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PARÁBOLA MODERNA

Un grupo de científicos colocó cinco monos en una jaula, en cuyo centro colocaron una escalera y, sobre ella, un montón de bananas. Cuando un mono subía la escalera para agarrar las bananas, lo científicos lanzaban un chorro de agua fría sobre los que quedaban en el suelo.

Después de algún tiempo, cuando un mono iba a subir la escalera, los otros lo agarraban a golpes. Pasado algún tiempo más, ningún mono subía la escalera, a pesar de la tentación de las bananas. Entonces, los científicos sustituyeron uno de los monos.

La primera cosa que hizo el mono nuevo fue subir la escalera, siendo rápidamente bajado por los otros, quienes le acomodaron tremenda golpiza. Después de algunos golpes, el nuevo integrante del grupo ya no subió más la escalera. (Aunque nunca supo porque le pegaron).

Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo.

El primer sustituto participó con entusiasmo en la golpiza al novato.

Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho, lo volvieron a golpear. El cuarto y, finalmente, el último de los veteranos fue sustituido.

Los científicos quedaron, entonces, con un grupo de cinco monos que, aún cuando nunca recibieron un baño de agua fría, continuaban golpeando a aquel que intentase llegar a las bananas.

Si fuese posible preguntar a algunos de ellos por qué le pegaban a quien intentase subir la escalera, con certeza la respuesta sería:

No sé, ¡Las cosas ¡siempre se han hecho así, aquí! ¿Te suena conocido?

Todo siguió así hasta que de nuevo un mono probó volver a subirse y se dieron cuenta de que ya no había agua y entonces subieron todos a la vez y comenzaron a pelearse por las bananas de nuevo.

Al ver los científicos que se peleaban todos, volvieron a tener excusa para volver a mojarlos para ver que pasaba.

Si en vez de monos fueran humanos, será que buscarían la forma de bajar las bananas entre todos sin ser mojados para comerlas en paz?

 

 

Por: Francisco Lucas sscc

Creo que el Sr. Presidente, en condiciones normales, ojo!,debería dimitir ya!

     Si quiere seguir teniendo una mínima dignidad, tras ofender al país entero.

     Aunque no haya sido su intención. (El pueblo acuñó: “de buenas intenciones está lleno el infierno”)

Pero si por “razón de Estado”, la dimisión fuese más perjudicial al país

     Al menos, debe pedir perdón clara y públicamente, por este orden:

  A todas las mujeres  con las que tuvo relaciones sexuales, seducidas o seductoras!.

  A los hijos/as que haya tenido y negó su cariño paterno al que tienen derecho.

  A la Iglesia Católica -1ª Institución ofendida-  basureada una y otra vez.

  A su hermosa Congregación del Verbo Divino.

5º Al país entero al que ocultó por acción u omisión, sus fechorías, durante la campaña electoral.

  Al Congreso de Diputados y Senadores elegidos por el pueblo, al que representan, sean, o no, algunos también corruptos o incluso más.

  Al Señor Vice-Presidente por el maltrato y manoseo vergonzoso, público y reiterado.

  A los ministros destituidos, por la forma irrespetuosa y de mala educación.

Y no vale que sus enemigos, estén montando una perversa campaña  para hundirlo, olvidando su propia corrupción, y “del árbol caído quieran hacer leña”. La presunta perversidad de ellos no justifica las culpas suyas. Más aun con esta posible confesión sincera se elevaría mucho sobre ellos.

En cambio, no siendo mi especialidad la política, pero pese a ello, dudo de que sea lo mejor hacerle “juicio político”, porque en esta situación lo prioritario es el pueblo paraguayo que necesita gobierno y programas ya, inmediatos; y no enzarzarse en divisiones, nuevos cabildeos, demoras irrecuperables etc.

Así mismo en lo personal, lo que le va  a ser muy difícil, urge dar cariño y respaldo a los hijos que fue dejando en su tortuoso camino pastoral.

Aún podría esperarse que como compensación a semejante deuda  con la Iglesia, la nación y la sociedad entera, se entregara con alma y vida; con total dedicación a gobernar con justicia y practique un “nunca más” a la mentira, deshonestidad, ocultamiento y toda frivolidad.

          Con todo, sigue siendo mi hermano, rezo por él y le deseo un “resucitar” cristiano, ya que todavía tiene una oportunidad como todo pecador.

De esta suerte, lo dicho no es para condenarlo –quién soy yo?- sino para que se salve él, y el pueblo humilde levante cabeza cuanto antes.

       Y tal vez así lograría con el apoyo de muchos o casi todos los que le votaron ayudar a este pueblo tan hundido y que tanto esperó de él.

     Y es lo que deseo y pido.                    

 

El mas grande de todos los generales que tuvo la historia, quien a los 25 años dijo que ya no le quedada nada por conquistar en toda la tierra, estaba preparadose para morir con cerca de  28 años, consigna la historia que  posiblemente a causa de la fiebre amarilla, contraída en las incursiones conquistadoras realizada a través de los montes de la India, mas no por heridas de guerra, este era: Alejandro El Grande, cuyos tres deseos al final de su tiempo han sido....

Hallándose ante su  muerte natural inminente, Alejandro "El Magno", convocó a sus principales generales y les comunicó sus  últimos deseos:

1 - Que su ataúd fuese llevado en hombros y transportado por los mejores médicos de la época.

2 - Que los tesoros que había conquistado (plata, oro y todas las piedras preciosas), fueran esparcidos por el camino a medida que lo recorriese, hasta llegar su tumba, y...

3 - Que sus manos quedaran balanceándose en el aire, fuera del ataúd, y a la vista de todos.

 

Uno de sus generales, asombrado por estos insólitos deseos, le preguntó a Alejandro Magno, si cuáles eran sus razones.

Alejandro, entonces le explicó:

1 - Quiero que los más eminentes médicos carguen mi ataúd para así mostrar que ellos NO tienen, ante la muerte, el poder de curar.

2 - Quiero que el suelo sea cubierto por mis tesoros conquistados para que todos puedan ver que los bienes materiales aquí obtenidos, aquí permanecerán por siempre!!!

3 - Quiero que mis manos se balanceen al viento, para que las personas puedan ver como los despido y que venimos con las manos vacías, y con las manos vacías partimos, cuando se nos termina el más valioso tesoro que es el tiempo.

Al morir nada material te llevas, aunque creo que las buenas acciones son una especie de perfume agradable que nos acompaña...

Finalmente, "EL TIEMPO" es el tesoro más valioso que tenemos porque ES limitado.

Podemos producir más dinero, pero no más tiempo.

Cuando le dedicamos tiempo a una persona, le estamos entregando una porción de nuestra vida que nunca podremos recuperar, nuestro tiempo es nuestra vida.

EL MEJOR REGALO que le podemos dar a alguien es nuestro tiempo y SIEMPRE se le regala a alguien especial o a un buen amigo.

