HUMBERTO ZARACHO

Gatopardismo o lampedusiano son dos términos que denotan el hecho o el procedimiento de cambiar algo para que nada cambie. Se origina en la paradoja expuesta en la novela “El gatopardo”, del italiano Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896-1957), donde se expresa la siguiente contradicción: "Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie". La novela de Lampedusa fue llevada al cine con el mismo nombre por el director italiano Luchino Visconti en 1963. La adaptación, de casi tres horas de duración, contó con un reparto encabezado por Claudia CardinaleBurt Lancaster y Alain Delon. La película fue muy bien acogida por el público y la crítica. Ambos términos, gatopardismo o lampedusiano, son generalmente utilizados en las Ciencias Políticas y en el lenguaje político corriente, para identificar algatopardista o lampedusiano, es decir, al político que se autocalifica de reformista o revolucionario, que cede o reforma una parte de las estructuras para conservar el todo, sin que realmente nada cambie y todo siga igual. 

Durante la campaña electoral presidencial el entonces monseñor Fernando Lugo, después de constituirse la Alianza Patriótica para el Cambio entre la corriente liberal y de los marxistas de distintas características o subtipos de socialismo- afirmó que una vez logrado el poder transformaría el Estado paraguayo con una nueva estructura y organización. Igualmente hizo hincapié en que iba a asegurar la defensa de la democracia como estilo de gobierno, y que sería implacable en su lucha contra la corrupción heredada de los gobiernos colorados. También prometió implantar una política socioeconómica eficaz para sacar al Paraguay de su situación de pobreza acordando a los paraguayos un salario digno para sobrellevar con dignidad un nuevo estilo de convivencia. Y, entre sus tantas promesas figuraba devolver a los ciudadanos la seguridad de sus vidas y de sus bienes reduciendo el margen de la criminalidad y la desocupación. 

A dos años y medios del gobierno líbero-luguista-marxista ninguna de sus promesas lo ha cumplido, destacándose por sus mentiras y de sus promesas de cambio. En realidad lo que ha cambiado el ahora exmonseñor Lugo es que sus falacias cada vez van en aumento. Sus antiguas promesas de cambio para alcanzar el progreso y bienestar de sus conciudadanos quedaron en el camino. Hoy día nuestro país experimenta una mayor situación de pobreza, ha aumentado el crimen organizado y la inseguridad ciudadana, como tampoco disminuyó la emigración de los jóvenes paraguayos angustiados por la falta de trabajo y de futuro. En tanto la corrupción de los funciones del actual gobierno se ha acrecentado a niveles nunca vistos. Como prueba puede verse a los nuevos “millonarios” ostentando sus riquezas con insolencia y falta de respeto a la sociedad paraguaya. Surgieron otros tipos de negociados (caso galletas de coquitos, intento de compra de tierras por el INDERT, alza de los precios de combustibles en PETROPAR, compra de inmuebles sin licitación, caso de nepotismo en la administración pública, subsidios sin control a supuestos campesinos, pescadores, personas de la tercera edad y las denominadas “víctimas de la dictadura” (?). Ni qué hablar de las violaciones a la Constitución (caso atraco al Comando de Ingeniería, descabezamiento de los mandos militares a espalda del Vicepresidente de la República, nombramiento último de ministros de la Corte y de la Contraloría General de la República). Ni qué hablar de las periódicas amenazas de asalto y copamiento de Asunción y del Congreso Nacional por bandas de pseudo campesinos armados dirigidos por delincuentes como Noel Benítez, José Rodríguez y otros ex amigos o todavía amigos del ex monseñor Fernando Lugo. La falta de una política exterior firme en la defensa de los intereses nacionales de la República amenazados por algunos gobiernos “amigos” del actual gobernante (caso Lula, Evo Morales y Cristina Fernández) es una constante, así como la continua vejación que son objetos los miembros de nuestras Fuerzas Armadas que contribuye a desmoralizarlos cada vez más. 

Sería innumerable citar los hechos negativos para el futuro del país, y que son conocidos por la ciudadanía honesta. Empero es menester, en honor a nuestra condición de ciudadanos consustanciados con el destino del Paraguay, que la oligarquía política enquistada en el gobierno actual es el reflejo de un grosero y brutal GATOPARDISMO CADUCO QUE PARALIZA CADA VEZ MAS LAS PERSPECTIVAS DE PROGRESO Y BIENESTAR DEL PUEBLO PARAGUAYO, Y LASTIMA SU SENTIMIENTO Y SU DIGNIDAD NACIONAL. 
 

Observación: Este artículo fue publicado en “El Colorado” www.elcoloo.com el 23 de diciembre de 2010.

Comentarios  Ir a formulario



No hay comentarios

Añadir un comentario



No será mostrado.