En el Ejecutivo, el Congreso y el Poder Judicial -que conforman el Gobierno- faltan actores calificados. Casi no hay personalidades ilustradas, competentes y honestas que conciten confianza y admiración.

Con esta trágica realidad -porque es verdaderamente dramática la escasez de políticos y funcionarios honorables e idóneos-, se justifica el atraso que padecemos. En sectores más dignos -que los hay- el rechazo de estos representantes es cada vez más grande. Pero su desvergüenza se manifiesta en su indiferencia. Y peor aún, en su intencionalidad de ampliar la reproducción de los mediocres e inútiles en el poder.

Esa amenaza ya se observa con las figuras que desean seguir en los altos cargos y con las nuevas que aspiran a acceder a los poderes electivos en el 2013. Su presencia pública solo delata sus ambiciones de mando y de vivir a costa del Estado. No hay ideas ni proyectos. No se enuncian el qué hacer y el cómo hacer.

 

Quienes militan y llegan a la política deben saber que es universal el principio de que se busca el poder no para servirse de él, sino para servir al pueblo. Pero la constante en nuestro país viene siendo lo contrario. Los que asumen el gobierno se olvidan de la responsabilidad de trabajar y contribuir al bienestar y a la prosperidad de la nación, sin exclusión alguna. La tradición y la continuidad señalan que se aprovechan del Estado para apropiarse de sus bienes y recursos, en beneficio de sus intereses particulares.

 

Así, la práctica de la política ha tenido consecuencia nefasta para el país. Ha incidido en su atraso y en ahondar la pobreza por la injusta distribución de los medios y los ingresos.

 

Pero no estamos condenados a seguir este proceso. Llegará el momento en que la ciudadanía se sacuda de este estigma de la política. Esa posibilidad es real.

 

Tenemos una evidencia positiva. Y es nuestro exponencial crecimiento económico. En el marco de la sociedad civil hay actores y empresas que trabajando, incorporando nuevas tecnologías y produciendo en diversas escalas, empiezan a generar la idea y el entusiasmo acerca de la posibilidad de otro Paraguay.

 

Aparecen innovaciones tecnológicas y avances con la aplicación de nuevos conocimientos. Y en especial la formulación del derecho a la equidad, para una mejor calidad de vida para todos.

 

Desde esta perspectiva, cabe esperar que la sociedad civil influya para el cambio en la política. Que al generalizar la responsabilidad social empresarial contribuya a la igualdad de oportunidades en la educación. Y con ello podríamos tener una ciudadanía más crítica.

 

Lo decisivo ahora es la fundamental reinvención de la política. En nuestro contexto existen personalidades calificadas para esa reingeniería. Porque, en definitiva, sin gobierno eficiente y presencia del Estado, el desarrollo en democracia y con justicia social seguirá siendo una utopía.

 

En la composición del actual Gobierno y entre los políticos que aparecen con pretensiones de llegar al poder en el 2013 escasean las figuras relevantes. La ausencia de actores calificados en la política y en la función pública es acaso el problema más grave que enfrenta el país. Ello habla de la ineficiencia de nuestras autoridades e instituciones, que repercute en el atraso de la nación. Aunque no todo es malo, pues en la sociedad civil existen personalidades y empresas que demuestran competencia y motorizan el crecimiento que vamos logrando. Pero con esta clase política el desarrollo resulta difícil.

http://www.ultimahora.com/notas/413382-con-pol%C3%ADticos-que-no-copian-la-eficiencia-del-sector-privado-ser%C3%A1-imposible-construir-el-desarrollo

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