"DIOS NO ESCOGE A LOS CAPACES, sino CAPACITA A LOS ESCOGIDOS"

“No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a las personas y países, porque la crisis trae progresos, la creatividad nace de la angustia como el día de la noche oscura.

Es de la crisis que nacen la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a si mismo sin quedar superado. Quien atribuye la crisis a sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más los problemas que las soluciones, la verdadera crisis es la crisis de la incompetencia.

El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin la crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.

Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos nuestro talento y nuestras habilidades para encontrar soluciones, acabemos de una sola vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla.”

Albert Einstein

 

Somos únicos y singulares en el universo. Cada uno de nosotros es único e irrepetible. Pero esa singularidad sólo podemos vivirla si renunciamos al pasado, que es sólo un recuerdo, y al futuro que es sólo una ilusión y vivimos en el presente “sempiterno”. 

Raimon Panikkar. (Filósofo y teólogo) se ha inventado esta palabra para describir un tiempo que no es ni largo ni corto sino único, el momento en el tiempo en que estás fuera del tiempo.

 

La risa de Juan Pablo II
Es bien conocido el buen humor casi habitual del papa Wojtyla, sin embargo, posiblemente cuando más se ha reído fue con el payaso Japo (vídeo duración 7' 36").

http://www.fluvium.org/textos/iglesia/igl606.htm  

POR DR. JORGE BUCAY, UNIVERSIDAD DE MIAMI

https://docs.google.com/gview?a=v&pid=gmail&attid=0.1&thid=1251a0f4a6512f58&mt=application/vnd.ms-powerpoint&url=https://mail.google.com/mail/%3Fui%3D2%26ik%3De0ff65b787%26view%3Datt%26th%3D1251a0f4a6512f58%26attid%3D0.1%26disp%3Dattd%26zw&sig=AHIEtbQoTk7Y7BJcTvztvarXINKzjbETug&pli=1

 

José Saramago

En algún lugar de la India. Una fila de piezas de artillería en posición. Atado a la boca de cada una de ellas hay un hombre. En primer plano de la fotografía, un oficial británico levanta la espada y va a dar orden de disparar. No disponemos de imágenes del efecto de los disparos, pero hasta la más obtusa de las imaginaciones podrá 'ver' cabezas y troncos dispersos por el campo de tiro, restos sanguinolentos, vísceras, miembros amputados. Los hombres eran rebeldes. En algún lugar de Angola. Dos soldados portugueses levantan por los brazos a un negro que quizá no esté muerto, otro soldado empuña un machete y se prepara para separar la cabeza del cuerpo. Esta es la primera fotografía. En la segunda, esta vez hay una segunda fotografía, la cabeza ya ha sido cortada, está clavada en un palo, y los soldados se ríen. El negro era un guerrillero. En algún lugar de Israel. Mientras algunos soldados israelíes inmovilizan a un palestino, otro militar le parte a martillazos los huesos de la mano derecha. El palestino había tirado piedras. Estados Unidos de América del Norte, ciudad de Nueva York. Dos aviones comerciales norteamericanos, secuestrados por terroristas relacionados con el integrismo islámico, se lanzan contra las torres del World Trade Center y las derriban. Por el mismo procedimiento un tercer avión causa daños enormes en el edificio del Pentágono, sede del poder bélico de Estados Unidos. Los muertos, enterrados entre los escombros, reducidos a migajas, volatilizados, se cuentan por millares.

Las fotografías de India, de Angola y de Israel nos lanzan el horror a la cara, las víctimas se nos muestran en el mismo momento de la tortura, de la agónica expectativa, de la muerte abyecta. En Nueva York, todo pareció irreal al principio, un episodio repetido y sin novedad de una catástrofe cinematográfica más, realmente arrebatadora por el grado de ilusión conseguido por el técnico de efectos especiales, pero limpio de estertores, de chorros de sangre, de carnes aplastadas, de huesos triturados, de mierda. El horror, escondido como un animal inmundo, esperó a que saliésemos de la estupefacción para saltarnos a la garganta. El horror dijo por primera vez 'aquí estoy' cuando aquellas personas se lanzaron al vacío como si acabasen de escoger una muerte que fuese suya. Ahora, el horror aparecerá a cada instante al remover una piedra, un trozo de pared, una chapa de aluminio retorcida, y será una cabeza irreconocible, un brazo, una pierna, un abdomen deshecho, un tórax aplastado. Pero hasta esto mismo es repetitivo y monótono, en cierto modo ya conocido por las imágenes que nos llegaron de aquella Ruanda- de-un-millón-de-muertos, de aquel Vietnam cocido a napalm, de aquellas ejecuciones en estadios llenos de gente, de aquellos linchamientos y apaleamientos, de aquellos soldados iraquíes sepultados vivos bajo toneladas de arena, de aquellas bombas atómicas que arrasaron y calcinaron Hiroshima y Nagasaki, de aquellos crematorios nazis vomitando cenizas, de aquellos camiones para retirar cadáveres como si se tratase de basura. Siempre tendremos que morir de algo, pero ya se ha perdido la cuenta de los seres humanos muertos de las peores maneras que los humanos han sido capaces de inventar. Una de ellas, la más criminal, la más absurda, la que más ofende a la simple razón, es aquella que, desde el principio de los tiempos y de las civilizaciones, manda matar en nombre de Dios. Ya se ha dicho que las religiones, todas ellas, sin excepción, nunca han servido para aproximar y congraciar a los hombres; que, por el contrario, han sido y siguen siendo causa de sufrimientos inenarrables, de matanzas, de monstruosas violencias físicas y espirituales que constituyen uno de los más tenebrosos capítulos de la miserable historia humana. Al menos en señal de respeto por la vida, deberíamos tener el valor de proclamar en todas las circunstancias esta verdad evidente y demostrable, pero la mayoría de los creyentes de cualquier religión no sólo fingen ignorarlo, sino que se yerguen iracundos e intolerantes contra aquellos para quienes Dios no es más que un nombre, nada más que un nombre, el nombre que, por miedo a morir, le pusimos un día y que vendría a dificultar nuestro paso a una humanización real. A cambio nos prometía paraísos y nos amenazaba con infiernos, tan falsos los unos como los otros, insultos descarados a una inteligencia y a un sentido común que tanto trabajo nos costó conseguir. Dice Nietzsche que todo estaría permitido si Dios no existiese, y yo respondo que precisamente por causa y en nombre de Dios es por lo que se ha permitido y justificado todo, principalmente lo peor, principalmente lo más horrendo y cruel. Durante siglos, la Inquisición fue, también, como hoy los talibán, una organización terrorista dedicada a interpretar perversamente textos sagrados que deberían merecer el respeto de quien en ellos decía creer, un monstruoso connubio pactado entre la Religión y el Estado contra la libertad de conciencia y contra el más humano de los derechos: el derecho a decir no, el derecho a la herejía, el derecho a escoger otra cosa, que sólo eso es lo que la palabra herejía significa.

