• Enrique V. Caceres Rojas

 “Caminante son tus huellas, el camino nada más, caminante no hay camino se hace camino al andar” (Antonio Machado)           

Todos buscamos, o hemos buscado alguna vez, el cambio en nuestra vida. Pensamos que el cambio nos llevaría a una transformación personal.

El hombre buscó siempre salir de las tinieblas, del miedo, de la confusión, de las preocupaciones y de su guerra interior para atravesar la puerta y llegar al conocimiento, la sabiduría, la seguridad, la verdad, la paz, la libertad, la justicia y la felicidad.

Y es la educación integral, mas no sólo la formal, el camino que nos conduce al conocimiento mediante el estudio, la práctica y la vida en convivencia con la familia y la sociedad.

Pero hay que dar el primer paso que cuesta porque implica aprender a disentir, y a asumir la existencia de modelos de vida y de costumbres diferentes.

 

Construir el consenso por el camino del disenso es la ruta principal en la difícil avenida de la vida, luego de un largo período de contiendas, dictaduras e intolerancias.

 

Paraguay comenzó a dar los primeros pasos el 20 de abril de 2008 con un nuevo gobierno instalado el 15 de agosto de ese año.

 

 

O sea, han transcurrido nada más que 281 de los 21.900 días que duró el gobierno colorado.

 

Dicho con otras palabras, la criatura nacida el 20 de abril de 2008, que fue parida por la gesta cívico-militar del 2 y 3 de febrero de 1989, aún no ha cumplido su primer año por causa de una larga espera en las entrañas de la señorita democracia.

 

Es comprensible que estemos muy ansiosos por el cambio y que queramos ver resultados de ese cambio en menos de lo que canta un gallo.

 

Sin embargo, no es menos cierto que quienes hoy se rasgan las vestiduras denunciando inacción del gobierno aliancista ante los sucesivos hechos que provocan inseguridades, sociales, políticas y jurídicas, son los mismos atorrantes, badulaques y caraduras que mantuvieron el sistema durante más de seis décadas.

 

Retrógrados que no asumieron durante los últimos 20 años, la responsabilidad política de iluminar a la incipiente democracia la vía hacía la madurez.

 

Un pasaje de la historia nos dice que 2.800 años atrás, Hesíodo, ciudadano griego, escribió el primer libro de auto ayuda que consistió en el poema “El trabajo y los días”, en el que el autor reprocha a su hermano Perses por su ociosidad y los sobornos a los jueces para conseguir la herencia de su padre.

 

Esta obra, tan antigua como actual, contiene consejos y sabiduría, prescribiendo una vida de honesto trabajo, atacando la ociosidad, la práctica de la usura y a los jueces injustos como los que decidieron a favor de Perses.

 

En fin, que el poema considera al trabajo como origen de todo el bien, pues tanto hombres como dioses odian a los holgazanes que parecen zánganos en una colmena.

 

Esto nos enseña que existen bienes y males que se repiten a lo largo de la historia y, por tanto, con críticas simplemente no habrá cambio, porque el poder no obra milagros.

 

Entonces, a ponerse el país al hombro que la misión recién comienza.

 

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