El doctor Héctor Lacognata dejó el cargo de ministro de Relaciones Exteriores arrastrado por el último escándalo de la doble remuneración -en su carácter de titular de la cartera y como consejero de la binacional Itaipú. Su reemplazante, Jorge Lara Castro, es el tercer canciller del gobierno de Fernando Lugo. El momento del cambio es una buena ocasión para analizar al menos someramente la gestión de la actual administración en cuanto a las relaciones del Paraguay con los demás países del continente y del mundo.

Ante todo, interesa el estado de las negociaciones, vínculos y acuerdos con Brasil y Argentina, nuestros mayores socios comerciales y de producción energética. En relación con Brasil, la estrategia del Paraguay, hay que decirlo, se basó principalmente en una apelación a la buena voluntad de las autoridades de aquel país, con quienes el actual gobierno tiene afinidades. Los avances en la negociación de mayores beneficios para nuestro país en Itaipú no han sido refrendados en el Congreso brasileño y continúan sin aplicación. El lobby paraguayo en Brasilia -a cuya cabeza debía colocarse la Cancillería- no ha sido, en este asunto, un factor decisivo. Salvo algunos encuentros entre legisladores de ambos países y unas pocas reuniones con empresarios paulistas, no se hizo visible un plan sistemático y coherente de respaldo a la posición paraguaya sobre Itaipú en los ámbitos políticos y económicos del Brasil.

 

Pese a todo, la correlación de fuerzas al interior del Parlamento brasileño permite abrigar esperanzas de que los convenios suscritos entre Lugo y “Lula” da Silva se harán realidad en algún momento. Otros tres temas son centrales en la relación con Brasil. Las restricciones al comercio de frontera, las trabas proteccionistas impuestas a las exportaciones paraguayas y la situación de los colonos llamados “brasiguayos”. En ninguno de estos temas se han registrado novedades ni se abrieron nuevos diálogos.

 

En el caso de Argentina, dos hechos surgen nítidamente como prioritarios. En primer lugar, el bloqueo a cargas de marcancías con destino a Paraguay en los puertos argentinos, un conflicto que aún no está resuelto del todo y en el cual la Cancillería tuvo una actuación dubitativa y poco firme. En segundo término, la negociación de la deuda de Yacyretá y la construcción de nuevas unidades de generación de energía hidroléctrica en la zona de la represa.

 

Corresponde a los nuevos responsables de la Cancillería demostrar una actitud más activa y propositiva sobre estos asuntos. Para un país como el nuestro es fundamental desterrar la visión rutinaria y burocrática de la política exterior, marcando una presencia más consistente en los debates regionales. En el caso de las relaciones exteriores, el verdadero cambio se producirá cuando éstas sean asumidas como políticas de Estado, y no como un botín de cargos que deben ser repartidos entre operadores partidarios o en función de intereses sectarios o arreglos de cúpulas. Paraguay necesita imperiosamente una política exterior enérgica y creativa, sustentada en la defensa irrenunciable de la soberanía, pero que también sirva de instrumento para atraer inversiones y forjar nuevas alianzas que no se limiten a los países vecinos o sudamericanos, sino que apunten a estrechar lazos con potencias consolidadas y emergentes.

http://www.lanacion.com.py/articulo.php?cambios-en-cancilleria&edicion=2&sec=29&art=16484