Y, con todo, Dios es inocente. Inocente como algo que no existe, que no ha existido ni existirá nunca, inocente de haber creado un universo entero para colocar en él seres capaces de cometer los mayores crímenes para luego justificarlos diciendo que son celebraciones de su poder y de su gloria, mientras los muertos se van acumulando, estos de las torres gemelas de Nueva York, y todos los demás que, en nombre de un Dios convertido en asesino por la voluntad y por la acción de los hombres, han cubierto e insisten en cubrir de terror y sangre las páginas de la Historia. Los dioses, pienso yo, sólo existen en el cerebro humano, prosperan o se deterioran dentro del mismo universo que los ha inventado, pero el `factor Dios´, ese, está presente en la vida como si efectivamente fuese dueño y señor de ella. No es un dios, sino el `factor Dios´ el que se exhibe en los billetes de dólar y se muestra en los carteles que piden para América (la de Estados Unidos, no la otra...) la bendición divina. Y fue en el `factor Dios´ en lo que se transformó el dios islámico que lanzó contra las torres del World Trade Center los aviones de la revuelta contra los desprecios y de la venganza contra las humillaciones. Se dirá que un dios se dedicó a sembrar vientos y que otro dios responde ahora con tempestades. Es posible, y quizá sea cierto. Pero no han sido ellos, pobres dioses sin culpa, ha sido el `factor Dios´, ese que es terriblemente igual en todos los seres humanos donde quiera que estén y sea cual sea la religión que profesen, ese que ha intoxicado el pensamiento y abierto las puertas a las intolerancias más sórdidas, ese que no respeta sino aquello en lo que manda creer, el que después de presumir de haber hecho de la bestia un hombre acabó por hacer del hombre una bestia.

 

Las necesidades que cada persona considera esenciales para vivir dependen de muchos factores. El grosor de su billetera, la ubicación de la zona en la que resida, el contenido de su nevera o los datos de su pasaporte son decisivos a la hora de distinguir entre lo superfluo y lo necesario. Necesidades que queremos satisfacer para alcanzar la felicidad. La cuestión está en saber qué es la felicidad y cuáles son los requisitos para alcanzarla.

Es probable que existan para estas preguntas tantas respuestas como personas hay en el mundo. Carmelo Vázquez, catedrático de psicopatología en la Universidad Complutense de Madrid, aventura la suya. “En la receta magistral, a mi juicio, tienen que intervenir tres cosas: los elementos hedónicos o de placer, el desarrollo personal y profesional, y por último, el sentir lo que uno hace”, afirma uno de los más destacados profesionales de la psicología positiva en España.

La ecuación no parece en exceso complicada pero la solución sigue enterrada después de miles de años de intentos y aproximaciones fallidas. Tanto es así, que la dificultad de la cuenta estriba en que los elementos que la conforman cambian por completo si hablamos del Norte o del Sur, del pobre o del rico, del dominante o del dominado.

Es difícil establecer comparaciones congruentes cuando, según datos de la ONU, 1.020 millones de personas no disponen de alimentos suficientes para satisfacer sus necesidades nutricionales más básicas. Cifras como éstas deberían ayudarnos a entender que algo no funciona cuando unos pocos saborean las mieles de la abundancia y desdeñan las migajas que para muchos significan la oportunidad de sobrevivir en un mundo mal repartido. El gasto desmesurado de los recursos que se produce en los países desarrollados contrasta con las carencias que sufren los que con su subdesarrollo sustentan la vanidad de los primeros.

Fiel reflejo de esta realidad aparece en uno de los grandes clásicos de la literatura occidental. Oscar Wilde en su única novela, El Retrato de Dorian Gray, incluye numerosas sentencias que, aunque fueron empleadas para la crítica de la sociedad victoriana del Londres decimonónico, hubieran podido referirse a los valores que rigen el mundo posmoderno en él que nos toca vivir. La mayoría de ellas, puestas en boca del personaje Lord Henry Wotton, relatan algunas paradojas que, más de cien años después, siguen vigentes. “Hoy en día la gente conoce el precio de todo y el valor de nada”, reza una de las más recordadas en el imaginario colectivo.

En esta misma línea, la popular pirámide de Maslow pone de manifiesto las dificultades del hombre para discernir lo verdaderamente importante de lo que no lo es y por lo tanto para ser feliz. La teoría del psicólogo estadounidense defiende que conforme se satisfacen las necesidades más básicas, los seres humanos desarrollan necesidades y deseos más elevados. Parece ser que la felicidad, o al menos los caminos que conducen a ella, admiten distintos puertos de llegada lo que no hace descabellado pensar que también ofrezcan algunos atajos que hagan menos tortuosa su búsqueda. Pueden aflorar en los lugares menos pensados. Aunque resulte extravagante, la omnipresente crisis puede ser uno de ellos.

No cabe duda de que la capacidad de resistencia de las personas es enorme. Por ello, la crisis puede servir para que muchos reduzcan sus necesidades o, dicho de otro modo, lleven a cabo un ajuste personal y más realista de las mismas. Es lo que el filósofo y teólogo Leonardo Boff desarrolló en un su artículo, titulado No desperdiciar las oportunidades de la crisis. Aseguraba que “ésta puede ser una buena oportunidad, quizás de las últimas, para la invención de un nuevo paradigma” que sustituya al que ha desembocado en la consecuencias que todos conocemos y sufrimos.

Ser feliz es una necesidad inherente al ser humano. “Me cuesta pensar que nuestra predisposición a ello no tenga una utilidad, no sé si un sentido, en la evolución”, sugiere el académico Carmelo Vázquez. Por eso, para colmar una posible carencia es necesario saber apreciar los destellos de felicidad que se vislumbran en las pequeñas cosas. Es el camino recorrido, no su destino.

David Rodríguez Seoane

Periodista

ccs@solidarios.org.es

 

“Me convertí en vagabundo por la cantidad de vida que había dentro de mi, por la pasión de viajar que palpitaba en mi sangre y que no me dejaba tranquilo.

Emprendí el camino porque no pude evitarlo, porque no llevaba en los bolsillos de mis vaqueros suficiente dinero para un billete de tren, porque no poseía el mismo carácter que aquellos que trabajan toda su vida en un único empleo de largas jornadas laborales.

Y, en fin, porque es implemente más fácil irse que quedarse”.

Jack London

The Road, 1907

 

 Impactante conferencia de un sobreviviente de los Andes.  

 Los consejos de Fernando Parrado, sobreviviente de los Andes

 'Lo importante viene después del trabajo'

 Conmovió a 2,500 ejecutivos en Expo Management con una recomendación: apoyarse en la familia.

    ¿Qué conferencista logra hoy colmar un auditorio de 2,500 ejecutivos  y empresarios, muchos con sus mujeres e hijos, y hablar durante una hora y media sin que nadie pierda detalle del tema ?  

