por Jesús Ruiz Nestosa

SALAMANCA. Desde hace unas dos semanas me vengo preguntando qué se le debe haber perdido a Fernando Lugo en Vietnam, para que haya tenido que ir a buscarlo. De lo contrario, no encuentro una explicación racional posible. Pero no solo estuvo en Vietnam   sino además visitó el museo que recuerda la larga guerra que mantuvo este país con Estados Unidos.   

Dicen que en una oportunidad, los periodistas le preguntaron a Chou En-lai (Zhou Enlai en la nueva grafía), primer ministro de China desde 1949 hasta su muerte en 1976, qué pensaba de la Revolución Francesa y respondió parsimoniosamente: “Aún es muy pronto para poder hablar de ella”. Lugo tendría que haber leído a Chou En-lai antes de dejar escrito en el libro de visitas ilustres de dicho museo que es en los “Estados Unidos donde a los criminales de guerra llaman héroes”. Si esto demuestra el nivel de inteligencia y el grado de formación intelectual que posee una persona que llegó a ser obispo de la Iglesia Católica, no quiero ni pensar cómo deben ser los que no pasaron de ser curas párrocos.   

 

Discutiendo el tema con un amigo español, de Madrid, me dijo que no debía menospreciar a una persona que obligó al Vaticano a aceptar su criterio. “Es decir –me dijo– puso de rodillas al jefe de Estado más poderoso del mundo. No solo no le impusieron ninguna sanción, sino incluso el Papa le mandó de regalo una pluma fuente con el nombre del Pontífice grabado en ella”. Fruto de ese desconcierto ideológico que se desprende de sus discursos, ha dejado para la posterioridad, con su propia letra y firma, aquello que no debe hacer jamás ningún Jefe de Estado. ¿Cómo convencer a los vietnamitas que no todos compartimos sus ideas, ni las de derecha ni las de izquierda, según se le presente la oportunidad y que ni siquiera le hemos votado.  

 

Para coronar su despiste ideológico, apenas llegó a Asunción, se refirió a los acontecimientos de Libia diciendo que: “Ningún tipo de violencia es justificada. Lo hemos dicho siempre. Ningún tipo de violencia o muerte se debe cernir...”. Pues sí señor, hay montones de guerras a lo largo de la historia que han sido necesarias, y las seguirán habiendo. También hubo revoluciones justificadas: la Revolución Francesa, la Revolución Americana, todas las guerras y revoluciones que nos hicieron países independientes, la I Guerra Mundial, la II Guerra Mundial. Si Estados Unidos no lo hubiera parado a Hitler hoy estaríamos todos cantando marchas militares con el brazo en alto. Bueno, quienes hayan podido sobrevivir a Auschwitz y las cámaras de gas y los hornos crematorios. ¿Por qué no condenamos entonces la revolución cubana, hecha por su líder Fidel Castro ya recurrió a la violencia y hubo muchas muertes no solo en la selva sino también contra el paredón?  

 

“Ojalá la racionalidad, cordura, equidad y sobre todo el principio de autodeterminación de los pueblos, que son dueños de sus propios procesos, puedan ser respetados”, dijo Lugo después de lamentar que las Naciones Unidas hayan legitimado los ataques a Libia. Estoy tentado de calificar de payaso a Muamar el Gadafi si no fuera por la crueldad que ha demostrado a lo largo de sus cuarenta y dos años de dictadura, sus calabozos llenos de presos, las salas de tortura en los sótanos de su palacio de Bengasi, los asesinatos, los juicios sumarísimos para condenar a muerte a sus enemigos. Y cuando su pueblo le dijo “basta”, no tuvo empacho en mandar en contra de su propia gente, a la que llamaba “queridos hijos” en sus discursos, o bien “soy vuestro padre que os ama”, el Ejército en pleno, con aviones de guerra, artillería pesada y sus divisiones blindadas.   

 

Procuro estar al tanto de lo que sucede en Paraguay. Pero no vi en ninguna parte que Lugo ni el Partido Comunista Paraguayo, hayan condenado esa masacre y solo se conmuevan por la intervención de la gente que acudió a auxiliar a un pueblo que estaba siendo masacrado por su propio “padre” y que en un discurso transmitido por televisión alertó que recuperaría las ciudades en manos de los rebeldes y que “no habrá piedad para con los terroristas”. Espero, por el buen nombre de todos, que no lleguemos a leer algún día en los documentos filtrados por WikiLeaks, que el Departamento de Estado le haga a su embajadora en Paraguay la misma pregunta que le hizo a su embajador en Buenos Aires: “¿Hay algún comentario sobre el equilibrio mental de la presidenta?”

 

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