
El 90% de los 2.192 lectores que contestaron la pregunta que formuláramos en la web sobre si estaban conformes con la gestión de la Secretaría de Transporte del Area Metropolitana (Setama) respondió con un rotundo “no”.
La cantidad de respuestas es relativamente baja; sin embargo, concuerda con realidades como las del altísimo número de automóviles y motocicletas que circulan por las calles metropolitanas, lo cual demuestra que quienes pueden dejar de usar los desvencijados vehículos del transporte público de pasajeros, lo hacen.
Es visible que el sistema de transporte público no supo mejorar conforme al crecimiento de Asunción y a la conformación del área metropolitana capitalina.
Atrás, muy atrás, han quedado los tiempos en que los tranvías bastaban para un buen servicio de transporte de pasajeros en Asunción, y llegaban aun hasta Fernando de la Mora y San Lorenzo, en tanto que entre Luque y Asunción estaba el ferrocarril. Cuando la ANDE se constituyó sobre la base de la antigua CALT, de la que recibió la pequeña usina de Puerto Sajonia y los tranvías, estos últimos pronto terminaron su vida útil y fueron reemplazados por unos excelentes ómnibus “Merceditas”. Perduraron, asimismo, por un tiempo los camiones privados “mixtos”, de pasajeros y carga.
Pero al envejecer los ómnibus, la ANDE abandonó el servicio de transporte de pasajeros que, obviamente, no era lo suyo, y entonces surgieron con apoyo en la politiquería de Stroessner las líneas privadas de ómnibus de pasajeros, las que nunca se esmeraron en el servicio, sino solo en ganar dinero. Actualmente, tal servicio empeora a cada día.
Es evidente que Asunción y su área metropolitana no cuentan con un servicio público de transporte de pasajeros que siquiera se asemeje a los de cualquier otra área metropolitana similar a la nuestra o aun mucho mayor que ella, como la de Buenos Aires, Santiago de Chile y otras más de la región. En ninguna de estas otras se ven, como ocurre aquí, buses chatarras desvencijados que se quedan descompuestos en cualquier lugar de su recorrido, viajan repletos de pasajeros parados y ocasionan frecuentes accidentes de tránsito, a menudo debido a que sus choferes conducen por largas horas en el difícil tránsito local, de por sí indisciplinado y prácticamente sin mayor regulación municipal.
La Municipalidad de Asunción no cuenta con una Policía Municipal de tránsito confiable por su diligencia y honestidad. Los semáforos se siguen instalando bajo el criterio de los cruces “peligrosos”, y no del de que estén ubicados a lo largo de avenidas y calles y funcionen coordinadamente, a fin de lograr la fluidez del tránsito automotor.
En el presente, importante cantidad de automotores no cuentan con chapa identificatoria, el Registro Público de Automotores funciona muy lentamente, algunas municipalidades otorgan registros de conductor sin que el solicitante demuestre que lo merece. Cantidad de accidentes se deben a conductores en estado etílico.
A todo ello se suma la pésima construcción de las avenidas y calles y su no menos pésimo mantenimiento. La irresponsable promesa del actual intendente asunceno de reparar los miles de baches “en 48 horas” no se ha traducido en realidades. ESSAP, por su parte, no muestra interés en proceder al mantenimiento de sus cañerías de agua; solo actúa cuando ya se produjo una ruptura y, a menudo, tiempo después de ocurrida esta.
Cuando se ven situaciones como la del caos en que se desenvuelve el tránsito automotor en Asunción y en grandes sectores de su área metropolitana se puede llegar incluso a dudar de si la elección popular de los intendentes municipales –un paso al frente de la democracia, sin duda– logró mejores intendentes que el mecanismo anterior de su designación por el Presidente de la República. Bajo aquel régimen, si un intendente no funcionaba bien, quien sufría el costo político consecuente era el Presidente de la República. Hasta Stroessner entendía esto, y por lo menos una vez pronto removió a un intendente asunceno haragán que no le satisfizo: nombró al menos dos buenos y a algunos mediocres, pero no toleró al que le podía perjudicar.
La Setama, como lo indicó el 90% de nuestros lectores que respondieron a la pregunta que les hizo este diario, funciona pésimamente, si a su acción se le puede calificar de funcionar.
A ello se le agrega que tampoco los gobiernos municipales atienden siquiera medianamente bien los problemas del tránsito automotor a su cargo. El resultado final, como ya se dijo, es que esta gran zona habitada por dos millones de personas tiene el que posiblemente sea el peor sistema de transporte público urbano de pasajeros de todas sus pares de la región; un estado de cosas que el pueblo no se merece y debe ser corregido lo antes posible.
http://www.abc.com.py/nota/debe-modificarse-el-calamitoso-estado-del-sistema-de-transporte-publico/