Fernando Parrado,  uno de los 16 sobrevivientes de la tragedia de los Andes, a 36 años de aquella historia que asombró al mundo, consiguió hace algunos meses más que eso: Conmover a un foro de negocios y capacitación empresarial al transmitir las simples moralejas que le dejaron vivir 72 días en plena Cordillera sin agua ni comida.

    Fue durante la jornada de cierre de Expo Management 2008.

 Su presentación, un monólogo sin golpes bajos acompañado por vídeos e imágenes de la montaña, tuvo dos etapas bien diferentes.

 En la primera narró, con un relato íntimo repleto de anécdotas,  los momentos que lo marcaron de aquella odisea a 4000 metros de altura en la que perdió a buena parte de sus amigos, además de su madre y su hermana..  

'¿Cómo es posible sobrevivir donde no se sobrevive?', se preguntó.

 'Sobrevivimos porque hubo liderazgos, toma de decisiones y espíritu de equipo, porque nos conocíamos desde mucho antes', dijo.

    Y arrojó un primer disparador. "En la vida el factor suerte es fundamental"  

Cuando llegué al aeropuerto de Montevideo no daban número de asiento para el avión.

 A mí me tocó, de casualidad, la fila 9, junto a mi mejor amigo.

Cuando el avión chocó en la montaña, se partió en dos.

De la fila 9 para atrás no quedó nada.

Los 29 sobrevivientes al primer impacto viajaban en la parte que quedó a salvo.'  De ellos, dijo, 24 no sufrieron un rasguño.  

Así, los menos golpeados empezaron a ayudar, actuando como un verdadero equipo. Administramos barritas de chocolate y maní al punto de comer un grano por horas cada uno.

 Marcelo, nuestro capitán y líder, asumió su rol para contenernos cuando le preguntábamos qué pasaba porque no llegaba el rescate.

 Decidimos aguantar.'

    Pero días después el líder se desmoronó.

 La radio trajo la noticia de que había concluido el rescate.

'¿Cómo hubieran reaccionado ustedes?

 El líder se quiebra, se deprime y deja de serlo.

Imagínense que yo cierro esta sala, bajo la temperatura de -14 grados sin agua ni comida a esperar quién muere primero.' se hace un Silencio estremecedor de la primera a la última fila.

    'Ahí me di cuenta de que al universo no le importa qué nos pasa.

Mañana saldrá el sol y se pondrá como siempre.

Por lo tanto, tuvimos que tomar decisiones.

En la noche 12 o 13 nos dijimos con uno de los chicos:

«¿Qué estás pensando?»

«Lo mismo que vos.

Tenemos que comer, y las proteínas están en los cuerpos.»

Hicimos un pacto entre nosotros, era la única opción.

Nos enfrentamos a una verdad cruda e inhumana.'

    Desde la primera fila, decenas de chicos llevados por sus padres escuchaban boquiabiertos.

Parrado apeló a conceptos típicos del mundo empresarial.  

'Hubo planificación, estrategia, desarrollo.

Cada uno empezó a hacer algo útil, que nos ayudara a seguir vivos: zapatos, bastones, pequeñas expediciones humanas.

 Fuimos conociendo nuestra prisión de hielo.'

    'Hasta que me eligieron para la expedición final, porque la montaña nos estaba matando, nos debilitaba, se nos acababa la comida.

 Subí aterrado a la cima de la montaña con Roberto Canessa.

 Pensábamos ver desde allí los valles verdes de Chile y nos encontramos con nieve y montañas a 360 grados.

 Ahí decidí que moriría caminando hacia algún lugar.'  

    Entonces sobrevino el momento más inesperado.  Pero 'Esta no es la historia que vine a contar', avisó.

 Y contó que su verdadera historia empezó al regresar a su casa, sin su madre ni su hermana, sin sus amigos de la infancia y con su padre con una nueva pareja.  

    '¿Crisis? ¿De qué crisis me hablan?  

¿Estrés? ¿Qué estrés?

 Estrés es estar muerto a 6000 metros de altura sin agua ni comida', enfatizó.

    Recordó un diálogo fundamental que tuvo con su padre, que le dijo:

'Mira para adelante, anda tras esa chica que te gustaba, ten una vida, trabaja.

Yo cometí el error de no decirle a tu madre tantas cosas por estar tan ocupado, de no compartir tantas festividades con tu hermana, no darme el tiempo de platicar con ellas mis vivencias, no decirles cuanto las amaba'.  

    Y cerró, determinado:

 'Las empresas son importantes, el trabajo lo es, pero lo verdaderamente valioso está en casa después de trabajar: la familia.

Mi vida cambio, pero lo mas valioso que perdi fue ese hogar que ya no existia al regresar.

 No se olviden de quien tienen al lado, porque no saben lo que va a pasar mañana..'

    Una interminable ovación lo despidió de pie ...

  

 "NINGUN ÉXITO EN LA VIDA, JUSTIFICA EL FRACASO EN LA FAMILIA"

    Si TU tienes un calido hogar, piensa que al igual que Yo eres una persona con Suerte !!!  Te toco de la fila 9 hacia adelante, y creeme que la mayoría viaja de la 9 para atrás.

 

https://docs.google.com/gview?a=v&pid=gmail&attid=0.1&thid=12506db7c5f0483a&mt=application/vnd.ms-powerpoint&url=https://mail.google.com/mail/%3Fui%3D2%26ik%3De0ff65b787%26view%3Datt%26th%3D12506db7c5f0483a%26attid%3D0.1%26disp%3Dattd%26realattid%3D0.2%26zw&sig=AHIEtbRthbVlKlZY33ZGbvFCfLZyoc8xaA

 

..Conté mis años y descubrí, que tengo menos tiempo para vivir de aquí

en adelante, que el que viví hasta ahora...

Me siento como aquel chico que ganó un  paquete de golosinas:

las primeras las comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban

pocas, comenzó a saborearlas profundamente.

Ya no tengo tiempo para reuniones  interminables, donde se discuten

estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos,

sabiendo que no se va a lograr nada.

Ya no tengo tiempo para soportar absurdas personas que, a pesar de su

edad cronológica, no han crecido.

Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades.

No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados.

No tolero a maniobreros y ventajeros.

Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más

capaces, para apropiarse de  sus lugares, talentos y logros.

Detesto, si soy testigo, de los defectos que genera la lucha por un

majestuoso cargo.

Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos.

Mi tiempo es escaso como para discutir títulos.

Quiero la esencia, mi alma tiene prisa.........

Sin muchas golosinas en el paquete...

Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana.

Que sepa reír, también de sus errores.

Que no se envanezca con sus triunfos.

Que no se considere electa antes de hora.

Que no huya de sus responsabilidades.

Que defienda la dignidad humana.

Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.

Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.

Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazón de las personas..

Gente a quien los golpes duros de la vida, le enseñó a crecer con

toques suaves en el alma.

Sí. Tengo prisa por vivir con la intensidad, que solo la madurez puede

dar.

