámaras de penitencia han de ser nuestros hospitales, verdaderos templos de la muerte. Sala de Urgencias del IPS, Hades y Plutón; acaso la misma cosa. Pero no hay ninguna urgencia para asistir a los enfermos a fin de hacer más llevadero, más soportable ese trance de agonía. El hospital solo responde con gendarmes a los llamados, a las súplicas desesperadas de ver morir y retorcerse de dolor a esa persona que nos cuidaba cuando chicos o a ese niño que salió de nuestras entrañas.

 

Nuestra democracia no necesita emplear escuadrones policiales para encarcelar o matar: para eso tiene hospitales. Aunque, al intentar tomar fotos para mostrar la vergüenza de esta nación, fui expulsado por soldados formados bajo el autoritarismo y la prepotencia. Obreros entrenados para descargar el garrote contra otros obreros, mientras la infecta burocracia se escuda detrás de sus gabinetes.

 

En Paraguay está abolida la tortura y la pena de muerte, pero el decreto no rige para los nosocomios, territorios de nadie donde se gobierna bajo el estado de excepción, con todas las garantías constitucionales prescriptas.

 

La clínica se ha convertido  en un trámite formal para cumplimentar los procedimientos administrativos a fin de llegar con los papeles en regla hasta la tumba. La práctica de la medicina en este país revalida aquello que sostenía Antonin Artaud cuando, impulsado por su delirante lucidez poética, decía que sin los médicos la enfermedad no sería posible. ¿Qué precede a qué? Nuevamente la clásica dialéctica del huevo y la gallina.El IPS tiene dinero para todo, menos para la gente pobre que trabaja para sostenerlo. ¿Quién le extirpará el cáncer de su corrupción?

 

El IPS tiene complejo de entidad financiera. Otorga “préstamos” que nunca recupera, regala dinero a los transportistas, habla de invertir su supuesto superávit en financiar al “sector productivo”. ¿Qué sector productivo? ¿Qué libertad económica? ¿Qué no al intervensionismo? Cuando se trata de chupar al pueblo no hay antiestatismo que valga. La ideología puede esperar. El IPS es un gran usurero donde se hipoteca la vida. Nuestros banqueros son un hada madrina frente a la corporación previsional, esa a la que debemos tributar mes a mes un pesado diezmo de nuestro trabajo para colmatar su irrefrenable parasitismo.Este es el país que creció un 14% del PIB, o una cosa parecida. Un crecimiento que solo se ve en los diarios de los terratenientes del agro.

 

El pueblo no ve, no se beneficia de tal crecimiento estadístico. Los economistas manejan parámetros muy extraños que los del común no alcanzamos a entender.Yo a la muerte no me la imagino como una calavera con capa y guadaña; me la imagino como doctor. La medicina debe ser declarada como actividad fuera de la ley, proscrita y su ejercicio penalizado con todo el rigor de los órganos punitivos.

 

Dios ha muerto; el diablo, no. Allí ronda en los pasillos del hospicio con su bata blanca y diplomas de la academia, sorbiendo brebajes de sangre y  pus, profanando cementerios, saciando su perversión necrofílica, inoculando su inyección letal. Lentamente, hasta el final, hasta el final, hasta el final.

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