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Anónimo

NUEVO CANCILLER ANTEPONE SU BOLIVARIANISMO A LOS INTERESES DEL PAÍS
A juzgar por las declaraciones que formuló inmediatamente después de haber asumido el cargo de ministro de Relaciones Exteriores, Jorge Lara Castro está decidido a imprimir un sesgo profundamente ideológico a la orientación de la política exterior del actual gobierno. Así quedó demostrado cuando destacó como punto prioritario de su agenda las gestiones que impulsará para concretar la incorporación de Venezuela al Mercosur.
Con muy poco tacto y perspectiva diplomática, el nuevo canciller declaró así que el objetivo de su vida es lograr el ingreso del patético Hugo Chávez al proceso de integración regional, y prácticamente ni se molestó en dar a conocer su visión acerca de los asuntos más gravitantes de nuestras relaciones exteriores, detallando las estrategias que pretende poner en práctica para solucionar cuestiones urgentes de gran interés nacional en ese ámbito, tales como la reivindicación de nuestra soberanía energética en Itaipú y Yacyretá.
Tampoco explicó, por ejemplo, de qué manera buscará evitar que en el futuro los argentinos vuelvan a aplicar un oprobioso bloqueo contra el comercio exterior paraguayo, tal como sucedió a fines del año pasado, ni la forma en que logrará resucitar ese muerto que se llama Mercosur, que tantas frustraciones representa para la economía paraguaya y los actores principales de la misma: los empresarios, o lo que hará para evitar que las trabas sigan siendo moneda de uso corriente al interior del desgastado bloque regional.

Ninguna alusión tampoco acerca de los métodos que pretende implementar para restablecer un diálogo productivo con el Congreso, que permita cubrir las dilatadas vacancias en el servicio exterior paraguayo, entre las que sobresale por su importancia estratégica la representación diplomática en el Brasil, cargo para el cual el mismo había sido propuesto, pero que el Parlamento se negó a ratificar debido a su incapacidad de generar confianza en el ámbito legislativo.

En vez de hacer mención puntual respecto de estas álgidas cuestiones, el ministro hizo una vaga alusión a la participación del país en los organismos regionales. Es conocida la simpatía del canciller con el ALBA (Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) y con la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), precisamente las dos instituciones más caras a los afectos bolivarianos del deschavetado presidente de Venezuela. También habló de la necesidad de “recuperar espacios de soberanía”, lo cual, entendido en el lenguaje chavista que él reivindica, no significa otra cosa más que alinearse automáticamente con el eje Caracas-Quito-La Paz y denostar contra el terrorífico “imperio” estadounidense, nación demonizada por la trasnochada izquierda radical latinoamericana.

Su falta de experiencia, de trayectoria y de tino diplomático fue inmediatamente puesta de manifiesto por sus ex correligionarios del Partido Liberal Radical Auténtico, partido político en el que honrosamente militó su valiente señora madre, la recordada doña Carmen Casco de Lara Castro, pero del cual él se apartó –no sin atacarlo antes arteramente– para integrar las filas del bolivarianismo marxista criollo y obtener un puesto de relevancia en la administración pública.

También el Partido Patria Querida expresó su pública disconformidad con la designación del nuevo canciller, destacando que “como vicecanciller se preocupó mucho más por defender sus ideologías políticas que los intereses del país”, y lamentando que una vez más primen las consideraciones de carácter partidario en vez del interés nacional a la hora de designar a un ministro de Relaciones Exteriores.

El nombramiento de Lara Castro viene así a profundizar la opción del actual gobierno por el socialismo bolivariano del siglo XXI, engendro político concebido por el gorila Hugo Chávez para consolidar un proceso de dominación y hegemonía en toda nuestra región. A su servicio declara estar el nuevo canciller paraguayo cuando asegura que su prioridad es incorporar a este impresentable al Mercosur, fanfarroneo verdaderamente intrascendente en lo que respecta a los verdaderos intereses de la República del Paraguay.

El ingreso de Venezuela al Mercosur es crucial, pero no para los paraguayos, sino para los argentinos y los brasileños, con quienes el cuestionado líder caribeño mantiene ingentes negocios petroleros. En el primer caso, Chávez se ha convertido incluso en uno de los principales tenedores de la deuda externa argentina, de donde bien se comprende el ultimátum lanzado por la presidenta Cristina Fernández viuda de Kirchner en el transcurso de la última cumbre presidencial del bloque, cuando intimó a los parlamentarios compatriotas a ratificar el Protocolo de Adhesión.