Pretendo no desperdiciar parte alguna, de las golosinas que me quedan

Estoy seguro que serán más exquisitas, que las que hasta ahora he comido.

Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos

y con mi conciencia.

Espero que la tuya sea la misma, porque de cualquier manera llegarás......"

 

Mario de Andrade

(Poeta, novelista, ensayista y musicólogo  brasileño)

 

“Es una película mal montada”. Fernando Trueba.

“Es como un cuento relatado por un idiota; un cuento lleno de palabrería y frenesí, que no tiene ningún sentido”. William Shakespeare.

“Cobra sentido cuando se hace de ella una aspiración a no renunciar a nada”. Ortega y Gasset.

“Es un hospital donde cada enfermo está poseído por el deseo de cambiar de cama”. Charles Baudelaire.

“Es fascinante: sólo hay que mirarla a a través de las gafas correctas”. Alejandro Dumas hijo.

“Es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo hay que morirse”. Ernesto Sábato.

“Es una especie de juego de azar, donde todo el mundo piensa que el de al lado sabe lo que está pasando”. Barbara Probst Solomon.

“Es simplemente un cuarto de hora formado por momentos exquisitos”. Oscar Wilde.

“No se ha hecho para comprenderla, sino para vivirla”. Jorge Ruiz de Santayana.

“Es dos pasos adelante y uno atrás”. Oriol Bohigas.

“Es la memoria del pueblo, la conciencia colectiva de la continuidad histórica, el modo de pensar y de vivir”. Milan Kundera.

“Es un juego de probabilidades terribles; si fuera una apuesta no intervendrías en ella”. Tom Stoppard.

“Es aquello que te va sucediendo mientras tú te empeñas en hacer otros planes”. John Lennon.

Una profesora universitaria inició un nuevo proyecto entre sus alumnos.

A cada uno le dio cuatro moños de color azul, todos con la leyenda:

"Eres importante para mi" y les pidió que se pusieran uno. Cuando todos lo hicieron, les dijo que eso era lo que ella pensaba de ellos.  Luego les explicó de qué se trataba el experimento: tenían que darle un moño a alguna persona que fuera importante para ellos, explicándoles el  motivo y  dándole los otros moños para que ellos hicieran lo mismo.  El resultado esperado era ver cuanto podía influir en las personas ese pequeño detalle.  

Todos salieron de esa clase platicando a quién darían sus moños; algunos mencionaban a sus padres, otros a sus hermanos o a sus novios.  Pero entre aquellos estudiantes, había uno que estaba lejos de casa.

Este muchacho había conseguido una beca para esa universidad y al estar  lejos de  su hogar, no podía darles ese moño a sus padres o sus hermanos.  Pasó toda la noche pensando a quién daría ese moño, pero al otro día muy  temprano tuvo la respuesta.

Tenía un amigo, un joven profesional que lo había orientado para elegir su carrera y muchas veces lo asesoraba  cuando las cosas no iban tan bien como él esperaba.  ¡Esa era la solución!. Saliendo de clases se dirigió al edificio donde su amigo trabajaba y en la recepción pidió verlo. A su amigo le extrañó, ya que  el muchacho lo iba a ver después de que él salía de trabajar, por lo  que  pensó que algo malo estaba sucediendo.

Cuando lo vio en la entrada, sintió alivio de que todo estuviera  bien, pero  a la vez le extrañaba el motivo de su visita. El estudiante le explicó el propósito de su visita y le entrego tres moños, le pidió que se pusiera uno y le dijo que "al estar lejos de casa, él era el más indicado para portarlo"; el joven ejecutivo se sintió halagado, no recibía ese tipo de reconocimientos muy a menudo y  prometió a su amigo que seguiría con el  experimento y le informaría de los resultados.

El joven ejecutivo regresó a sus labores y ya casi a la hora de la salida se le ocurrió una arriesgada idea: Le quería entregar los dos moños  restantes  su jefe. El jefe era una persona huraña y siempre muy atareada, por lo que  tuvo que esperar que estuviera "desocupado".

Cuando consiguió verlo, su jefe estaba inmerso en la lectura de los nuevos proyectos de su departamento, la oficina estaba repleta de  reconocimientos y papeles.  El jefe sólo gruñó -"¿Qué desea?"-

  El joven ejecutivo le explicó tímidamente el propósito de su visita y le mostró los dos moños. El jefe, asombrado, le preguntó:    "¿Porqué cree usted que soy el más indicado para tener ese moño?"-.  El joven ejecutivo le respondió que él lo admiraba por su capacidad y entusiasmo en los negocios, además que de él había aprendido bastante y estaba orgulloso de estar bajo su mando. El jefe titubeó, pero recibió con agrado los dos moños, no muy a menudo se escuchan esas palabras con sinceridad estando en el puesto en el que él se encontraba.  El joven ejecutivo se despidió cortésmente del jefe y, como ya era la hora de salida, se fue a su casa.

El jefe, acostumbrado a estar en la oficina hasta altas horas, esta vez se fue temprano a su casa. En la solapa llevaba uno de los moños y el otro lo guardó en el bolsillo de su camisa.  Se fue reflexionando mientras manejaba rumbo a su casa. Su esposa se extrañó de verlo tan temprano y pensó que algo le había pasado; cuando le preguntó si pasaba algo anormal, él respondió que no pasaba nada, que  Ese día quería estar con su familia. Ella se extrañó, ya que su esposo acostumbraba llegar  de mal humor.  El jefe preguntó

-"¿Dónde está nuestro hijo?"- ; la esposa sólo lo llamó, ya que estaba en el piso superior de la casa.  El hijo bajó y el padre sólo le dijo

-"¡Acompáñame!"-.

   Ante la mirada extrañada de la esposa, y del hijo, ambos salieron de la casa... (El jefe era un hombre que no acostumbraba gastar su "valioso tiempo" en su familia muy a menudo). Tanto el padre como el hijo se sentaron en el porche de la casa. El padre miró a su hijo, quien a su vez lo miraba extrañado. Le empezó a decir que sabía que no era un buen padre, que muchas veces se perdió de aquellos momentos que sabía eran importantes.

  Y luego le expresó que había decidido cambiar, que quería pasar más tiempo con ellos, ya que su madre y él eran lo más importante que tenía.

También le mencionó lo de los moños y su joven ejecutivo. Le dijo que lo había pensado mucho, pero quería darle el último moño a él, ya que era lo más importante, lo más sagrado, para él, que el día que nació, fue el más feliz de su vida y que estaba orgulloso de el. Todo esto mientras le prendía el moño que decía: "Eres importante para mí".  El hijo, con lágrimas en los ojos le dijo: -"Papá, no se qué decir...  mañana pensaba suicidarme porque pensé que no te importaba. Te quiero papá, perdóname...."-  Ambos lloraron y se abrazaron, el experimento de la profesora dio resultado, había logrado cambiar no una, sino varias vidas, con solo expresar lo que sentía.... 

