Mabel Rehnfeldt

A partir de hoy el diario abc revelará los cables enviados por la Embajada norteamericana en nuestro país y remitidos a varias oficinas, incluyendo organismos de seguridad de los Estados Unidos de América como el Departamento de Estado, la CIA, el FBI o la DEA. WikiLeaks –al igual que lo ha hecho en otras partes del mundo y últimamente casi en toda América Latina– hace el milagro de transparentar lo oculto y dar visibilidad a aquellas políticas que no se discuten en público y generalmente permanecen ocultas. Calladamente, con lenguajes diplomáticos que dicen una cosa y revelan otra muy distinta entre cuatro paredes.

Se acepta consensuadamente que la política internacional es el arte de la hipocresía para estar bien con todos. Pero cuando la hipocresía y las contradicciones parten de nuestras propias autoridades y entre ellas mismas, entre los poderes del Estado o entre las partes que componemos un país, de lejos se tiene la impresión de un Titanic que navega sin rumbo y directo hacia algún glaciar que nadie sabe dónde está ni cómo golpearemos.   

 

Particularmente, la sorpresa no es que USA reporte lo que pasa a nivel local –se sabe que parte del trabajo de las embajadas está en informar a sus gobiernos las conductas políticas y económicas de sus países húespedes–. Lo que impacta es lo que han dicho a la Embajada nuestras propias autoridades (desde Lugo para abajo) y los políticos que ejercen en la fauna criolla local, algunos bajo el manto de la extrema izquierda que dice detestar a EE.UU., pero no tiene reparos en reunirse con ellos a escondidas. Lenguajes díscolos y fariseos se pasean en medio de rencillas dentro del propio gabinete del Ejecutivo, donde unos opinan CONTRA los otros y pocos informan SOBRE los otros.   

 

Nos ven flojos, débiles, faltos de políticas, desbordados por la corrupción y la inseguridad. Alaban a muy pocos funcionarios y acusan duramente y sin pelos en la lengua a otros. Abrir el libro negro de WikiLeaks Paraguay es como abrir el libro de Las Mil y Una Noches, donde los cuentos parecen interminables y narrados para mantener alimentados el morbo político de sedientos ojos allende nuestras fronteras. Escándalos de paternidades, las verdaderas opiniones sobre Venezuela y Bolivia, comandantes de policías corruptos y otros débiles, el estilo ‘kamasutrístico’ de cambiar de posturas y coherencias convierten a los cables en una pieza singular.   

 

Algún que otro sarcasmo y hasta detalles jocosos transforman algunos reportes en vibrantes informes con público asegurado. Y el problema no es el mensajero, sino nuestras autoridades que alimentan las noticias con ese estilo macondiano de hacer las cosas.   

 

Es difícil que alguien nos vea serios si nosotros primero no nos comportamos como tales y aplicamos políticas de Estado maduras. Es difícil que no hagan chismes ni chistes sobre nosotros si primero no elevamos nuestras propios niveles de discusión. Mirar WikiLeaks Paraguay es algo parecido a aquello que dice que nunca es triste la verdad. Solo que no tiene remedio.

 

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