El patriotismo, aquel que nace del profundo amor a la patria y se sustenta en una ética, poniendo los intereses generales por encima de los personales, es un valor degradado y humillado. Lo que prevalece es lo contrario: la búsqueda de formas de sacar ventajas del país.

A lo largo de la historia, la palabra que designa esa relación intrínseca entre las personas y la patria en la búsqueda de lo mejor para todos sufrió el menoscabo en razón de que hubo épocas en que prevalecieron nacionalismos enfermizos, chauvinismos desaforados y fanatismos a ultranza que desdibujaron su verdadero sentido.

Hoy, la idea de patriotismo sigue siendo mirada con recelo, sobre todo por ciertos sectores políticos que han vaciado su contenido y se han volcado, con pasión digna de mejores causas, a practicar y a incentivar todo aquello que niega ese valor que, despojado de su arista prostituida -el patrioterismo, es necesario para toda sociedad.

A lo largo del tiempo, patriotas eran aquellos que demostraban en acciones concretas amar a su patria hasta las últimas consecuencias. Se esté de acuerdo o no con sus decisiones y sus consecuencias, el Mariscal Francisco Solano López fue coherente con su convicción de defender su país con dignidad, muriendo por la causa que había abrazado y sostenido.

No siempre, sin embargo, es necesaria la inmolación personal. Para ser patriota basta con ser celoso guardián de los intereses colectivos, ser honesto, ubicar por encima de todo la Justicia, ser responsable en cada uno de los actos de la vida, dejarse guiar por la ética y tener el coraje suficiente para enfrentar a los que toman la nación como propiedad privada.

El patriotismo es un atributo humano que no solo debe adornar a los políticos que conducen la República, sino a todos los ciudadanos, desde el lugar que ocupan entre los demás. Cada uno, dentro del esquema del poder o fuera de él, en la escala social, tiene que conducirse con estas normas que parten de un compromiso individual y colectivo por mejorar la calidad de vida, ganar respeto y vivir con dignidad.

De más está decir que quienes roban, mienten, se desligan de sus compromisos ciudadanos, cometen injusticias, apoyan la ignorancia, entorpecen el desarrollo y promueven rencillas antes que armonía, son los que están en el polo opuesto de aquellos que construyen todos los días el porvenir.

Ser patriotas con estos contenidos hoy es un empeño difícil. El entorno, contaminado por el culto a lo trivial, la complicidad, la cobardía y la impunidad, transmite mensajes que invitan a lo fácil, perdonan la corrupción y dejan de lado cuanto pueda significar sacrificios para alcanzar metas que implican vencer desafíos.

Los políticos son los que han desprestigiado el patriotismo para que no se les exija obrar de acuerdo a sus reglas de juego. Hoy, Día de los Héroes, es oportuno mirar quiénes son los que realmente sirven a la patria y quiénes son los que se están aprovechando de ella. En el año de su bicentenario, el Paraguay necesita verdaderos patriotas, no patrioteros.

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