Ese es el poder de uno....

Expresar lo que sientes y darle valor a los detalles de la gente que te ama!!!.

Por eso tú para mí... -"¡Eres muy Importante!"-  Hoy yo te entrego 10 moños azules con la palabra escrita "eres muy importante para mí". Tienes q entregarlos a las 10 personas que les  desees  comunicar este mensaje!.. 

Yo te escogí a ti; Adivina porque?..

  -PORQUE ERES IMPORTANTE PARA MI   Y.....

  "Que tengas  un Lindo Día"

Se  cuenta que en una ciudad del interior un grupo de personas se divertía con un idiota de la aldea.

Un  pobre  infeliz,  de  poca  inteligencia,  vivía  de pequeñas changas y limosnas.

Diariamente ellos llamaban al idiota al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas:

 -una grande de 400 reales y

 -otra menor, de 2000 reales.

El  siempre  escogía  la mayor y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos.

Cierto  día,  uno  de  los  miembros  del  grupo le llamo y le pregunto si todavía no había percibido que la moneda mayor valía menos.

 -Lo  se, respondió,  no soy tan bobo. Ella vale cinco veces menos, pero el día que escoja la otra, el jueguito acaba y no voy a ganar mas mi moneda."

 

 Se pueden sacar varias conclusiones de esta pequeña historia.

 La primera: Quién parece idiota, no siempre lo es.

 La segunda: Cuales eran los verdaderos idiotas de la historia?

 La  tercera: Si  tú  fueses  ambicioso,  acabarías  cortando tu fuente de  ingresos.

 Pero la conclusión más interesante es:

 La  percepción de que podemos estar bien, aún cuando los otros no tengan  una  buena opinión sobre nosotros mismos.

 Por  lo  tanto,  lo  que  importa  no  es lo que piensan de nosotros, pero si, lo que realmente somos.

 "El  mayor placer de un hombre inteligente es aparentar ser idiota delante de un idiota que aparenta ser inteligente."

Como seres humanos, debemos buscar que nuestra vida esté tan cargada de sentido como sea posible, preocupándonos por ser felices.

Tan sólo podemos emplear bien el presente. Debemos comportarnos de forma responsable y con compasión por los demás. La compasión, como la justicia, la solidaridad, el ejercicio de la libertad y todas las virtudes, exigen relación con los demás. Ese comportamiento obedece a nuestros intereses porque es la fuente de toda felicidad y alegría, y el fundamento para tener buen corazón. Nuestra felicidad está unida a la felicidad de los demás. Es imposible ser feliz a solas.

Por medio de la amabilidad, del afecto, la honestidad, la verdad y la justicia hacia todos los demás aseguramos nuestro propio beneficio. Es de sentido común.

Podremos rechazar la religión, la ideología y la sabiduría recibidas de nuestros mayores, pero no podemos rehuir la necesidad de amor y compasión.

“Esta es mi religión verdadera, mi sencilla fe. No es necesario un templo o una iglesia, una mezquita o una sinagoga; no hay necesidad de una filosofía complicada, de la doctrina o el dogma. El templo ha de ser nuestro propio corazón, nuestro espíritu y nuestra inteligencia. El amor por los demás y el respeto por sus derechos y su dignidad, al margen de quiénes sean y de qué puedan ser. Esto es lo que todos necesitamos”, decía el Dalai Lama en su libro El arte de vivir en el nuevo milenio.

En la medida en que practiquemos estas verdades en nuestra vida cotidiana, poco importa que seamos cultos o incultos, que creamos en Dios o en el Buda, que seamos fieles de una religión u otra, o de ninguna en absoluto. En la medida en que tengamos compasión por los demás y nos conduzcamos con la debida contención, a partir de nuestro sentido de la responsabilidad, seremos felices.

“Con amabilidad y con valentía, acoge a los demás con una sonrisa. Sé claro y directo. Y procura ser imparcial. Trata a todo el mundo como si fueran tus amigos. Todo esto no lo digo en calidad de Dalai Lama. Hablo solamente como un ser humano; como alguien que, igual que tú, desea ser feliz y no sufrir”.

Cuando algunos se asoman a las máscaras de espejos de los voluntarios sociales, pueden encontrar respuesta en la convocatoria del Dalai Lama a una revolución espiritual que supone una revolución ética.

J. C. Gª Fajardo

SOLIDARIOS para el Desarrollo

fajardoccs@solidarios.org.es

Déjalo hablar porque hay en su pasado un tesoro lleno de verdad, de belleza y de bien.

Déjalo vencer en las discusiones, porque tiene necesidad de sentirse seguro de sí mismo.

Déjalo ir a visitar a sus  viejos  amigos  porque entre  ellos  se  siente  revivir.

Déjalo contar sus historias repetidas, porque se  siente feliz  cuando lo escuchamos.

Déjalo vivir entre las cosas que ha amado, porque sufre al sentir que le arrancamos pedazos de su vida.

Déjalo gritar cuando se ha equivocado porque los ancianos como los niños tienen derecho a la comprensión.

Déjalo tomar un puesto en el automóvil de la familia cuando van de vacaciones, porque el próximo año tendrás remordimientos de conciencia si ya no existe más.

Déjalo envejecer con el mismo paciente amor con que dejas crecer a tus hijos, porque todo es parte de la naturaleza.

Aceptadnos como estamos, ya que como somos no hay la menor duda.

Escrito por Regina Brett, 90 años, de "The Plain Dealer", Cleveland , Ohio

"Para celebrar la llegada a mi edad avanzada, una vez escribí las 45 lecciones que la vida me ha enseñado. Es la columa más solicitada que jamás había escrito." Mi odómetro llegó a los 90 en agosto, así que aquí les va la columna una vez más:

1. La vida no es justa, pero aún así es buena.

2. Cuando tengas duda, sólo toma el siguiente paso pequeño.

3. La vida es demasiada corta para perder el tiempo odiando a alguien.

4. Tu trabajo no te cuidará cuando estés enfermo. Tus amigos y familia sí. Manténte en contacto.

5. Liquida tus tarjetas de crédito cada mes.

6. No tienes que ganar cada discución. Debes estar de acuerdo en no estar de acuerdo..

7. Llora con alguien. Alivia más que llorar solo.

8. Está bien si te enojas con Dios. El lo puede soportar.

9. Ahorra para el retiro comenzando con tu primer cheque de nómina.

10. Cuando se trata de chocolate, la resistencia es inútil.

11. Haz las paces con tu pasado para que no arruine el presente.

12. Está bien permitir que tus niños te vean llorar.

13. No compares tu vida con otros. No tienes ni idea de lo que se trata su travesía.

14. Si una relación tiene que ser secreta, no debes estar en ella.

15. Todo puede cambiar en un parpadear de ojos. Pero no te preocupes, Dios nunca parpadea.

16. Respira profundamente. Esto calma la mente.

17. Elimina todo lo que no sea útil, hermoso o gozoso.

18. Si algo no te mata, en realidad te hace más fuerte.

19. Nunca es demasiado tarde para tener una niñez feliz. Pero la segunda depende de tí y de nadie más.

20. Cuando se trata de persguir aquello que amas en la vida, no aceptes un " no" por respuesta.

21. Enciende las velitas, utiliza las sábanas bonitas, ponte la lencería cara. No la guardes para una ocasión especial. Hoy es especial.