Al servicio de ellos se pone, pues, nuestro canciller. La opción del Presidente no pudo ser peor. Otros candidatos había con mayor trayectoria y representatividad que el finalmente escogido. Sin lugar a dudas, es evidente que tanto para Lugo como para Lara Castro la afinidad ideológica está muy por encima de los altos intereses de la patria. Negro futuro le prometen a la Nación.
http://www.abc.com.py/nota/nuevo-canciller-antepone-su-bolivarianismo-a-los-intereses-del-pais-7179/





Fecha: 24/03/2011 07:02.


Andrés Granje

EL NUEVO CANCILLER.

Finalmente el Poder Ejecutivo le aceptó la renuncia al canciller Héctor Lacognata y el Presidente designó en su reemplazo a Jorge Lara Castro, bueno en puridad de verdad, creemos que el gobierno destituyó a Lacognata, no tenía otro camino después del affaire del doble sueldo, lo de renuncia suena mas bien a eufemismo para maquillar con buenos modales el raje ignominioso del ahora ex canciller, que traicionando su pasado de lucha, férreo opositor al gobierno de Alfredo Stroessner desde su puesto de combate, el hospital de clínicas, metió la mano en la lata del estado, adueñándose de un doble sueldo que no le correspondía , por un lado percibía su sueldo de canciller y el otro el de asesor de la entidad binacional Itaipu, lo que planteaba un grave conflicto ético con derivaciones en el campo de la política internacional.
En su reemplazo nombraron al Dr., Jorge Lara Castro, hijo de una gran luchadora, heroína de la libertad Doña Carmen de Lara Castro, liberal de prosapia y de convicción, su hijo milita en un partido socialista y ocupa el cargo por el cupo de izquierda de la alianza, sector al que también pertenecía Lacognata, muchos dicen que el principal conspirador y el que entregó documentos a la prensa donde figuraba la anomalía de su antecesor fue el actual flamante canciller, también que se afilió a Tekojoja solamente para congraciarse con Lugo. De cualquier manera y más allá de dar crédito a estas murmuraciones, que de ser ciertas son gravísimas, lo cierto es que la presencia de Lara Castro en la cancillería no genera muchas expectativas, sobre cambios en la política internacional del país y no por la ineptitud del recién nombrado cuya capacidad recién podremos apreciar con el tiempo.
Sino porque El Paraguay desde hace mucho tiempo no tiene una política Internacional, esto hasta el saliente Lacognata le reconocía en una infidencia a la embajadora norteamericana, como filtra uno de los cables sobre el país de Wiki Leaks, que publicó el diario ABC Color. Algo que por otra parte es evidente y notorio, pero que también demuestra el sincericidio mortal de nuestros funcionarios públicos poco preparados y además lengua floja con los diplomáticos acreditados, solamente por esto tendría que haber sido rajado Lacognata. Lo cierto es que mas allá del apellido del que ocupa el cargo, nada cambiara en nuestra política internacional, porque el problema no es de nombre ni de hombres, sino por la ausencia de planes y estrategias para el relacionamiento internacional, no existe guía, ni norte en la materia y así cualquiera que ocupe el cargo por mas esfuerzo que haga tiene de antemano asegurado el fracaso.
Algunos inclusive, tuvieron la peregrina idea que algo pueda cambiar, que el país fuera a tener una política externa mas vigorosa, mencionan que en este momento especial por lo que esta pasando en el mundo y la región, reemplazar a un canciller pudiera significar un cambio de política a nivel gobierno, nada de eso ocurrirá porque el gobierno no tiene ningún plan B o C para nuestras relaciones internacionales y la salida de Lacognata es porque el Presidente Lugo ya no pudo soportar la presión de la opinión publica por el escándalo del doble sueldo y antes de que se siga deteriorando la imagen del gobierno y su propia figura decidió defenestrar a su canciller. Después de todo siempre los Ministros son los fusibles que saltan con los problemas.

Fecha: 24/03/2011 07:26.


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