por Ilde Silvero

Casi todos los dirigentes políticos que hablaron sobre el tema dijeron que estaban a favor de la inscripción automática de los ciudadanos en el Registro Electoral. Los diputados aprobaron de entrada el proyecto en general señalando la necesidad y las virtudes de la propuesta legislativa. Llegó el momento de estudiar en particular y, primero, no hubo quórum y, segundo, la mayoría votó en contra de analizar el tema y chutaron la pelota a las calendas griegas. Un ejemplo más de que se dice una cosa y se hace otra.   

 

El “hagan lo que yo digo, pero no lo que yo hago” es una práctica antigua en nuestra sociedad. Frente a las cámaras de televisión, los micrófonos y los flashes de los fotógrafos, todos somos grandes demócratas y líderes ejemplares, dignos de dar clases de educación cívica incluso a los parlamentarios europeos. Výro rei la Lincoln y Mandela. Para más, si el que habla es medianamente inteligente y es pico de oro, ahí ya tendremos a la democracia personificada.   

 

Pero la cruda realidad diaria nos muestra hechos distintos, a veces contradictorios, con lo expuesto en público. Quien denuncia casos de corrupción cobra ilegalmente dos o tres salarios públicos. Quien pregona la política como servicio al pueblo colocó 50 “planilleros” en la Justicia Electoral. Quien llegó al poder para combatir los negociados y restaurar la honestidad administrativa compró miles de kilos de coquitos al triple del precio del mercado. Quien preside un poder del Estado hace subvalorar todas sus propiedades para pagar menos impuestos. El entonces presidente Lula prometió revisar el Tratado de Itaipú y luego se olvidó del tema.   

 

La enorme lista incluye no solo a políticos. Los taxistas encargados de transportar a personas no quieren someterse a una verificación técnica de sus vehículos. Los guardiacárceles introducen celulares, bebidas alcohólicas y damas de compañía para los presos VIP. Muchos policías andan uniformados correctamente de día y se transforman en oscuros robacoches por la noche. Algunos educadores que se llenan la boca con su gran tarea de formar a los niños en valores, en la clandestinidad abusan sexualmente de los menores. Algunas madres “aman” tanto a sus hijos que no pueden separarse de ellos y los usan como ganchos para pedir limosnas frente a los semáforos.   

 

La única verdad es la realidad, han dicho grandes pensadores. No debemos olvidar esta frase surgida de la dura experiencia cotidiana. En la práctica significa que no importa nada lo que dicen los dirigentes públicos, las bellas palabras de los discursos o mensajes escritos. Lo único que nos debe interesar es ver qué hacen. Por sus frutos los conoceréis. Las palabras las lleva el viento en tanto los hechos cercenan nuestros derechos, nos excluyen injustamente o castigan nuestros bolsillos.   

 

Cuando un juez proclama que va a impartir justicia, atención con los afectados que la vara puede castigar a los buenos y liberar a los malos. Cuando un legislador dice que quiere mejorar y democratizar los medios de comunicación, cuidado, quizás lo que busca es silenciar a los que lo critican.   

 

Las palabras y los escritos siempre nos prometen el cielo y la felicidad eterna, pero las acciones concretas de las personas colocan piedras y espinas en nuestro camino.    

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