Se requiere de autoridades que alienten la inversión, la capacitación científica y técnica, y no aquellas que fomentan el clientelismo.

Por Oscar Ayala Bogarín

Héroes anónimos, héroes necesarios, héroes imprescindibles, para este necesitado Paraguay. Lo son sin que se lo propongan. No necesitan vestir uniforme ni ocupar un puesto en el Gobierno, una banca en el Congreso o un lugar en la mal llamada Administración de Justicia. Solo necesitan una oportunidad. Después se agencian solos.

Sus batallas son diarias. Contra la indolencia política, contra la ineficiencia gubernamental, contra la mediterraneidad física, contra las trabas de nuestros vecinos, contra la corrupción, contra el descreimiento, contra el pesimismo, contra la violencia. Son los que van construyendo este país contra viento y marea.

 

Estos héroes modernos son aquellos empresarios emprendedores, pequeños, medianos y grandes, que generan empleo y la escaza riqueza que unos zánganos que se hacen llamar autoridades o representantes se encargan de dilapidar día a día, impunemente.

 

Algunos de estos emprendedores eficientes, honestos, transparentes e innovadores fueron premiados el jueves por la Asociación de Empresarios Cristianos (ADEC) como protagonistas destacados del ya histórico 2010. El año del mayor crecimiento económico en la historia del país.

 

El acto desarrollado en el auditorio del Banco Central del Paraguay (BCP) tuvo el marco merecido. Fue un bálsamo en medio de tantas noticias negativas que nos amargan cada día. Aquellos que concurrieron a la premiación recibieron una sobredosis de optimismo. Quienes fueron premiados ratificaron que cuando se quiere, se puede. Y que la obtención del bienestar no depende solamente del Gobierno, sino del esfuerzo de cada uno de los componentes de la sociedad.

 

En las miradas, los gestos y las expresiones de los galardonados se podía notar el orgullo y la satisfacción, y en los invitados, el reconocimiento y la admiración hacia esos héroes civiles, hacia esos quijotes necesarios.

 

Es de esperar que la clase política tome conciencia y ejemplo de la gente que trabaja y piensa en el bienestar de sus trabajadores y familiares, para reencausar el rumbo de la gestión política.

 

Se requiere de autoridades y representantes que alienten la inversión, la capacitación científica y técnica, la investigación, de cara al desarrollo. Estamos hartos de quienes fomentan el prebendarismo, el clientelismo y el nepotismo, que restan recursos a los sectores más necesitados.

 

Es necesario seguir descubriendo y mostrando a los héroes del trabajo. En el acto de la ADEC fue reconfortante encontrarse con ese otro Paraguay que existe y que merece ser estimulado y difundido.

 

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