EDUCACIÓN Y COMPROMISO DE LOS EMPRESARIOS

Por Víctor Cálcena

En diferentes sectores de la sociedad se habla de que la educación es la herramienta más segura para el desarrollo. Está comprobado que efectivamente es así. Basta mirar la experiencia de países como Corea del Sur, Finlandia y Noruega, por citar las experiencias más exitosas, que invirtiendo en educación y mejorando su calidad han logrado en menos de dos décadas saltar a la vanguardia de los países desarrollados.

Bien entonces que se reconozca en nuestro país la importancia de la educación. Pero la cuestión es centrar en ella el esfuerzo nacional para mejorarla y modernizarla en todos los niveles del sistema. Debemos pasar del discurso a la acción. Sabemos que el Estado tiene una gran responsabilidad en la materia, y que su rol es destinar el más alto financiamiento a la educación. En tal sentido, el Gobierno debería dar prioridad presupuestaria para mejorar su infraestructura, la eficiencia de su servicio en la enseñanza y en equiparla con la moderna tecnología de la informática, además para la adecuada formación y capacitación de los docentes.

 

Esta prioridad tiene que concretarse mediante la preeminencia de las instituciones públicas, desde la enseñanza inicial y básica a la superior, reduciendo los gastos no tan necesarios en otras esferas del Estado y, por supuesto, eliminando los superfluos. La fórmula es sencilla y ojalá alguna vez se aplique. Una dosis de patriotismo y de lucidez se requiere para que avancemos en esa dirección.

 

En el Club de Ejecutivos del Paraguay somos conscientes de que también es fundamental la cooperación de la sociedad civil. Ya una vez asumimos la idea de que "la educación es compromiso de todos". Ahora nuevamente acabamos de reafirmar en nuestra estrategia la misión de impulsar en el marco de nuestras posibilidades aquellas acciones dirigidas al mejoramiento en general de la educación en nuestro país.

 

Nuestra contribución no se limitará al fomento para que los sectores empresariales inviertan más en la educación a fin de que, junto con el sector público, traten de responder a la cobertura total con el objeto de que nadie quede excluido de la escolarización. Pensamos ir más lejos. Como necesitamos de capital humano calificado para desarrollarnos, vamos a acercarnos a las escuelas, los colegios, los institutos de formación técnica y profesional y a las universidades con la intención de contribuir a esa meta esencial de educación para el trabajo y para la calidad de vida.

 

Hay una evidente contradicción que superar. Se forman muchos profesionales que no pueden entrar en su específico campo laboral porque ya está saturado. Y entonces deben dedicarse a cualquier tarea. Mientras, por otra parte, existe una gran demanda de técnicos, de manos de obra calificada y de mandos medios que no puede ser cubierta porque la formación técnica y profesional es muy escasa, absolutamente insuficiente. Con este problema desalentamos la inversión externa.

 

Y para peor aún, la capacitación estrictamente científica, con investigaciones aplicadas para nuestro desarrollo agropecuario e industrial, así como para la modernización del país, es deficitaria. Aquí el sector empresarial debería implicarse para que el Paraguay defina una política de estado en educación.

 

Nos encontramos así ante un desafío realmente importante para transformar nuestra nación. En su Bicentenario vemos que podemos salir de la oscuridad del atraso. Los empresarios, y todos los ciudadanos, debemos llevar la antorcha de la educación para colocar a nuestro país entre los desarrollados del mundo. Es el deber insustituible.

 

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