• por Julio Alberto Fleitas A.

La gran diferencia entre aquellos países que crecen económicamente, se desarrollan y están en mejores condiciones de enfrentar los grandes desafíos que se les presentan en materia de salud, educación, infraestructura, seguridad, etc., radica en sus políticas y políticos de alta calidad.

Fundamentalmente en políticos que entienden que las transformaciones necesarias requieren no solo de una buena formación académica, sino también, y sobre todo, de sentido común. Sin embargo, y lamentablemente, desde la caída de la dictadura y estas  más de dos décadas de democracia, nuestros políticos no se han dado por enterados de que viven sometidos y sometiendo a toda la ciudadanía al nefasto círculo vicioso del autoengaño, lo cual ha tenido como resultado el grave atraso del país en muchas cosas.

 

A mi modo de ver, esa limitada visión política, que no va más allá de los intereses propios y del partido político al que representan, les ha impedido visualizar un escenario más amplio y a entender que los cambios que el país necesita no se pueden llevar a cabo, en primer lugar,  en un solo periodo presidencial, ni por un solo partido en función de gobierno, en segundo lugar, sino en sucesivos mandatos.

 

Es allí donde yo veo el constante y terrible fracaso de los políticos paraguayos, que no han logrado entender que el día de mañana cualquiera de ellos, al frente del Poder Ejecutivo,  puede  necesitar el apoyo de los demás para continuar o comenzar un proceso de cambios, tan necesarios y urgentes hoy, de manera que el Paraguay no siga siendo visto como un país infame, que no se merece el respeto de las demás naciones del planeta,  sobre todo de la región.

 

En este contexto, el proyecto de concesión de los aeropuertos internacionales Silvio Pettirossi, Guaraní y del aeródromo de Mariscal Estigarribia es un caso específico que la Cámara de Diputados tendrá que resolver hoy. De más está decir que sacar una buena ley se halla en manos de los legisladores, pero lo que no pueden seguir haciendo es obstaculizar y seguir  postergando indefinidamente mejores días para el país. Este progreso solo se logrará dotándole de buena infraestructura aeroportuaria, portuaria, vial, etc.

 

En relación al Silvio Pettirossi, si consideramos los resultados materiales y visibles de la gestión de la Dirección Nacional de Aeronáutica Civil (Dinac) al frente de nuestra principal estación aérea, se puede ver a simple vista su estado calamitoso, no solo en las prestaciones que debe dar, sino también en servicios conexos como los que prestan maleteros, taxistas, “cuidadores” del estacionamiento, etc., todos los cuales conforman “roscas” cerradas y excluyentes que tienen la “bendición” de alguna autoridad.

 

El diputado Oscar Luis Tuma, en su blog en nuestro diario, oponiéndose al proyecto, sostiene que la “esencia” de las concesiones es dejar a otro que haga lo que “nosotros no podemos hacer”, justificando que esta terminal anda bien hoy así como está. Sin embargo, aquí caben algunas preguntas ineludibles: ¿Quiénes somos “nosotros”? ¿Los políticos y sindicalistas, o el Estado?  

 

Si son los primeros, el diputado desnuda una oprobiosa verdad, ha cometido un “sincericidio”. Pero si se trata del Estado, la verdad es exactamente la opuesta: En virtud del principio de subsidiariedad, el Estado debe hacer todo aquello que los ciudadanos y las organizaciones civiles no pueden hacer, como el uso legítimo de la fuerza para garantizar la seguridad y el cumplimiento de la ley, etc.

 

El legislador señala asimismo que sería solo cuestión de “patriotismo y de superponer el interés general por sobre el particular” la decisión de no permitir la concesión. El argumento del patriotismo es perverso, porque implica que quienes no están de acuerdo con la solución propuesta son antipatriotas. Creo que ser patriota implica hacer lo mejor para el país, no lo que alimenta un falso orgullo o favorecer a cierto sector sindical que solo contribuirá a perpetuar el atraso.

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