Andrés Granje

Las informaciones que provienen de Ypehú, población fronteriza con el Brasil, en el departamento de Canindeyú, parecen capítulos  extraídos de una novela truculenta y demencial, dan cuenta de las andanzas de un  intendente vinculado con todas las actividades criminales que se pueda imaginar, desde narcotráfico hasta asesinatos, felizmente este personaje y su padre están detenidos, así leemos que  “El juez de garantías interino José Benítez decidió que los imputados por homicidio doloso  Vilmar “Neneco” Acosta Marqués, intendente de Ypehú y su padre, Vidal Acosta González, guarden reclusión en el penal regional de Coronel Oviedo. La fiscala Ninfa Mercedes Aguilar imputó a ambas personas tras el hallazgo de restos humanos enterrados en el patio de la casa del padre del jefe comunal de Ypehú. Vilmar se expone a una pena de 25 años de cárcel.

Lo que sucede en Ypehú, deja y mucho para la reflexión y el comentario, es probable que toda la población supiera de las  andanzas criminales de Neneco Acosta y su padre antes de asumir el cargo, ¿Por qué lo votaron entonces o en esa zona tan permeable a las irregularidades estos antecedentes no inciden a la hora de elegir autoridades? Lo cierto  es que el caso del intendente Acosta muestra de forma descarnada la baja intensidad de la democracia en muchos ambientes rurales y el poco poder de discernimiento de la población a la hora de elegir candidatos que luego deben soportar por cinco años en funciones.

 

Muestra fehacientemente algo que cada vez causa mayor preocupación en los ciudadanos,   que pone en peligro, inclusive,  toda la estructura democrática y el estado de derecho de la nación, la injerencia de los grupos mafiosos en el manejo de la cosa publica. Los todopoderosos del narcotráfico y otras actividades clandestinas conexas, ya no solamente se dedican a sobornar o solventar campañas políticas de candidatos, que actúan como sus mandaderos,  sino se erigen ellos mismos en candidatos, ganando elecciones en sus comunidades, erigiéndose en autoridades legalmente constituidas y teniendo territorio liberado para llevar adelante sus turbios negocios, poniendo en peligro la viabilidad futura de nuestra nación.

 

Esta situación que vivimos en algunas comunidades vinculadas al narcotráfico, principalmente en las zonas fronterizas,  es similar a   experiencias  que padecieron países  latinoamericanos amigos que desde décadas vienen librando combates  de gran intensidad con los grupos marginales, carteles del narcotráfico, grupos guerrilleros, etc., como Colombia y México, con pronostico incierto con relación a la suerte final de la guerra, pero eso si, con saldo trágico de miles de personas muertas y heridas por la barbará e irracional violencia que depara estos grupos en sus desplazamientos. El origen  es igual, baja calidad de las instituciones democráticas, venalidad e incapacidad de gestión  de autoridades, injusticia y  el estado de marginalidad de poblaciones empobrecidas, donde aparece como salvador  la presencia mesiánica de personajes violentos y autoritarios que se erigen en caudillos  para gobernar sin ley y fuera de toda racionalidad.

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