Faltando solamente diez días para que se efectuara la promocionada primera visita oficial al Paraguay de la nueva presidenta de la República Federativa del Brasil, Dilma Rousseff, voceros del gobierno de Fernando Lugo anunciaron la postergación de la misma hasta nuevo aviso. El motivo: el Congreso del vecino país aún no ha ratificado las notas reversales que contemplan el incremento del pago por cesión de energía no consumida de Itaipú; por lo tanto, la mandataria llegaría a Asunción con las manos vacías, sometiendo a escarnio público a la administración de Lugo, que prometió contra viento y marea la reivindicación de nuestra soberanía energética.    

Hasta el momento, la Declaración Presidencial que el entonces presidente brasileño Luiz Inácio Lula Da Silva suscribió con Fernando Lugo el 25 de julio de 2009 es letra muerta. Pero, ¿cuál era el espíritu que animaba a los principales referentes del oficialismo en aquella oportunidad? Analicémoslo a partir de sus propias palabras.    

En una entrevista publicada por nuestro diario el lunes 27 de julio de 2009, el ingeniero Ricardo Canese, en su carácter de coordinador de la Comisión de Entes Binacionales Hidroeléctricos, afirmaba que era “inevitable” que la Declaración Presidencial fuera sometida a la aprobación del Congreso brasileño, pero que lo que el presidente Lula “sí ha hecho es dar su acuerdo como gobierno y, además, comprometer a enviarla como una medida de urgencia, lo que obliga a que el Congreso brasileño se expida sobre la cuestión en un plazo perentorio, entiendo que de no más de 45 días”. Pues bien, no solamente un mes y medio, sino VEINTE MESES ya han transcurrido sin que ninguna novedad se produzca.    

Por su parte, el ministro de Relaciones Exteriores, Héctor Lacognata, no trepidaba en calificar la Declaración como un “acuerdo histórico”, sin precedentes en los anales de “otras negociaciones diplomáticas de nuestro país”, al tiempo de considerar “llamativo que cierto medio de comunicación enfatiza lo negativo, las dudas, y no lo positivo”, en directa alusión a nuestro diario.    

Tampoco faltaron los paniaguados que descubrieron en la “benevolente condescendencia” brasileña una señal de “fraterna solidaridad” por parte del presidente  Lula Da Silva, que con su gesto buscaba apuntalar políticamente al gobierno de Lugo, de muy endebles fundamentos y comprometida estabilidad.

Como bien lo certifica el paso del tiempo, todas estas declaraciones han resultado en un discurso meramente propagandístico sin ningún sustento en la realidad, hasta el punto de que hoy mismo la Cancillería se encuentra en una situación sumamente comprometida, viéndose obligada a postergar la visita oficial de la nueva mandataria brasileña, para evitar exponer al presidente Lugo a una reunión sin ningún tipo de contenido político ni diplomático.    

En esta terrible encrucijada se debate el Gobierno “del cambio”: ni siquiera las limosnas que el Brasil prometió acercarle es capaz de asegurar, ya que sus pretendidos amigos “progresistas” del vecino país no logran obtener hasta ahora los consensos necesarios en el seno de su propio Congreso para cumplir lo prometido y firmado con el Paraguay.    

Por lo demás, la “dádiva” brasileña no implica de ninguna manera la reivindicación de la soberanía hidroeléctrica del Paraguay. Ella solo se concretará una vez que nuestro vecino nos pague un justo precio por la energía que nos obliga a entregarle, y permita que dispongamos libremente de la misma para ofertarla a terceros países. En suma, mediante la renegociación del oprobioso Tratado de Itaipú, suscrito por dos dictadores en abril del año 1973.    

De hecho, esto fue lo que Fernando Lugo prometió reiteradamente durante la campaña política para que el pueblo lo vote. Gracias a ese discurso se granjeó la simpatía de amplios sectores de la población paraguaya, que confió en él para que, si fuera su presidente, cumpliera la palabra que estaba empeñando.    

Sin embargo, una vez que conquistó la Presidencia, el ex obispo pronto se olvidó de sus propuestas y, haciéndole el juego a Itamaraty, aceptó algunos mendrugos, con lo cual se colocó a la altura de todos sus predecesores colorados, muy poco interesados en la promoción del bien común, pero muy concentrados en la salvación de su propio pellejo y el “prestigio” de sus mendicantes gobiernos.    

A esta altura de los acontecimientos, aun cuando el Congreso del vecino país se disponga a ratificar la palabra empeñada por su propio gobierno –quién sabe cuándo y bajo qué penosas circunstancias y nuevas imposiciones–, lo único verdaderamente real es que la reputación del Paraguay ha sido y está siendo lamentablemente expuesta a un infame manoseo por parte del Brasil. El gobierno de Fernando Lugo pasará, pues, a la historia como aquel que ha consentido tan indignante e injurioso tratamiento.

 

http://www.abc.com.py/nota/brasil-se-burla-de-lugo-y-del-paraguay-3759/

Comentarios  Ir a formulario



No hay comentarios

Añadir un comentario



No será mostrado.