• Por Nilza Ferreira

El gabinete del presidente Fernando Lugo está integrado por personas con estilos muy peculiares. Algunos hablan con la prensa hasta por los codos, son cuidadosos en el manejo de los números y tratan de refrendar la veracidad de sus declaraciones exhibiendo inclusive estadísticas.

Sin embargo, existe el grupo de los herméticos que rehúyen a cualquier requerimiento de los periodistas. En esta posición se encuentra el ministro de Defensa, Luis Bareiro Spaini, quien sin sonrojarse en una carta había tildado de novata a la embajadora norteamericana y tras esconderse durante varios días dio su versión arguyendo que lo hizo a título personal, y no en su calidad de secretario de Estado.

 

Lo mismo ocurrió cuando sucedió aquel enfrentamiento entre militares y policías en una arremetida en el norte del país, en busca del autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP). El representante de Defensa Nacional estuvo escondido durante un largo tiempo y si de casualidad aparecía en algún acto público corría presuroso para no opinar sobre el polémico caso.

 

En este momento existen nuevamente dos temas controversiales que abordar con el ministro Bareiro Spani. Uno se refiere a la contratación de soldados para prestar el servicio militar en las Fuerzas Armadas, con la intención de paliar el déficit en esta materia. El proyecto fue presentado durante una reunión del Consejo de Ministros realizada hace dos semanas en la residencia presidencial Mburuvicha Róga.

 

En esa ocasión no se dio detalles de la cantidad de jóvenes que serían reclutados ni el salario que  ofrecerá el Estado para captar el interés de estas personas ni el tiempo que durará el contrato. Simplemente se habló de la necesidad de reforzar la escasa cantidad de efectivos con que cuenta las Fuerzas Armadas, sin ahondar en detalles.

 

El otro punto que también debería abordar el ministro Bareiro Spaini se relaciona con el proyecto de creación de la Secretaría de Inteligencia Nacional, que está definida como prioridad de este gobierno. El propio presidente Fernando Lugo hizo una mención del tema durante la presentación de su informe anual al Congreso Nacional, el 1 de julio último. No sabemos si se instituirá una especie de espionaje político o si formará parte de una estrategia de seguridad ciudadana ante el auge de la delincuencia.

 

“Trabajamos en la revisión de la Ley de Defensa Nacional y Seguridad Interna y la del Servicio Militar Obligatorio. Además, la creación de la Secretaría de Inteligencia Nacional está marcada como prioridad y, finalmente, la modernización y reestructuración del Ministerio de Defensa Nacional”, dijo el mandatario al hablar de los planes de su gobierno en materia de seguridad.

 

Hasta ahora el ministro de Defensa no salió a explicar cuál será la función de la Secretaría de Inteligencia, pese a los insistentes intentos de conversar con él.

 

En tanto que otros colaboradores del jefe de Estado al ser consultados se excusan de emitir comentarios  alegando que no les compete el tema. En estas circunstancias, el Ministerio de Defensa opera en medio del misterio, no rinde cuentas a la opinión pública y mucho menos a la ciudadanía que tiene el derecho de informarse sobre todo cuanto ocurre en el país.

 

Al parecer la mentalidad conservadora y verticalista de otros tiempos persiste en algunas instituciones del Estado.

 

 

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