Edwin Brítez

Por supuesto que en el Congreso no se logrará la aprobación de la inscripción automática de ciudadanos en edad de votar como tampoco se conseguirá la eliminación de las listas sábana para ocultar las candidaturas impresentables. El Parlamento en este caso representa eficientemente los intereses de los partidos políticos y estos de sus líderes de movimientos.  

En resumen, lo que decide el Congreso con relación a los intereses políticos son instrucciones o líneas echadas y plantadas por la dirigencia partidaria. Los diputados y senadores tienen cada vez menos autonomía, porque si no actúan en bloque están obligados a formar los suyos o más directamente a salirse de la carpa para migrar a otros territorios.   

Desde la caída de la dictadura en el año 1989 se fue perfeccionando el sistema partidocrático hasta llegar a nuestros días en que el Estado paraguayo debe financiar la actividad política, las elecciones, los gastos personales de los políticos y en gran medida de quienes trabajan para ellos en las instituciones donde figuran, en sus partidos y hasta en sus domicilios particulares.   

 

Desde aquella época hay un incremento sustancial de la mala calidad de la democracia en el país gracias a los “descubrimientos” de nuevas fórmulas de prebendarismo y clientela política, todas ellas irremediablemente basadas en nuevos rubros presupuestarios y aumentos sistemáticos en los montos destinados al efecto.   

 

Con estas fórmulas, los líderes políticos logran controlar la lealtad partidaria no solamente de los parlamentarios, dirigentes de base, operadores y punteros, sino también de los propios votantes, que forman filas detrás de todos ellos, cada vez más en busca de empleo antes que de la oportunidad de militar políticamente.   

 

Ultimamente se sumaron a todas las diversas formas de prebendas y clientelas la extorsión a los parlamentarios por la vía de los cheques firmados en blanco. Diputados que tienen pendientes de pago cheques de ochocientos millones de guaraníes para evitar que cometan actos de infidelidad con el líder del partido, completa el triste panorama de nuestro actual sistema.   

 

¿No se dan cuenta estos dirigentes de que están matando a los partidos políticos con estas atrocidades? Soy de los que creen que sí se dan cuenta perfectamente, pero son tantos los beneficios que reciben mientras están con el control de los mismos, que ya no les importa los daños colaterales de sus privilegios.   

 

No puede haber democracia sin partidos políticos. Este es el cerrojo, pero Paraguay está por debajo del promedio de América Latina que piensa de esa forma. Aquí el 52% piensa de esa forma, que no es posible la democracia sin partidos, ¿pero, qué pasa con el 48% restante? Se subestima a toda esa gente porque generalmente no vota y generalmente no lo hace porque no se inscribe y no se inscribe porque no están afiliados a los partidos y por tanto estos no tienen interés en ellos.   

 

 Esa es la razón del no a la inscripción automática, no tanto el hecho de que se echarán a perder los planilleros y recomendados, sino el hecho de que los no afiliados puedan llegar a ser mayoría y definir por sí solos otra candidatura que no sea la corporativa.   

 

El año del Bicentenario es una oportunidad excelente para que los partidos políticos paraguayos realicen una miradita al interior de sus organizaciones para que descubran sus falencias y vicios, pero por sobre todo para tener una radiografía de la calidad de sus dirigentes y de la vaguedad de sus propuestas para el Paraguay de los próximos años y décadas.   

 

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