Un gremio de empresarios del transporte anuncia la agudización de las reguladas -una drástica disminución en la cantidad de buses en circulación- y ahora también el despido de una gran cantidad de trabajadores. Se trata de una práctica extorsiva que ha merecido la unánime condena de la ciudadanía y que debe ser resistida por las autoridades, que no pueden negociar ni dialogar bajo amenaza. El problema del transporte público -más allá del asunto puntual del incremento del precio del pasaje- tiene que ser abordado globalmente y debe ser una prioridad para el Gobierno, pues constituye un servicio estratégico del cual depende la normal funcionamiento del aparato económico, de la administración pública y del sistema educativo. Cientos de miles de personas se desplazan diariamente utilizando los buses sucios y en mal estado -poniendo en riesgo sus vidas- debido a que no tienen otra alternativa.

Ante la ausencia de otros medios de transporte una gran porción de la población se ve forzada a hacer uso de este pésimo servicio.

Por diversas razones, el tema del transporte público ha caído en una suerte de limbo institucional. La Secretaría del Transporte del Área Metropolitana (Setama) en todos los años que lleva funcionando no consiguió ordenar el servicio ni impulsar mejoras. Se trata de un organismo carente por completo de autoridad, cuyas revisiones técnicas o decisiones organizativas no son respetadas por ninguna empresa de transporte. En rigor, más que una entidad de regulación dotada del poder suficiente, Setama es una oficina consultiva destinada a legitimar los reclamos de los transportistas y a prestar un supuesto soporte técnico a los pedidos de aumento de pasaje. Es imperiosa una profunda revisión del carácter de esta institución y evaluar la manera en que, en el corto plazo, el transporte público deje de ser un coto cerrado manejado por un reducido grupo de personas que buscan lucrar perjudicando a los usuarios y sin brindarle comodidad, seguridad e higiene en sus unidades.

Es fundamental abrir ese mercado a nuevas inversiones, a empresarios honestos dispuestos a adecuar sus servicios a las normas técnicas, laborales y a los parámetros mínimos de calidad. No hay que olvidar además que en la situación actual el transporte público es un factor que agrava el colapso en que se encuentra el tráfico en Asunción y ciudades vecinas. Los buses chatarra son también los principales contaminadores del aire, a través de la emisión de humo negro, plomo y otras sustancias igualmente nocivas.

El poder público debe recuperar su papel en la problemática del transporte mediante acciones enérgicas. Para ello es necesario el diseño de un plan de transformación y renovación del sector que incluya la atracción de inversiones, el respeto irrestricto a las leyes y a las normas técnicas, la elaboración de un nuevo marco institucional para la gestión del transporte público y la implementación de proyectos alternativos, como el metro-bus. El idea guía debe ser posibilitar  el ingreso de nuevas personas y empresas, con perspectivas más modernas acerca del transporte público, un campo de la actividad dominado hoy por quienes se niegan a adaptarse a las más mínimas condiciones de eficiencia de este servicio.

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Anónimo

SIN BUSES CHATARRA

Fecha: 27/03/2011 09:45.


Anónimo

EL VÍA CRUCIS DE LOS PASAJEROS
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El día viernes 8 pasado, de los corrientes, salí del trabajo a las 17.00 hs. Esperé un micro en la ruta que une Limpio con Asunción, específicamente km 19,5 de la ruta 3. Llegó un micro de la línea 24, chapa nº ATH 882 y nº de orden 049. Era un micro de color rojo.

Me subí al mismo y pagué al chofer, que era un joven de más o menos 25 años, los G. 2.300 que corresponden y el mismo no me dio boleto. Le pregunté por qué no me daba boleto y respondió que no tenía.

En ese momento había como 30 personas en el vehículo, todos sin boleto en la mano. Desde ahí controlé y hasta el Botánico subieron como 20 personas más. A ningún pasajero que yo he observado, le dio boleto. Lo grave del caso es que, como el conductor manejaba con cierta velocidad, todos estábamos expuestos a que, en un eventual roce o choque, no podamos justificar que éramos pasajeros de dicha unidad y seamos burlados en nuestra buena fe.

Con este ejemplo yo quisiera aportar algo para que las autoridades tomen medidas y sobre todo reflexionen en el momento de reajustar el precio de los boletos, que de ser así de ninguna manera se merecen los vehículos chatarra. Realmente esto es una burla que desnuda nuestra cultura de aldea.

Antonio G. Moreno E.

CI. 414.441

Fecha: 15/04/2011 13:07.


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