CRECIMIENTO QUE DUELE

Por Luis Saguier Blanco Past President del Club de Ejecutivos del Paraguay

Los analistas privados pronostican que la economía superará este año el crecimiento previsto por el Gobierno de 4% para el 2011, situando dicha cifra más hacia los niveles del 6% o 7%. En otras palabras, el poder adquisitivo y la demanda como un todo han venido felizmente creciendo durante todo el 2010 y se espera lo mismo para este 2011.

El problema de Paraguay es que no se ha preparado para este crecimiento. No hay cemento ni electricidad. No hay buques transportadores de nuestros productos de importación y exportación ni dragas para asegurar un tránsito de todo tiempo. Tampoco hay calles que soporten la cantidad de vehículos que circulan por nuestras avenidas, y ni siquiera desagües pluvial y cloacal que den abasto a la expansión edilicia.

 

No hay logística, o se encuentra totalmente colapsada. En su ausencia hay aviones repletos de carga y precios del transporte subiendo por las nubes. No tenemos un aeropuerto ni otras vías de acceso para nuestros productos de exportación e importación porque hemos sido incapaces en viabilizar la conexión a Chile y así utilizar los puertos del Pacífico en lugar de depender de Argentina o Brasil. No tenemos escuelas públicas, ni salud pública que dén abasto a la demanda de servicios medianamente razonables. Y no hemos avanzando en educación, mientras la corrupción da la sensación de ir en aumento.

 

Por todo lo mencionado, el crecimiento económico es entonces un problema de oferta. No tenemos esa oferta que pueda proveer bienes y servicios a esa demanda que no es otra cosa que el aumento del poder de consumo, cuando una economía crece. Convengamos en que es intolerable un Estado inútil y obeso al gastar en cosas superfluas y en planilleros. Pero el problema no es solo ese, sino que el Estado tampoco permite la iniciativa privada para solucionar estos cuellos de botella. La falta de liderazgo y de visión de las soluciones a estos problemas no son privativos del Poder Ejecutivo, sino que el Parlamento acompaña dicha miopía con proyectos corplacistas, que en nada colaboran con la misión de llevar el crecimiento económico al bienestar económico.

 

Como surge de este análisis, Paraguay podría sostener por décadas un crecimiento económico del 9% o 10%, que nos permitiría en 7 u 8 años reducir la pobreza a niveles compatibles con el Mercosur. El problema es que como la infraestructura no está preparada, como no tenemos esa oferta que mencionamos, queda una sola cosa por hacer: "bajar la demanda". Es decir, disminuir el poder de consumo de la gente hasta los niveles (bajos) que vuelvan a equilibrarla con la oferta.

 

Triste, muy triste, pero cierto. El Banco Central no tiene otra opción. No se hicieron las reformas, el aparato Estatal sigue creciendo a expensas del pueblo que reclama salir de la pobreza. Para eso debemos mantener los altos niveles de crecimiento, pero el Estado no hace ni deja hacer. Este es el círculo vicioso que nos ha atrapado hace por lo menos 20 años.

 

Es muy doloroso volver a bajar el poder adquisitivo de la gente subiendo las tasas de interés porque no tomamos en serio la solución de estos "inhibidores" del crecimiento económico.

 

Si queremos realmente sacar a nuestros compatriotas de la indigencia, y sabiendo la inutilidad y negligente evolución del Estado, entonces hay que facilitar al sector privado que invierta y nos permita llegar a esos niveles de oferta de bienes y servicios compatibles con el aumento de la demanda. Solo con inversión podremos lograr el crecimiento adecuado que traslada los beneficios a los más pobres y busca el bienestar de nuestro pueblo.

 

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Una marcha con pocos resultados

Por Luis Carlos Irala luis

Los campesinos nucleados en la Federación Nacional Campesina (FNC) realizaron el jueves la decimooctava marcha del campesinado pobre. La movilización tuvo características muy especiales, en el sentido de que fue muy ordenada, pacífica, hasta en un ambiente familiar, y se pudo apreciar una menor participación de personas. Pero lo triste es que se fueron así como vinieron: con las manos vacías.

Si bien los organizadores adelantaron que en esta oportunidad no presentarían ningún reclamo y tampoco solicitaron hablar con los representantes del Poder Ejecutivo, ninguno de los responsables de la administración del Estado buscó la forma de dialogar o por lo menos escuchar los reclamos.

Los dirigentes de los campesinos hicieron escuchar su voz de protesta contra las promesas incumplidas del Gobierno y al parecer perdieron la esperanza de que se cumpla lo prometido, por lo que en esta oportunidad ya no vinieron con ninguna propuesta, pero sí recordaron sus viejos reclamos incumplidos.

La inacción del Gobierno para apoyar a los labriegos en sus respectivos asentamientos fue el punto más criticado por los que hicieron uso de la palabra. Criticaron la creación de la Coordinadora Ejecutiva de la Reforma Agraria (Cepra) que realizó varios relevamientos de la situación de los campesinos, pero todo terminó en informes y nada de cuestiones prácticas.

La marcha se caracterizó por ser muy ordenada, pacífica y se desarrolló hasta en un ambiente familiar, ya que se pudo observar que familias enteras marchaban para llamar la atención del Gobierno y tentar, una vez más, sensibilizar a las autoridades sobre sus necesidades relacionadas con el apoyo para la producción, educación para sus hijos y atención sanitaria para las mujeres y niños.

La movilización se realizó de forma muy modesta, pues según los mismos dirigentes la precariedad económica se agudizó en el campo, lo que impidió contar con mayor cantidad de personas.

Otra de las razones de la escasa participación puede ser el mismo hecho de que ya son 18 años que llegan hasta la capital en reclamo de sus derechos, pero poco fue lo que obtuvieron hasta ahora.

Ocurre que dentro mismo del Poder Ejecutivo existe disparidad de opiniones en cuanto a la forma de encarar la reforma agraria. El debate interno crea fricciones, pedidos de renuncia, cambio de ministros y de directores y finalmente no se avanza en la ejecución de los programas de apoyo al campesinado.

La disparidad de filosofías alarga los debates y la falta de acuerdo trunca la ejecución de proyectos. Mientras, los labriegos siguen desamparados y se defienden como pueden.

Los campesinos criticaron a los latifundistas, a las personas que tienen muchas tierras improductivas, y reclamaron que ese punto sea atendido de tal suerte a tener una distribución más equitativa.

De que hace falta una reforma agraria, no hay dudas. Lo que no se sabe es si el actual Gobierno -donde chocan diversas filosofías- podrá hacerlo o si pasará el tiempo que le queda en el poder apenas para que uno y otro sector traten de imponer sus ideas. Mientras, el campesinado seguirá en el abandono y desamparo estatal.

Fecha: 26/03/2011 17:13.


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