"Un diputado me dijo que el negocio de estar en el Congreso no está en su salario de 35 millones...

El voto es la mercadería que mas cotiza, justamente para venderlo es que se matan por llegar al congreso."

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Anónimo

Eran casi las diez; tres mujeres aguardaban en la sala de espera de la Presidencia del Senado.

Fui a llevar una nota de mi coordinadora, exigiendo a los senadores que cumplan con su obligación legal y ética presentando la denuncia penal en el tema Tape Porã.

Una de las mujeres era una ancianita; estaba en zapatillas, tenía un pañuelo colorido liado a la cabeza, una tricota de lana y la ilusión en los ojos.

Las personas eran integrantes de una misma familia: abuela, madre e hija. Entablé conversación con ellas, y con un jopara mbarete enseguida nos entendimos.

Venían de Concepción y esperaban hablar con el asistente del asistente del Presidente del Congreso para pedirles el “único favor” que haría posible que la más joven de las tres sea nombrada o contratada en el Poder Judicial de su localidad.

La aspirante al cargo, según me comentó esta tierna abuelita, ya había rendido el test psicotécnico, pero en el “poder judicial” le dijeron que sería bueno que algún “capo” de algún partido llamara a algún ministro de la Corte pidiendo el anhelado cargo público.

Le expliqué mi visión en mi mal guaraní (herencia de un sistema educativo mediocre), que no debería ser necesario tener que hablar con el asistente del asistente para que le diga al presidente que llame a un ministro a fin de ser nombrada, que en cualquier país serio eso debería ser por concurso de méritos, y me dijo que su necesidad no puede esperar a que en el Paraguay se respete la ley.

Mientras conversábamos, cuatro senadores atravesaron la sala; los cuatro iban “apurados” con aires de importancia. Ninguno saludó a quienes estábamos a su paso, fingiendo que éramos invisibles.

Yo entiendo, no estamos en campaña electoral para que nos llenen de abrazos y mimos, pero la verdad que el saludo es un imperativo de buena educación, y más aún si el que debe saludar es un representante del pueblo.

La escena terminó cuando la mujer me enseñó la nota dirigida a la Presidenta de la Corte que debía firmar Marito y mi tristeza de ser “testigo” de que todo en este país es ¡una auténtica FARSA!

Kattya González

Fecha: 11/06/2016 08:11.


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