La solución del problema del aprovechamiento de las aguas del río Pilcomayo en el lado paraguayo debe contemplar la realización de un riguroso estudio de impacto ambiental. Atañe a la Comisión Nacional del Pilcomayo adoptar las medidas para que, en el menor tiempo posible, se inicie el trabajo científico que permita adoptar decisiones que satisfagan a los sectores involucrados. Lo que tiene que garantizarse es que el líquido llegue a todos en forma equitativa.

Por cambiar de cauce en forma permanente, el Pilcomayo es conocido como un río errante. Históricamente, su itinerario de 2.500 kilómetros -originado en territorio boliviano y compartido en los límites de Argentina y Paraguay- ha conocido innumerables trazados dictados por el capricho de la naturaleza.

 

La disputa más constante suele darse entre las dos naciones a las que sirve de demarcación fronteriza. Ya sea por la negligencia de nuestro país que no siempre toma las determinaciones que permitan que el agua ingrese de manera suficiente a su territorio, o por las avivadas de los argentinos, el conflicto suele circunscribirse al plano diplomático.

 

Esta vez, sin embargo, las desavenencias se dan en el lado paraguayo debido a que algunos ganaderos -actuando unilateralmente-, en la cuenca alta del cauce hídrico, han realizado obras de represamiento que conspiran contra la justa distribución de la riqueza natural entre sus beneficiarios.

 

Una consecuencia inmediata es que, en la cuenca que está debajo de los que han construido obras de retención de las aguas, los productores pecuarios quedan sin la provisión tradicional que les permite desenvolver con normalidad su actividad económica. Obviamente, en términos de perjuicio, el daño causado es considerable.

 

Esta situación se da en un momento en que el río Pilcomayo sufre una acelerada colmatación a través de sedimentos y el arrastre de palos. Esto incide en su habitual modo de comportamiento en relación al vasto ecosistema de esterales y bañados que alimenta.

 

Si a la transformación causada por la naturaleza se le agrega la intervención desatinada de los que ante todo miran sus propios intereses, el peligro de causar daños irreparables al Pilcomayo se acrecienta. Y la experiencia dicta que por las agresiones al ambiente se paga un precio muy elevado. Allí están los huracanes originados en el calentamiento global de la Tierra por la emisión de gases de efecto invernadero, sobre todo por algunas de las grandes potencias mundiales.

 

Ni las canalizaciones compulsivas ni las presiones políticas que se ejerzan en el intento de superar el actual estado de cosas llevarán a un puerto que permita actuar con certeza. Es más: las intervenciones que se hagan al margen de un análisis preciso pueden llevar al empeoramiento de lo que ya llega a niveles alarmantes. Los daños actuales pueden ser mínimos comparados con los que podrían sobrevenir.

 

Es necesario, por eso, que la Comisión Nacional del Pilcomayo recurra a un estudio del impacto ambiental del río, que permita contar con las coordenadas que lleven a una acción eficaz para el uso racional de su caudal hídrico. De la sabiduría con que sus autoridades actúen en esta coyuntura, depende el futuro del errático curso de agua. Y de los que están en su área de influencia.

 

 

http://www.ultimahora.com/notas/416004--Urge-realizar-un-estudio-de-impacto-ambiental-para-decidir-sobre-el-Pilcomayo

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