• Guido Rodríguez Alcalá

Un señor tenía internet con una de las empresas dedicadas al asunto en este país. A causa del mal servicio, el señor decidió terminar su relación con la empresa.

"Usted no puede irse antes de cumplir un año con nosotros", le dijeron en la empresa. Así que el señor esperó, porque le faltaba poco para el año y, al cumplir trece meses, volvió a la empresa para liquidar el trato.

"Usted no puede irse porque, al cumplirse el año, le mandamos una notificación y usted no contestó. Así que debe quedarse un año más con nosotros", le dijeron en la empresa.

Entonces el señor, que era abogado y bueno, armó un escándalo y tuvieron que dejarlo irse.

Este es uno de los tantos casos de abuso de los clientes por parte de las empresas de internet. Entrar es muy fácil, puede hacerse por teléfono. Salir es muy difícil: hay que ir personalmente, una y otra vez, hasta que la empresa, como un gran favor, permite que el cliente deje de hacerse estafar.

 

Por eso la gente, en masa, se va al servicio de internet de Copaco, que ofrece un mejor servicio. A causa de la competencia de Copaco, las empresas privadas comienzan a hacer ofertas más razonables.

 

Si seguimos así, mejorará nuestro internet, todavía lento como una carreta. El caso de internet prueba la verdad de una máxima: tanto Estado como sea necesario; tanto mercado como sea posible.

 

Es la máxima con que se levantó Alemania después de haber sido pulverizada en la Segunda Guerra Mundial. Alemania respetó la libertad económica, pero no hasta el punto de tolerar los monopolios ni los abusos de empresas privadas.

 

Al sistema alemán se le llamó economía social de mercado, un sistema que quedó desplazado cuando llegó el neoliberalismo. Para el neoliberalismo, el Estado debe intervenir para proteger a las grandes empresas, como de hecho ha intervenido.

 

Después de liquidarse programas sociales (salud, educación), los gobiernos neoliberales de Europa y Estados Unidos entregaron miles de millones de dólares a las empresas financieras que provocaron la crisis de 2008.

 

Evidentemente, el sistema no funciona. Para dar un solo ejemplo de que no funciona, citamos el ejemplo de internet en el Paraguay.

 

Por lo visto, no todos los males se deben al Estado, ni tampoco se deben al sector privado todos los beneficios. Cuando el sector privado flojea, el Estado debe intervenir.

 

Para terminar, podemos citar otro caso en que la intervención estatal puede ser positiva.

 

El combustible se encarece porque ciertas empresas que lo transportan por el río se ponen de acuerdo y fijan los precios que les da la gana.

 

Si el Estado se hace de una flota propia, romperá el monopolio de esas empresas y tendremos combustible a mejor precio.

 

 

Comentarios  Ir a formulario



No hay comentarios

Añadir un comentario



No será mostrado.