COMPARACIONES

Publicado: 29/09/2010 06:34 por jotaefeb en PAÍS: lo que nos quebranta

  • Andrés Granje

Se recuerda en la fecha el día de la victoria, en conmemoración del triunfo de la batalla de Boquerón en la guerra del Chaco, el cerco al enemigo que comenzó el nueve de setiembre de 1932, duró exactamente 20 días, hasta que finalmente las tropas enemigas que se encontraban en el fortín, alzaron la blanca bandera en señal de rendición, ante la algarabía de los cercadores paraguayos, fue la primera batalla de la guerra del Chaco y la reconquista del sitio dio nuevos ánimos y energía a un ejercito que hasta ese momento dudaba de cuan eficiente pudiera ser en el campo de batalla, no nos olvidemos que la experiencia de guerra fue trágica, la de la Triple Alianza Culmino con la hecatombe de Cerro Cora.

Por eso la trascendencia de esta fecha y la recordación de aquel asedio, que no habrá sido el mas brillante de las tropas paraguayas, hubo otros combates modelos de estrategia y precisión, donde sobresale el genio de los jefes que lo planificaron,  confrontaciones en que se destacaron mas la bravura y el sacrificio del soldado guaraní y que aparecen en manuales sobre el arte de la guerra a nivel mundial, sin embargo Boquerón fue el primer grito de victoria. Valga esta recordación gloriosa a los militares que hicieron la guerra del 32 al 35 y que recuperó casi todo el Chaco Boreal ya ocupado por tropas bolivianas.

Por eso al evocar el pundonor y la valentía, no exenta de patriotismo supremo de aquellos guerreros, no podemos menos que dolernos de la realidad actual de las fuerzas armadas, en especial el resquebrajamiento moral de esta institución. Ayer nomas el presidente Fernando Lugo firmó un decreto en donde dio la baja deshonrosa al mayor de Infantería Víctor Manuel Berdoy Barrios, preso por robo de armas y municiones en la 3ª División de Infantería. Berdoy se encuentra en Viñas Cue desde el 27 de diciembre de 2007 y debe compurgar su pena hasta el 2015. 

 

Los guerreros de estas contiendas, a quienes hoy evocamos con admiración y respeto eran capaces de dar la vida por la patria, como lo hicieron en la guerra grande, algunos militares de la actualidad roban armas para venderlas, es igual que una enfermera, quien aprovecha el sueño de un paciente para sacarle su sangre para venderla luego. Las comparaciones son odiosas, pero necesarias, no podemos menos  que destacar la grandeza de aquellos hombres ilustres y reprobar a muchos de las nuevas camadas que son capaces de cometer contra la misma institución que los cobija estos robos inicuos que empobrece aun mas el ya escuálido arsenal de nuestras fuerzas armadas.

Si ayer el pueblo agradecido y el gobierno colgaban, por merecimientos, del pecho de nuestros valientes las medallas de honor y reconocimiento o ceñían en sus frentes  laureles de triunfo, esta bien que ahora se de la baja deshonrosa a aquellos que no respetaron el uniforme y la historia jalonada de gloria de nuestras fuerzas armadas, como el mayor Berdoy Barrios,  igualmente deben ser dado de baja con deshonra, todos los militares  corruptos,  que usan el verde olivo para delinquir y llenarse de oro, antes que servir a la institución y la nación.

 

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Anónimo

Rafael Luis Franco
Según datos oficiales del MEC en esa batalla cayeron 7000 soldados paraguayos y 150 bolivianos. Estos se rindieron por carecer ya de municiones y agua, unos 500 soldados, debido y gracias a que la aviación boliviana no acertaba con el abastecimiento. Boquerón sin duda es la primera victoria, que debe ser recordada pero sobre todo en memoria de aquellos combatientes muertos, víctimas directas de las certeras balas bolivianas e indirectas de la ineficacia de su comandante en jefe; porque si analizamos su estrategia fue un rotundo fracaso, las cifras hablan por sí solas. Y creo que no debe haber otra batalla en toda la guerra con tal cantidad de bajas de nuestra parte; ni siquiera en la de la Triple Alianza.

Fecha: 29/09/2010 12:42.


