• Rafael Luís Franco 

El historiador uruguayo Alberto Umpiérrez escribió un artículo titulado”Artigas y Yegros, orìgenes del pacto federal en la región platense”, publicado en la revista “El Gran Americano”, Nro. 8, que edita el Instituto de Investigaciones Històricas Juan Manuel de Rosas, de San Martín. Amén de ser sumamente interesante y amena la nota en sí, su contenido aporta algunos datos poco conocidos. Y aquel trabajo dio pie a éste, que lejos de rebatir o criticar la nota antedicha, sólo pretende aportar algo más al conocimiento de nuestra historia, que mucho tienen en común los pueblos del Plata.         

Y es así, como cuenta el historiador, don Fulgencio Yegros fue uno de los héroes de los más de mil soldados que envió la entonces gobernación de Paraguay al mando de Manuel Atanasio Cavañas para defender al virreinato de los ingleses, que éstos después de Trafalgar se sintieron amos y señores de los mares; también Yegros y varios miembros de su familia fueron protagonistas de la gesta de la independencia del Paraguay.

 

Pero los principales líderes de aquellas jornadas de Mayo de 1811 (14 y 15) fueron dos: José Gaspar Francia y don Valeriano Zeballos; ambos eran los vecinos de Asunción de mayor prestigio entre la población y son los que se presentan ante el gobernador Velazco para solicitarle su renuncia (para todo esto Yegros estaba ausente, en la zona de Itapúa, que al enterarse rápidamente viaja a Asunción para llegar pocos días después); este primer gobierno es compartido entre ambos más el gobernador, quien sería destituido definitivamente poco tiempo después. Cabe acotar que el doctor Francia ya venía integrando el gobierno asunceño en distintos puestos, desde 1807 aproximadamente (en 1809 ganó un concurso para representar al virreinato en la corte española, con altas recomendaciones de parte del gobierno paraguayo por su inteligencia, carácter afable y locuacidad –austero y con un alto sentido de la justicia agrego yo–, pero los acontecimientos posteriores trastocaron esta iniciativa española de que haya representantes criollos de los distintos virreinatos en la madre patria); y como decía antes del paréntesis, Francia se va transformando en factótum de la independencia a partir de 1810.

 

No es mi interés quitarle méritos a don Yegros, pero su participación fue muy limitada, hasta 1813, que se retira de la política; y siempre mantuvo su prestigio de hombre honrado y militar de coraje, pero sin la relevancia intelectual necesaria para conducir un gobierno, máxime en momentos en que nacía la Patria; los “historiadores oficiales” le dan mucho más protagonismo, junto a otros patriotas, del que en realidad tuvo, lo hacen simplemente para tapar al verdadero héroe y cerebro de aquella gesta, que fue el doctor Francia, al que también le inventaron para la posteridad infinidad de cargos.

 

Es cierto el aislamiento que tuvo el Paraguay durante el gobierno del doctor José Gaspar Francia. Pero este aislamiento, ¿fue producto de la decisión unilateral de un dictador? ¿o fue la necesidad de consolidar la independencia de la república que recién nacía y se veía amenazada por las luchas intestinas por el poder, que provenían principalmente de Buenos Aires, que siempre tuvo un interés hegemónico en la región? También estaba el interés del imperio del Brasil en continuar expandiendo su territorio. Si bien Buenos Aires, en 1810, había logrado un gobierno criollo no era totalmente independiente del poder español, ya que en la Primera Junta estaban representados estos intereses por los secretarios Mariano Moreno (abogado y asesor del último Virrey) y Juan José Paso, recién se independiza oficialmente en 1816; el Paraguay vio más claro, se puede decir, su futuro y se adelantó en el Río de la Plata a la mayoría de sus vecinos ya que después de la revolución de 1811 hizo efectiva esta independencia proclamándola oficialmente en la asamblea de 1813. Transcribo un párrafo de un político y funcionario francés, César Famin, contemporáneo del Dr. Francia, que en su trabajo “Chile, Paraguay, Uruguay, Buenos Aires” se refiere al Paraguay como “una realidad imposible de desconocer en medio de la triste actualidad sudamericana”: “No hay persona que no trabaje. Francia abolió la mendicidad, impulsó nuevas producciones y estableció caminos más rápidos, seguros y económicos. Aumentó las escuelas y los habitantes del Paraguay, indios y criollos, saben todos leer, escribir y contar (…) Amigo de su país… sacrifica el presente por asegurar el porvenir”. Otro escrito, en “La Gaceta Mercantil”, del 22-7-1846: “El doctor Francia en la época que designa Mister Robertson era la persona más respetable del Paraguay por sus virtudes cívicas, por su talento y vasta instrucción (…) Enseñó en sus documentos públicos, y en sus conversaciones que familiarmente mantenía con todas las clases del pueblo –y que mantuvo hasta que dejó de existir– que era necesario levantar una barrera entre la América y la ambición europea. El dictador Francia inspiró al paraguayo el más íntimo amor a la patria, la abnegación más completa en su servicio, el respeto más profundo a los intereses y propiedades del Estado. Y él mismo dio ejemplo de estas virtudes”.