22. Preparate de más, y depués sigue la corriente.

23. Sé excéntrico ahora. No te esperes a ser viejo para usar el morado.

24. El órgano sexual más importante es el cerebro.

25. Nadie está a cargo de tu felicidad, más que tú.

26. Enmarca todo llamado "desastre" con estas palabras: "En cinco años, ¿esto importará?

27. Siempre elige vida.

28. Perdonale todo a todos.

29. Lo que las otras personas piensen de ti no te incumbe

30. El tiempo sana casi todo. Dale tiempo al tiempo.

31. Por más buena o mala que sea una situación, algún día cambiará.

32. No te tomes tan en serio. Nadie más lo hace.

33. Cree en los milagros.

34. Dios te ama por lo que Dios es, no por lo que hayas hecho o dejado de hacer.

35. No audites la vida. Sólo llega y aprovéchala al máximo hoy.

36. Llegar a viejo es mejor que la alternativa--- morir joven.

37. Tus niños sólo tienen una niñez.

38. Todo lo que verdaderamente importa al final es que hayas amado.

39. Sal todos los días. Los milagros están esperando en todas partes.

40. Si todos apilaramos nuestros problemas y vieramos los montones de los demás, rápido arrebataríamos de regreso los nuestros.

41. La envidia es una pérdida de tiempo. Tú ya tienes todo lo que necesitas.

42. Lo mejor está aún por llegar.

43. No importa cómo te sientas... párate, arréglate y preséntate.

44. Cede.

45. La vida no está envuelta con un moño, pero sigue siendo un regalo.

Caminaba con mi padre, cuando él se detuvo en una curva y, después de un pequeño silencio, me preguntó:

- Además del cantar de los pájaros,  ¿escuchas algo más?

Agudicé mis oídos y le respondí:

- Estoy escuchando el ruido de una carreta...

- Eso es, dijo mi padre. Es una carreta vacía.

Pregunté a mi padre:

- ¿Cómo sabes que es una carreta vacía si aún no la vemos?

Entonces mi padre respondió:

- Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía, por causa del ruido. Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace.

Me convertí en adulto y cuando veo a una persona hablando demasiado, interrumpiendo la conversación de todos, siendo inoportuna, presumiendo de lo que tiene de forma prepotente y haciendo de menos a la gente, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo: “Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace”.

Nadie está más vacío que aquel que está lleno de Sí mismo.

No sé mi edad: nací en el desierto del Sahara, sin papeles. Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Malí. He sido pastor de los camellos, cabras y corderos de mi padre. Hoy estudio Gestión en la Universidad de Montpellier. Soy musulmán, sin fanatismo.

A los tuareg nos llamaban los hombres azules por la tela que vela nuestro rostro, el índigo destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados. El azul es el color del mundo, el del cielo, el techo de nuestra casa

Tuareg significa “abandonados”, porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: “Señores del Desierto”, nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.  Somos unos tres millones, pero la población decrece. ¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!

Si estás a solas en el silencio del desierto, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento con los rebaños, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas. Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.

Todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor! Cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso.  ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! En el desierto nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!

Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Cada día caminaba quince kilómetros. Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa. Entendí: mi madre, muerta durante la  sequía, estaba ayudándome.

Mi pasión por la escuela surgió cuando una periodista me regaló El Principito y me habló de él;  yo me prometí que un día sería capaz de leerlo... hasta ganar una beca para la universidad en Francia.

Lo que más añoro aquí es la leche de camella. Y el fuego de leña o de boñiga. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra. Aquí, por la noche, miráis la tele.

Aquí  tenéis de todo, pero no os basta. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa. En el desierto no hay atascos, porque allí  nadie quiere adelantar a nadie.  Me sostiene el recuerdo de que allí, cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde...

Es un momento mágico... Entramos todos en la tienda y hervimos té.  Sentados, en silencio, escuchamos el hervor... La calma nos invade: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor...

Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.

Reflexiones del joven tuareg Mussa Ag Assarid, en la universidad de Montpellier

EL AUTOR DE " LA VIRGEN DE LOS SICARIOS". VALLEJO DICE QUE EL TERROR AL INFIERNO, LA AMENAZA DEL PECADO MORTAL Y LA REPRESION SEXUAL ENSOMBRECIERON SU INFANCIA.

Fernando Vallejo abre una dura polémica contra la Iglesia.

En su nuevo libro, el escritor niega la existencia de Jesús y ataca a la institución. 

Patricia Kolesnicov 
clarin.com

No se lo conoce por moderado al colombiano Fernando Vallejo. No lo fue en su famoso La virgen de los sicarios; no lo fue hace unos días, cuando anunció que renunciaba a su nacionalidad porque "desde niño sabía que Colombia era un país asesino, el más asesino de la tierra." Nunca ha sido moderado ni políticamente correcto y no lo es ahora, cuando vino a Buenos Aires a presentar su último libro, La puta de Babilonia, una investigación sobre la Iglesia y el cristianismo, en la que niega la existencia del Jesús histórico y acusa a la Iglesia de una larga lista de crímenes.

"La iglesia es una institución torturadora y defensora de la muerte", dice. "Criminal, manchada de sangre humana y de animales". ¿Alguien quiere discutírselo? Eso es lo que busca: "Aquí, me gustaría que el cardenal Bergoglio sostuviera una polémica pública conmigo. Lo estoy invitando a que responda al memorial de agravios de mi libro. Y me gustaría sostener el debate en los seminarios católicos. Porque mi libro ante todo está dirigido a los seminaristas, a quienes les están lavando el cerebro".

—¿Les dirá que Jesús no existió?

—El asunto es de cuál Jesús estamos hablando. En los veintisiete libros del Nuevo Testamento hay tres. Uno es el de los sinópticos: Marcos, Mateo y Lucas, un Jesús que come como un descosido y bebe como un polaco. El de Pablo casi no tiene carne ni huesos: es una entelequia filosófica. Y Pablo del Jesús histórico no sabe nada: ni que nació en Belén, ni que lo llevaron a Egipto, ni de la matanza de los inocentes. ¡Y era contemporáneo y coterráneo! El de Juan es el Logos: en el principio era el verbo... eso. Y es un ególatra, que dice "yo soy la verdad, yo soy el camino, yo, yo, yo".

—¿Usted cree que fue inventado?

—Antes del año 100 no hay cristos ni cristianismo. Jesús es un mito histórico. Es decir, un mito apuntalado en la historia, con tres o cuatro datos tomados de la historia judía de Flavio Josefo. Se armó hacia el año 160, cuando había muchas sectas cristianas. 

