• Ana María Rivas

Lo habíamos señalado en todos los tonos: Fernando Lugo pretende gobernar impidiendo la injerencia de los partidos políticos, porque éstos se divorciaron de la sociedad y se convirtieron en gigantescas cascaras electoralistas. Lo admitió el propio Lugo en conversación con los periodistas en Mburuvicharóga. Dijo, palabras mas, palabras menos, que los partidos políticos ya no responden a las necesidades de la gente y si bien sostuvo que no hay que terminar con ellos, dijo que hay que "refundarlos".

Hasta aquí, hasta se podría estar de acuerdo con el Presidente, en la crítica hacia la degradación de los partidos, debido principalmente a la voracidad de sus dirigentes por las cuotas de poder y principalmente, por alzarse con trozos de presupuesto público. Pero una democracia sin partidos políticos no puede considerarse una democracia plena. ¿Cómo hará el Presidente para llevar adelante sus políticas públicas "puenteando" a los partidos y sus adherentes? Esa es la respuesta que Lugo no acaba de dar. De a ratos, pareciera tener la voluntad de aplicar el sistema bolivariano de gobierno, a través de la participación prioritaria de las organizaciones populares. Sus gestos de la última semana fueron elocuentes: se negó a firmar el compromiso democrático impulsado por los partidos políticos y prefirió dar un rotundo espaldarazo a los referentes de la izquierda "revolucionaria" como Elvio Benitez y Luis Aguayo, con un encendido discurso en la localidad de Cecilio Baez.

Esto durará, seguramente, hasta que alguien aparezca y le sople a la oreja lo que implica-especialmente desde el punto de vista del Brasil- alinearse decididamente al "eje del mal". Entonces, muy probablemente, retomará sus guiños de costado hacia agroexportadores, empresarios y otros a quienes sottovoce califica como "burgueses con las fauces abiertas". Retomará el discurso de la boca del poncho y saldrá en las fotografías al lado de Federico Franco y hasta, por ahí, de Héctor Cristaldo... Y de paso, sorteará momentáneamente la posibilidad de que "la burguesía maquillada" logre los temidos 53 votos necesarios para aprobar un eventual juicio político.

 

La pregunta es, entonces, ¿cuál será el avance real en los próximos cuatro años? Cómo lograr consensos, acuerdos, progreso, jugando al doble discurso, el ocultamiento y el oportunismo? Todas las partes están en esto y una vez mas, la crispación y el conflicto parecen ser lo único que hay en el horizonte político paraguayo. Soplan vientos de guerra, que ojalá no terminen por llevarse todas nuestras esperanzas.

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