 

El doctor José Gaspar Francia (así gustaba firmar él) es una figura poco conocida y mal tratada históricamente, ya que se han desvirtuado en forma novelesca su accionar como gobernante y su carácter, que dista mucho de ser el ogro autoritario, amargado y asesino, que de acuerdo de donde soplaba el viento variaba y hacía fusilar o perdonar, que nos pintó Roa Bastos en su obra Yo el Supremo; algo similar hicieron los “historiadores oficiales” con Rosas, Artigas, Solano López e infinidad de caudillos: crearon monstruos para las generaciones futuras. Con esta tergiversación de la historia, desbaratada por los revisionistas (vaya mi homenaje a todos ellos en la figura de don Adolfo Saldías), consiguieron una profunda división de la sociedad y luchas fratricidas a partir de la independencia; y el gran logro fue que el liberalismo mesiánico, con sus desvaríos y la mentira oficial, se hizo amo y señor de la nueva América.

 

Pero hay algo que en la nota del historiador uruguayo me parece falta, y los orientales en general poco recuerdan o conocen, y es el asilo humanitario que otorga el doctor Francia a José Gervasio Artigas y sus gauchos en 1820. Gracias a este asilo Artigas salva su cabeza y la de sus seguidores de la persecución de Ramírez (que contempló invadir el Paraguay). Este asilo fue concedido a pesar de que el oriental estuvo mezclado en intrigas contra su gobierno, hechos que constan en los “Autos de la conjuración”, de 1820, sucesos que se remontan a 1815.

 

Nos relata don Carlos Antonio López, en 1850: “Pidió asilo [Artigas] al gobierno diciendo que si no le concedía iría a meterse en los montes. Su esperanza fue bien correspondida, él vino destituido de todo medio y auxilio, y el Gobierno le hizo dar una asistencia regular durante su residencia en el suprimido convento de Mercedes, y después lo hizo llevar a vivir en la villa de San Isidro”. También leamos un breve párrafo que escribió José María Artigas, el hijo que acompañó a su padre durante tres meses en el exilio: “Mientras permaneció en el convento de la Merced, Francia le pasaba diariamente para la mesa. Y de mañana y tarde, todos los días, le visitaban el Prior y un ayudante del Dictador con el objeto de saber su estado y de si necesitaba algo”. Y el 27-12-1820 el mismo José Gervasio Artigas escribió lo siguiente al Dictador: “(…) En esta virtud, y como conozco ya debidamente que la generosidad suprema de VE se halla empeñada en multiplicar los obsequios a mi persona y favorecer a un individuo desnudo del todo de méritos para con VE, no queda por cierto un lugar a mi disimulo para omitir una demostración como la presente, que refiera a VE mis finos agradecimientos y avive la ansia de mis deseos con que cada momento anhelo a conocer y tratar a aquel bienhechor, en cuya suprema nobleza de bondad puedo sin otra cosa sólo contemplarme digno de alguna conmiseración”.

 

En el Paraguay, don José Gervasio, vivió tranquilamente hasta el fin de sus días, un 23 de setiembre de 1850, a los 86 años; los que no vivieron tranquilamente fueron algunos de sus soldados que cometieron hechos vandálicos y fueron fusilados.

 

Sobre el fusilamiento de Yegros, en 1821, nada mejor que leer la opinión de don Carlos Antonio López, que siempre defendió la gestión y honorabilidad del Dr. Francia: “Si ejecutó algunos traidores y confiscó algunos bienes, eran vigentes en la República las leyes españolas que imponían estas penas al crimen de traición. (…) Lo que sabemos de público y notorio es que el rigor de Francia fue motivado por repetidas conjuraciones insufladas del exterior contra su Gobierno y contra su vida. En un tal conflicto el derecho de la defensa natural de la Patria y de su vida le habilitaba a emplear los últimos medios” (El Semanario, Nº 46, 13-5-1854).

 

Y hay mucho más para contar, y reivindicar, sobre el doctor José Gaspar Francia, ejemplo de virtudes cívicas para los que buscan una Patria mejor; a la vez que es otro gran americano que la barbarie ilustrada quiere tapar, olvidar y destruir. Por último creo que el doctor Francia merece por lo menos que le pongan el nombre de alguna callecita, al menos en el Uruguay, ya que al darle asilo al “Protector de los Pueblos Libres”, se convirtió automáticamente en “Protector del Protector de…” (si ya existe, disculpen).

 

Fuente de transcripciones: “El doctor Francia visto y oído por sus contemporáneos”, de José Antonio Vázquez, Eudeba, 1975.

 

Buenos Aires, 13 de mayo de 2009 

Colaborador de las revistas de la colectividad paraguaya Ñe'engatu y Paraguay Ñaneretä.

Residente en Buenos Aires Argentina.

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