Anónimo

Cumplamos nuestro compromiso con Boquerón

Hace hoy exactamente 78 años, la hidalguía y el arrojo del valiente soldado paraguayo recuperaban para la Patria el fortín Boquerón. La emblemática victoria se consumó luego de casi tres semanas de combates y asaltos en los que se acosó constantemente a las sólidas defensas bolivianas del enclave. A la aterradora tensión sicológica propia de toda contienda, cebada en el desasosiego que produce una lucha encarnizada de la que nunca se sabe si se logrará salir con vida, hubo que sumar las limitaciones de un ambiente geográfico hostil sumamente inhóspito, caracterizado por la aguda escasez de agua.

No obstante, el convencimiento de la causa justa por la que se luchaba, unido a la reconocida audacia y estoicismo de nuestros combatientes, permitió que Paraguay se alzara con este importantísimo triunfo estratégico, que signó de manera definitiva el curso de los acontecimientos bélicos posteriores, hasta alcanzar la victoria definitiva en 1935. Pero el logro, como toda conquista militar, tuvo un elevado costo en vidas: cuatrocientos paraguayos ofrendaron su existencia en el campo de batalla, una cifra similar desapareció y ochocientos fueron heridos.

En Boquerón, los paraguayos dimos muestra acabada de hasta dónde estamos dispuestos a llegar en defensa de la soberanía y la integridad territoriales; dimos testimonio al mundo entero de nuestra desinteresada y sin límites entrega a la Patria cuando ella es sometida a vejamen o atropello. Boquerón es, así, el símbolo del espíritu de superación y victoria que anima a los ciudadanos de este sagrado suelo, regado con sangre de héroes intrépidos.

Gracias a la ofrenda de esos patriotas, nuestro país hizo prevalecer sus históricos derechos sobre una región de su territorio que le pertenecía desde siempre. Hacia estos gloriosos excombatientes de la Guerra del Chaco, hacia sus rostros, sus sufrimientos y sus luchas, deben dirigirse los ojos de todos aquellos que desconocen en la realidad la insondable profundidad de la palabra PAZ, puesto que –para su propia ventura– nunca tuvieron que soportar los embates de la guerra.

En este tiempo actual, aquí y ahora, cuando nuestro país se encamina por senderos de una relativa estabilidad democrática, aunque no exenta de amenazas y peligros, así como de un incipiente proceso de crecimiento económico que todos anhelamos se consolide en el futuro, otras son las batallas en las que debemos involucrarnos los paraguayos, otras las lides en las que es preciso combatir y triunfar.

Seguramente, la primera y la más decisiva de todas nuestras luchas presentes y futuras sea la que tiene que ver con la imperiosa necesidad de elevar los niveles de educación de nuestro pueblo. Solo con más educación se logrará que los paraguayos tengan más oportunidades de trabajo y de desarrollo integral de su personalidad. Es con más educación que forjaremos un ciudadano apto para elegir y no solamente para votar, y, en consecuencia, una clase dirigente preparada para ejercer el poder de manera responsable y honesta.

La segunda ofensiva tiene que ser contra la corrupción, ese cáncer que ha venido a inficionar al conjunto del tejido social; herencia maldita de una nefasta dictadura interminable y mediocre, que minó las bases morales sobre las que debe sustentarse una nación. Ese lacerante flagelo que ha enriquecido a muchos sinvergüenzas a expensas de las necesidades de una multitud de indefensos; que restó oportunidades a los paraguayos, los dejó sin rutas, sin puentes, sin viviendas, sin alimentos, sin salud ni educación.

Una guerra sin cuartel hay que declararles hoy al hambre, la miseria y todo tipo de exclusión. A la indiferencia y el oportunismo de los de abajo y de los de arriba, que trafican con la ignorancia de la gente y anteponen sus mezquinos intereses al bien común, politiqueros que, enfrascados en sus tramoyas personales y enredados en sus querellas de comité, se olvidan de dar cumplimiento a las aspiraciones legítimas de aquellos a los que dicen representar.

Los paraguayos debemos mostrarnos hoy dignos herederos de los valientes soldados que ofrendaron sus vidas en las trincheras de Boquerón. Tenemos una inmensa deuda de gratitud para con ellos: hacerles saber, a pesar del transcurso del tiempo y allí donde estén, que su sacrificio no ha sido en vano, lucharon por legarnos la Patria de la que hoy disfrutamos. Quienes más adelante nos sucedan también deberían ver en nosotros a una generación que se comprometió con su reputación, su engrandecimiento y su prosperidad.

Fecha: 29/09/2010 12:43.


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