Por pa′i Oliva 

El trasporte público metropolitano –colectivos– da verdaderamente pena.

Los choferes conducen estresados haciendo "redondos" y más redondos, y además mal pagados. Corren demasiado. Siempre que subo busco el velocímetro y la mayoría de las veces no veo que tengan aguja. "Si atropellas a alguno pasa por encima. Sale más barato", parecen decir.

Atropellan a peatones y matan pasajeros o los dejan inválidos porque al bajar o subir el colectivo apenas se detiene. Y no se atreva entonces a protestar porque le dirán cualquier barbaridad. He viajado en coches que han dejado a familias enteras en la acera sin detenerse porque llevaban una prisa endiablada, pero que al llegar a una despensa el chofer paró, bajó y estuvo varios minutos eligiendo los yuyos para su mate.

Velocidad excesiva, maltrato a los que viajan o transitan por las calles, hacinamiento como ganado en las horas puntas, e irresponsabilidad en los horarios caracterizan a este transporte metropolitano. Cuando lo utilizamos no sabemos si terminaremos en el trabajo o el cementerio. Además, tenemos un boleto bien caro.

 

Ahora nos anuncian públicamente que pondrán coches nuevos, que han comprado ya media docena de ellos. Muy bonitos y con letreros fluorescentes. Pero, nos creen bobos y cambian algo para que todo siga igual. Es necesario suspender este sistema de transporte metropolitano y sustituirlo por otro más moderno y, sobre todo, humano.

 

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