Somos o parecemos

Por Oscar Ayala Bogarín

Hay que incendiar este país para empezar de nuevo, decía en una reunión de amigos en un intento, entre desesperado e impotente, por encontrar una salida a esta República que se debate en medio de muchos problemas y casi ninguna solución. Es que las teorías sociológicas y políticas para dar respuestas a nuestros dilemas están casi agotadas y nadie ve la luz al final del túnel.

Mi incendiaria propuesta fue efusivamente apoyada por muchos de los contertulios, aunque fui severamente reprobado por quien se encarga de apaciguar mis ímpetus e impulsos (que a estas alturas todavía se desbocan). Ojalá nadie pierda la rebeldía, aunque las canas se reproduzcan, los abdómenes parezcan flotadores o los movimientos ya no se asemejen a flechas.

 

Plantear la radical solución no era políticamente correcto para quien tiene la responsabilidad de medir sus palabras y de buscar el equilibrio. Esta vez mi cable a tierra tuvo razón. Puede que haya otras salidas.

 

Pero la necesidad de apaciguar impulsos no debe borrar ni diluir la indignación ante tanto desprecio de nuestra dirigencia política hacia la ciudadanía. Tampoco debe admitir tanto silencio y apatía de la gente para intentar romper este sistema que privilegia a unos pocos y, premeditadamente, impide la superación de la mayoría de la población.

 

El despilfarro y la discrecionalidad puestos en práctica por la Justicia Electoral, los partidos políticos y el Congreso, para el nombramiento de contratados -muchos de ellos operadores políticos y planilleros- deberían ser las gotas que colman el vaso de la tolerancia ciudadana.

 

En el caso del festín de corrupción en la Justicia Electoral, es inadmisible tanto cinismo, indecencia, desprecio y desfachatez de autoridades y políticos. Nos tratan a todos como imbéciles, cretinos, borregos. ¿Lo somos?

 

Se seguirán burlando de todos mientras la ciudadanía no reaccione contra este y otros abusos a los que dan un ropaje y blindaje legal. Todo gracias al silencio y la mansedumbre ciudadana.

 

En los países árabes se está produciendo toda una revolución con la autoconvocación y las movilizaciones civiles y acá no somos capaces de cambiar un funcionario público de cuarta. Nos manejan y pisotean mandatarios inmorales, parlamentarios ignorantes, magistrados corruptos y funcionarios ineptos.

 

¿Nos merecemos tanto abuso y manoseo? Aunque quizás haya otras soluciones, no dejo de pensar en un fósforo... y si realmente somos todos imbéciles.

 

Comentarios  Ir a formulario



No hay comentarios

Añadir un comentario



No será mostrado.