—¿Para qué lo habrían armado?

—Podemos encontrar distintas razones. Lo que estamos padeciendo ahora es una empresa criminal que toma como bandera un personaje que nunca existió. 

—¿Qué busca con este libro?

—Quiero abrirle un boquete a la Iglesia para que se hunda.

—¿Cómo?

—Mi libro está dirigido a quienes quieren pensar sobre qué es esto que llamamos cristianismo, qué es esto que llamamos Cristo. Ahora empiezo una campaña paque se proscriba a la Iglesia. Si el nazismo, que sólo atropelló a la humanidad durante trece años, está proscripto en Alemania y su apoogía es un delito, por qué vamos a estar sosteniendo al cristianismo, una empresa bimilenaria manchada de sangre.

—Me parece que tiene mayoría...

—La mayoría la hacemos de a poco. El autócrata de Roma viaja en jet privado. ¿Por qué? ¿Acaso la institución que representa hizo algo por el progreso de la ciencia y la tecnología? Si tenemos jets, es a contracorriente de ellos.

—Sigue teniendo mayoría.

—Si alguien es un engañatontos es el actual Papa... y el anterior. Saben que no hay ningún Reino de los Cielos, que nos van a comer los gusanos. Y viven como potentados.

—¿Hay un puñado de engañatontos y millones de tontos?

—Exactamente. La humanidad no piensa, está ocupada en ganarse el pan para que funcione la maquinaria reproductiva.

—¿El libro es militante?

—Es terrorismo moral. La causa de mi vida es la defensa de los animales. El cristianismo no los ha visto, ni el Islam, ni el judaísmo. No puede haber religión si no empezamos por ahí.

—¿A qué llama religión?

—No a las semíticas, que son fanatismos. Religión es la mía, que tiene dos mandamientos. Uno: No te reproduzcas porque no tienes derecho a imponer la existencia. Dos: Respeta a los animales.

—Usted dice en el libro que es el turno del Islam...

—Si la Iglesia no nos vuelve a las oscuridades medievales, nos vuelve el Islam, que no ha salido de ellas y no quiere salir. El porvenir es siniestro.

—En el texto, usted anuncia que se va a cobrar sus deudas con la Iglesia. ¿Cuáles son?

—Las cuentas personales las puedo perdonar. Que me hayan ensombrecido la infancia con el terror del infierno, con la represión sexual y con la amenaza del pecado mortal. Pero los atropellos a los animales y su complicidad frente a la crueldad con ellos; la actitud misógina, esclavista y antijudía, no. El derramamiento de sangre no lo puedo perdonar. 

Así escribe:

Cristo es un engendro fraguado en Roma, centro del imperio y del mundo helenizado, a partir del año 100, juntando rasgos de los mitos de Atis de Frigia, Dioniso de Grecia, Buda de Nepal, Krishna de la India , Osiris y su hijo Horus de Egipto, Zoroastro y MItras de Persia y toda una serie de dioses y redentores del género humano que lo precedieron en siglos y aún en milenios (...) Cristo nació el 25 de diciembre de una Virgen y en la misma fecha, que es el solsticio de invierno, nacieron Atis, de la Virgen Nana ; Buda, de la Virgen Maya ; Krishna, de la Virgen Devaki ; Horus, de la Virgen Isis , en un pesebre y en una cueva. también Mitras nació el 25 de diciembre de una virgen, en una cueva, y lo visitaron pastores que le trajeron regalos. Y de una virgen también nació Zoroastro o Zaratustra.

Atis murió por la salvación de la humanidad crucificado en un árbol, descendió al submundo y resucitó después de tres días. Mitras tuvo doce discípulos, pronunció un Sermón de la Montaña , fue llamado el Buen Pastor, lo consideraron la Verdad y la Luz , el Logos, el Redentor, el Salvador y el Mesías; se sacrificó por la paz del mundo, fue enterrado y resucitó a los tres días; su día sagrado era el domingo (...)

Fragmento de "La puta de Babilonia.

Medellín básico

Es una de las voces más destacadas de la narrativa colombiana y también dirigió cine, tras estudiar en Italia. En 1994 dio a conocer "La virgen de los sicarios", una penetrante novela sobre la violencia del narcotráfico en Medellín, que fue llevada al cine. En 2003 recibió el Premio Rómulo Gallegos por "El desbarrancadero" —uno de sus mejores libros— y donó los 100.000 dólares del premio a una fundación que atiende gatos y perros callejeros en Caracas. A principios de este mes, renunció a su nacionalidad y adoptó la de México, país donde vive desde 1971. También es autor de "La rambla paralela"

Cada día es más complicado saborear los campos y los valles, reencontrarse con fuentes cristalinas y con senderos nacientes al inmaculado velo de la mañana, tomar las luces del atardecer sentado en el dintel del aire o beber el silencio de las estrellas en la barra de la vida.

Hemos convertido el planetario en una plaza de mal gusto donde todo se compra y se vende.

En cualquier esquina del mundo se hace negocio sin delicadeza alguna. La persona honrada siempre se lleva la peor parte.

Lo que hoy triunfa es la politizada pillería, la estafa permanente, la indecencia de los murmullos, la adulación como negocio, el pensamiento corrupto, el golpe bajo y a traición, la ordinariez de los endiosados prepotentes alistados al mercado de la globalización.

Habría que abanderar las inversiones éticas. Es urgente que los valores éticos se enraícen en la sociedad. El negocio puede ser el negocio pero con moral.

La retahíla de inmoralidades también nos impide ver el bosque de la belleza. Hablo de la inmoralidad de una alarmante esclavitud como es el tráfico sexual, del macabro lucro del aborto, del caprichoso estipendio de los niños a la carta.

La ONU acaba de advertir sobre el negocio de órganos: entre el 3% y 5% de los riñones que se trasplantan en el mundo proviene del chantaje comercial.

El corrosivo avance de la pornografía a través de internet nos manda al reino animal más animal, con la consecuente deshumanización de las relaciones interpersonales.

La extensión de los sobornos en el planetario, lejos de mermar, sigue capitalizando dividendos. La irresponsabilidad también se ha vestido de poder.

Escasea la autoridad responsable, es decir, la autoridad refrendada con aquellas virtudes que permitan asentar gobiernos de buen gobierno, o sea, de servicio al bien común. El imperio de la decadencia de las dignidades nos domina a su antojo. Quizás nos consideren, las gentes de mando en plaza, un negocio más injertándonos terapias absurdas en vena, cuando uno lo que necesita es calor humano, humanidad liberada y libertadora, y raciones de comprensivo amor para alimentar el espíritu.

Conviene recordar lo que el pueblo ya sabe: el amor con amor se paga. ¡Qué mejor negocio! Cambiemos, pues, de divisas.

Víctor Corcoba Herrero

Escritor