por Gustavo de Gásperi (*)

Con todo el respeto imaginable que el ex presidente Lula se merece, quisiera, con la timidez y humildad que caracteriza a los paraguayos, comentar la impresión que sus palabras, reproducidas en ABC Color del 24 de marzo pasado, pronunciadas en el Carmelitas Center, produce en lectores libres, despojados de la obligación protocolar de aplaudirle, aun cuando no se esté de acuerdo con sus ideas.   

 

Tal vez sería de mal gusto e inoportuno recordar que en el Nº 298, de setiembre del 2009, en la Revista Acción de los Jesuitas del Paraguay fue publicado un artículo de quien suscribe, bajo el título: “Debemos prepararnos para el conflicto jurídico con el Brasil”, en cuyo párrafo inicial decíamos: “Sería quizás muy osado imaginar que Luiz Inácio Lula Da Silva haya venido al Paraguay con la idea de desarticular, desmontar el dispositivo intelectual, jurídico y técnico que el presidente Lugo, la Comisión de Negociación de Binacionales Hidroeléctricas, los periodistas y la opinión pública fueron formando como un ventarrón en el horizonte, nunca visto en torno a ideas de interés nacional”.   

 

Luego de lo transcripto seguía el desarrollo de ideas muy similares a publicaciones recientes del suscrito empecinado en la nulidad de las cláusulas del Tratado de Itaipú con que el Brasil volcó los dados y permitió que el Brasil lleve para sí todo el dinero generado por la presa de ITAIPU, con excepción de una “propina o contribución”, como calificó posteriormente su heredera, hoy Presidente del Brasil, señora Rousseff.   

 

Ahora regresó el señor Lula y nos da consejos para la redistribución de la riqueza, o la reducción de las desigualdades, al par que por iniciativa de un conocido ministro izquierdista vienen consejeros europeos muy bien pagados a darnos clases sobre nuestra baja carga tributaria, la necesidad de imponer nuevos impuestos, etc.   

 

Creo que el Paraguay está en un “baile de chicas feas” como definía a la política el inolvidable amigo Enriquito Riera Figueredo. Tenemos que aprender a bailar con ellas, pero dejar en claro algunas precisiones indispensables.   

 

Los paraguayos no debemos tolerar más los malos gobiernos, ni los gobiernos grandes, porque ellos quieren el dinero para multiplicar los “cargos” como se llaman aquí los empleos ocupados por burócratas encargados de poner peros a toda iniciativa productiva.   

 

La peor peste que nos han legado “los que sabemos” es la burocracia dirigida, por lo general, por mediocres que se autoendiosan para que su poder sea mayor y más duradero.   

 

No creo que exista en el mundo pueblo alguno que sepa más que el paraguayo trabajador de todo cuanto antecede, pero curiosamente nos callamos y permitimos que los socialistas (así se llaman) sigan buscando la “reelección” del amo de turno, antes de ahora y ahora.   

 

Todo el inentendible lenguaje de los partidarios de las sábanas (en política) no significa otra cosa que más Lula, más consejeros, más técnicos y por sobre todo, más mentiras.   

 

Quiera la Naturaleza o Dios, que se acaben los “no diestros”.   

 

(*) Abogado. Columnista invitado

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