Un fuerte aumento en los casos de dengue -especialmente en menores de 15 años del departamento Central- causa preocupación a los médicos del Instituto de Previsión Social (IPS), aunque desde el Ministerio de Salud se insiste en que ya no se producirán brotes importantes de la enfermedad en lo que queda del año. Las esperanzas, en este sentido, están puestas en el descenso de las temperaturas que comienzan a partir del presente mes. Sin embargo, a pesar de estas estimaciones optimistas, lo cierto es que, tal como lo confirman los índices de infestación del mosquito vector en Central y Alto Paraná y las estadísticas de atención del IPS, el problema está aún muy lejos de ser superado. De hecho, el dengue es ya un enemigo que se ha arraigado profundamente en nuestras comunidades a un punto tal que son muchos los que creen que su erradicación es prácticamente imposible y que a lo que se puede aspirar, a lo sumo, es a mantener su propagación bajo ciertos niveles de control.

 

Por sus características, el combate al dengue es un caso verdaderamente paradigmático en materia de políticas de salud pública. El dengue plantea un desafío no solo en el tratamiento hospitalario de las personas afectadas sino sobre todo en la gestión de recursos, la articulación entre instituciones y la educación ciudadana. Es que la lucha contra esta enfermedad no puede ser realizada solo por profesionales médicos o técnicos sanitarios sino que exige la participación directa y activa de la población. Son los vecinos, los ciudadanos comunes y sus organizaciones los protagonistas de las campañas de prevención. El escenario de la guerra a este mal no está en los pasillos de sanatorios ni en las salas de hospital sino en las calles, los barrios y los espacios públicos. Sirven de poco los esfuerzos individuales -es inútil que una persona conserve limpia su casa y jardín si el vecino no hace lo mismo- y las acciones comunitarias y sociales son cruciales.

 

De ahí que los gobiernos municipales tengan un papel fundamental en la lucha contra el dengue. Son los gobiernos locales los que trabajan más de cerca con los ciudadanos, con sus clubes, asociaciones y cooperativas. Las municipalidades cuentan siempre con planes y programas de trabajo con comisiones vecinales que incluyen una variedad de actividades, desde el empedrados de calles hasta el hermoseamiento de plazas y paseos. Por las características de sus funciones, son las autoridades municipales las que tienen un vínculo más estrecho con la población y sus necesidades. Las campañas contra el dengue están destinadas al fracaso si no existe un compromiso firme de los municipios. Por eso son preocupantes las declaraciones del director de Vigilancia Sanitaria del Ministerio de Salud quien manifestó su inquietud por la escasa contribución de las municipalidades en la educación ciudadana, en la eliminación de los criaderos de los mosquitos y en la limpieza de espacios públicos.

 

Las controversias políticas o las internas partidarias deben dejarse de lado al momento de afrontar una cuestión de salud pública de la magnitud del dengue. Las autoridades y funcionarios de todos los ámbitos -nacional, departamental y municipal- tienen la obligación de deponer sus conveniencias sectarias y cooperar sin reservas en beneficio de toda la comunidad. Lamentablemente, el dengue no es una enfermedad pasajera. Inexorablemente reaparecerá una y otra vez, razón por la cual es necesaria una estrategia que contemple la colaboración entre distintas instituciones, con el protagonismo central de las municipalidades.

 

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